Tuesday, June 2, 2026

DAB Español, Miércoles 03 de Junio

Día 154, DAB Español, Miércoles 03 de Junio


2 Samuel 20:14-22:20; Hechos 1:1-26; Salmos 121; Proverbios 16:18 (Nueva Versión Internacional (NVI))










2 Samuel 20:14-22:20

Nueva Versión Internacional

14 Sabá recorrió todas las tribus de Israel hasta llegar a Abel Betmacá, y allí todos los del clan de Bicrí[a] se le unieron. 15 Las tropas de Joab llegaron a la ciudad de Abel Betmacá y la sitiaron. Construyeron una rampa contra la fortificación para atacar la ciudad y, cuando los soldados comenzaban a derribar la muralla, 16 una astuta mujer de la ciudad gritó:


—¡Escúchenme! ¡Escúchenme! Díganle a Joab que venga acá para que yo pueda hablar con él.


17 Joab se le acercó.


—¿Es usted Joab? —preguntó la mujer.


—Así es.


Entonces la mujer dijo:


—Ponga atención a las palabras de su sierva.


—Te escucho —respondió Joab.


18 Ella continuó:


—Antiguamente, cuando había alguna discusión, la gente resolvía el asunto con este dicho: “Vayan y pregunten en Abel”. 19 Nuestra ciudad es la más pacífica y fiel del país, y muy importante en Israel; usted, sin embargo, intenta arrasarla. ¿Por qué quiere destruir la heredad del Señor?


20 —¡Que Dios me libre! —respondió Joab—. ¡Que Dios me libre de arrasarla y destruirla! 21 Yo no he venido a eso, sino a capturar a un hombre llamado Sabá, hijo de Bicrí. Es de la región montañosa de Efraín y se ha sublevado contra el rey David. Si me entregan a ese hombre, me retiro de la ciudad.


—Muy bien —respondió la mujer—. Desde la muralla arrojaremos su cabeza.


22 Y fue tal la sabiduría con que la mujer habló con todo el pueblo, que le cortaron la cabeza a Sabá, hijo de Bicrí, y se la arrojaron a Joab. Entonces Joab hizo tocar la trompeta y todos los soldados se retiraron de la ciudad y regresaron a sus casas. Joab, por su parte, volvió a Jerusalén para ver al rey.


Oficiales de David

23 Joab era general de todo el ejército de Israel;


Benaías, hijo de Joyadá, estaba al mando de los quereteos y los peleteos;


24 Adonirán supervisaba el trabajo forzado;


Josafat, hijo de Ajilud, era el secretario;


25 Seva era el cronista;


Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes;


26 Ira el yairita era sacerdote personal de David.


Los gabaonitas se vengan

21 Durante el reinado de David hubo tres años consecutivos de hambre. David pidió ayuda al Señor, y él le contestó: «Esto sucede porque Saúl y su sanguinaria familia asesinaron a los gabaonitas».


2 Los gabaonitas no pertenecían a la nación de Israel, sino que eran un remanente de los amorreos. Los israelitas habían hecho un pacto con ellos, pero tanto era el celo de Saúl por Israel y Judá que trató de exterminarlos. Entonces David convocó a los gabaonitas 3 y preguntó:


—¿Qué quieren que haga por ustedes? ¿Cómo puedo reparar el mal que se les ha hecho, de modo que bendigan al pueblo que es herencia del Señor?


4 Los gabaonitas respondieron:


—No nos interesan la plata y el oro de Saúl y su familia, tampoco queremos que muera alguien en Israel.


—Entonces, ¿qué desean que haga por ustedes? —volvió a preguntar el rey.


5 —Saúl quiso destruirnos —contestaron ellos—; se propuso exterminarnos y nos expulsó de todo el territorio israelita. 6 Por eso pedimos que se nos entreguen siete hombres de los descendientes de Saúl, a quien el Señor escogió, para colgarlos en presencia del Señor en Guibeá de Saúl.


—Se los entregaré —prometió el rey.


7 Sin embargo, por el juramento que David y Jonatán se habían hecho en presencia del Señor, el rey tuvo compasión de Mefiboset, que era hijo de Jonatán y nieto de Saúl. 8 Pero mandó apresar a Armoní y a Mefiboset, los dos hijos que Rizpa, hija de Ayá, había tenido con Saúl, y a los cinco hijos que Merab,[b] hija de Saúl, había tenido con Adriel, hijo de Barzilay, el mejolatita. 9 David se los entregó a los gabaonitas y ellos los colgaron en un monte, en presencia del Señor. Los siete murieron juntos, ajusticiados en los primeros días de la siega, cuando se comenzaba a recoger la cebada.


10 Rizpa, hija de Ayá, tomó un saco y lo tendió para acostarse sobre la peña, y allí se quedó desde el comienzo de la siega hasta que llegaron las lluvias. No permitía que las aves en el día ni las fieras en la noche tocaran los cadáveres. 11 Cuando contaron a David lo que había hecho Rizpa hija de Ayá y concubina de Saúl, 12 fue a recoger los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán, que estaban en Jabés de Galaad. Los filisteos los habían colgado en la plaza de Betseán el día en que derrotaron a Saúl en Guilboa, pero los habitantes de la ciudad los habían tomado secretamente de allí. 13 Así que David hizo que los trasladaran y que recogieran también los huesos de los siete hombres que habían sido colgados.


14 Así fue como los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán fueron enterrados en la tumba de Quis, el padre de Saúl, que está en Zela de Benjamín. Todo se hizo en cumplimiento de las órdenes del rey, y después de eso Dios tuvo piedad del país.


Hazañas de los oficiales de David

15 Los filisteos reanudaron la guerra contra Israel y David salió con sus oficiales para hacerles frente. Pero David se quedó agotado, 16 así que intentó matar un refaíta llamado Isbibenob, que iba armado con una espada nueva y una lanza de bronce que pesaba más de trescientos siclos.[c] 17 Sin embargo, Abisay, hijo de Sarvia, fue en su ayuda e hirió al filisteo y lo mató. Allí los soldados de David hicieron este juramento: «Nunca más saldrá usted con nosotros a la batalla, no sea que alguien lo mate y se apague la lámpara de Israel».


18 Algún tiempo después hubo en Gob otra batalla con los filisteos. En esa ocasión Sibecay, el jusatita, mató a Saf, uno de los descendientes de Rafa.


19 En una tercera batalla, que también se libró en Gob, Eljanán, hijo de Jair,[d] oriundo de Belén, mató al hermano de Goliat,[e] el guitita, cuya lanza tenía un asta tan grande como el rodillo de un telar.


20 Hubo una batalla más en Gat. Allí había otro gigante, un hombre altísimo que tenía veinticuatro dedos, seis en cada mano y seis en cada pie. Él también era descendiente de Rafa. 21 Este se puso a desafiar a los israelitas, pero Jonatán, hijo de Simá, hermano de David, lo mató.


22 Esos cuatro gigantes, descendientes de Rafa, el guitita, cayeron a manos de David y de sus oficiales.


Salmo de David

22 David dedicó al Señor la letra de esta canción cuando el Señor lo libró de las manos de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. 2 Dijo así:


«El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador;

3     es mi Dios, la roca en que me refugio.

Es mi escudo, el poder que me salva,[f]

    ¡mi más alto escondite!

Él es mi protector y mi salvación.

    ¡Tú me salvaste de la violencia!


4 »Invoco al Señor, que es digno de alabanza,

    y quedo a salvo de mis enemigos.

5 Las olas de la muerte me envolvieron;

    los torrentes destructores me abrumaron.

6 Los lazos del sepulcro[g] me enredaron;

    las redes de la muerte me atraparon.


7 »En mi angustia invoqué al Señor;

    llamé a mi Dios

y él me escuchó desde su Templo;

    ¡mi clamor llegó a sus oídos!

8 La tierra tembló, se estremeció;

    se sacudieron los cimientos de los cielos;

    temblaron a causa de su enojo.

9 Por la nariz echaba humo,

    por la boca, fuego consumidor;

    ¡lanzaba carbones encendidos!

10 Rasgando el cielo, descendió,

    pisando sobre oscuros nubarrones.

11 Montando sobre un querubín, surcó los cielos

    y se remontó[h] sobre las alas del viento.

12 De las tinieblas y los oscuros nubarrones

    hizo tiendas que lo rodeaban.

13 De su radiante presencia

    brotaron carbones encendidos.

14 Desde el cielo se oyó el trueno del Señor;

    resonó la voz del Altísimo.

15 Lanzó flechas y dispersó a los enemigos;

    con relámpagos los desconcertó.

16 A causa de la reprensión del Señor

    y por el resoplido de su enojo,[i]

las cuencas del mar quedaron a la vista;

    al descubierto quedaron los cimientos de la tierra.


17 »Extendiendo su mano desde lo alto,

    tomó la mía y me sacó del mar profundo.

18 Me libró de mi enemigo poderoso,

    de aquellos que me odiaban y eran más fuertes que yo.

19 En el día de mi desgracia me salieron al encuentro,

    pero mi apoyo fue el Señor.

20 Me sacó a un amplio espacio;

    me libró porque se agradó de mí.


Footnotes

20:14 todos los del clan de Bicrí (véase LXX); todos los beritas (TM).

21:8 Merab (Targum, Siríaca y algunos mss. hebreos y griegos; véase 1S 18:19); Mical (TM).

21:16 Es decir, aprox. 3.5 kg.

21:19 Véase 1Cr 20:5; el texto hebreo dice Yaré Oreguín.

21:19 hermano de Goliat. Véase 1Cr 20:5; el texto hebreo no tiene la frase al hermano de.

22:3 el poder que me salva. Lit. el cuerno de mi salvación.

22:6 sepulcro. Lit. Seol.

22:11 se remontó (mss. hebreos; véanse Siríaca, Targum, Vulgata, Sal 18:10); apareció (TM).

22:16 por … su enojo. Lit. por el soplo del aliento de su nariz.

Hechos 1

Nueva Versión Internacional

Jesús llevado al cielo

1 Estimado Teófilo, en mi primer libro me referí a todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar 2 hasta el día en que fue llevado al cielo, luego de darles instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. 3 Después de padecer la muerte, se presentó dándoles muchas pruebas convincentes de que estaba vivo. Durante cuarenta días se les apareció y les habló acerca del reino de Dios. 4 Una vez, mientras comía con ellos, ordenó:


—No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado: 5 Juan bautizó con[a] agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.


6 Entonces los que estaban reunidos con él preguntaron:


—Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino a Israel?


7 —No les toca a ustedes conocer la hora ni el momento determinados por la autoridad misma del Padre —contestó Jesús—. 8 Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, hasta en los confines de la tierra.


9 Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista. 10 Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se alejaba. De repente, se les acercaron dos hombres vestidos de blanco 11 que les dijeron:


—Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse.


Elección de Matías para reemplazar a Judas

12 Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, situado aproximadamente a un kilómetro de la ciudad.[b] 13 Cuando llegaron, subieron al lugar donde se alojaban. Estaban allí:


Pedro, Juan, Santiago, Andrés,


Felipe, Tomás,


Bartolomé, Mateo,


Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago.


14 Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres, y con los hermanos de Jesús y su madre María.


15 Por aquellos días Pedro se puso de pie en medio de los creyentes,[c] que eran un grupo como de ciento veinte personas, y dijo: 16 «Hermanos, tenía que cumplirse la Escritura que, por boca de David, había predicho el Espíritu Santo en cuanto a Judas, el que sirvió de guía a los que arrestaron a Jesús. 17 Judas se contaba entre los nuestros y participaba en este ministerio.


18 (Con el dinero que obtuvo por su crimen, Judas compró un terreno; allí cayó de cabeza, se reventó y se derramaron sus intestinos. 19 Todos en Jerusalén se enteraron de ello, así que aquel terreno fue llamado Acéldama, que en su propio idioma quiere decir “Campo de Sangre”.)


20 »Porque en el libro de los Salmos —continuó Pedro—, está escrito:


»“Que su campamento quede desierto

    y que nadie habite en él”.[d]


También está escrito:


»“Que otro se haga cargo de su oficio”.[e]


21 Por tanto, es preciso que se una a nosotros uno de los que nos acompañaban todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, 22 desde que Juan bautizaba hasta el día en que Jesús fue tomado de entre nosotros y recibido en las alturas. Es necesario que uno de ellos sea junto a nosotros testigo de la resurrección».


23 Así que propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, apodado el Justo, y a Matías. 24 Y oraron así: «Señor, tú que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido 25 para que se haga cargo del servicio apostólico que Judas dejó para irse al lugar que le correspondía». 26 Luego echaron suertes y la elección recayó en Matías; así que él fue reconocido junto con los once apóstoles.


Footnotes

1:5 con. Alt. en.

1:12 situado … ciudad. Lit. que está cerca de Jerusalén, camino de un sábado (es decir, lo que las leyes y tradiciones orales permitían caminar en el día de reposo).

1:15 creyentes. Lit. hermanos.

1:20 Sal 69:25.

1:20 Sal 109:8.

Salmos 121

Nueva Versión Internacional

Cántico de los peregrinos.

121 A las montañas levanto mis ojos;

    ¿de dónde ha de venir mi ayuda?

2 Mi ayuda proviene del Señor,

    que hizo el cielo y la tierra.


3 No permitirá que tu pie resbale;

    jamás duerme el que te cuida.

4 Jamás duerme ni se adormece

    el que cuida de Israel.


5 El Señor es quien te cuida;

    el Señor es tu sombra a tu mano derecha.

6 De día el sol no te hará daño

    ni la luna de noche.


7 El Señor te cuidará;

    de todo mal guardará tu vida.

8 El Señor cuidará tu salida y tu entrada,

    desde ahora y para siempre.


Proverbios 16:18

Nueva Versión Internacional

18 Tras el orgullo viene la destrucción;

    tras la altanería, el fracaso.


Nueva Versión Internacional (NVI)

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Monday, June 1, 2026

DAB Español, Martes 02 de Junio

Día 153, DAB Español, Martes 02 de Junio


2 Samuel 19:11-20:13; Juan 21:1-25; Salmos 120; Proverbios 16:16-17 (Nueva Versión Internacional (NVI))










2 Samuel 19:11-20:13

Nueva Versión Internacional

11 Entonces el rey David mandó este mensaje a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: «Hablen con los jefes de Judá y díganles: “El rey se ha enterado de lo que se habla por todo Israel. ¿Serán ustedes los últimos en pedirme a mí, el rey, que regrese a mi palacio? 12 Ustedes son mis hermanos, ¡son de mi propia sangre! ¿Por qué han de ser los últimos en llamarme?”. 13 Díganle también a Amasá: “¿Acaso no eres de mi propia sangre? Tú serás de por vida el comandante de mi ejército, en lugar de Joab. ¡Que Dios me castigue sin piedad si no lo cumplo!”».


14 Así el rey se ganó el aprecio de todos los de Judá, quienes a una voz le pidieron que regresara con todas sus tropas, 15 de modo que el rey emprendió el viaje y llegó hasta el Jordán. Los de Judá se dirigieron entonces a Guilgal para encontrarse con el rey y acompañarlo a cruzar el río. 16 Pero el benjamita Simí, hijo de Guerá, oriundo de Bajurín, se apresuró a bajar con los de Judá para recibir al rey David. 17 Con él iban mil benjamitas, incluso Siba, que había sido administrador de la familia de Saúl, con sus quince hijos y veinte criados. Estos llegaron al Jordán antes que el rey 18 y vadearon el río para ponerse a las órdenes del rey y ayudar a la familia real a cruzar el Jordán. Cuando el rey estaba por cruzarlo, Simí, hijo de Guerá, se inclinó ante él 19 y dijo:


—Ruego a mi señor que no tome en cuenta mi delito ni recuerde el mal que hizo este servidor suyo el día en que mi señor el rey salió de Jerusalén. Le ruego al rey que olvide eso. 20 Reconozco que he pecado y por eso hoy, de toda la tribu de José, he sido el primero en salir a recibir a mi señor el rey.


21 Pero Abisay, hijo de Sarvia, exclamó:


—¡Simí maldijo al ungido del Señor y merece la muerte!


22 David respondió:


—Hijos de Sarvia, esto no es asunto de ustedes, sino mío. Están actuando como si fueran mis adversarios. ¿Cómo va a morir hoy alguien del pueblo, cuando precisamente en este día vuelvo a ser rey de Israel?


23 Y dirigiéndose a Simí, el rey juró:


—¡No morirás!


24 También Mefiboset, el nieto de Saúl, salió a recibir al rey. No se había lavado los pies ni la ropa, ni se había recortado el bigote, desde el día en que el rey tuvo que irse hasta que regresó sano y salvo. 25 Cuando llegó de Jerusalén para recibir al rey, este le preguntó:


—Mefiboset, ¿por qué no viniste conmigo?


26 —Mi señor y rey, como este servidor suyo es cojo, yo quería que me aparejaran un asno para montar y así poder acompañarlo. Pero mi criado Siba me traicionó, 27 y ahora me ha calumniado ante mi señor el rey. Sin embargo, mi señor el rey es como un ángel de Dios y puede hacer conmigo lo que mejor le parezca. 28 No hay nadie en mi familia paterna que no merezca la muerte en presencia de mi señor el rey. A pesar de eso, usted le concedió a este servidor suyo comer en la mesa real. ¿Qué derecho tengo de pedirle algo más a Su Majestad?


29 El rey dijo:


—No tienes que dar más explicaciones. Ya he decidido que tú y Siba se repartan las tierras.


30 —Él puede quedarse con todo —respondió Mefiboset—; a mí me basta con que mi señor el rey haya regresado a su palacio sano y salvo.


31 También Barzilay el galaadita bajó al Jordán. Había viajado desde Roguelín para escoltar al rey cuando cruzara el río. 32 Barzilay, que ya era un anciano de ochenta años, le había proporcionado al rey todo lo necesario durante su estadía en Majanayin, pues era muy rico. 33 El rey le dijo:


—Acompáñame. Quédate conmigo en Jerusalén y yo me encargaré de todo lo que necesites.


34 —Pero ¿cuántos años de vida me quedan? —respondió Barzilay—. ¿Para qué subir con el rey a Jerusalén? 35 Ya tengo ochenta años y apenas puedo distinguir lo bueno de lo malo, o saborear lo que como y bebo, o aun apreciar las voces de los cantores y las cantoras. ¿Por qué ha de ser este servidor una carga más para mi señor el rey? 36 ¿Y por qué quiere Su Majestad recompensarme de este modo, cuando tan solo voy a acompañarlo a cruzar el Jordán? 37 Déjeme usted regresar a mi propio pueblo, para que pueda morir allí y ser enterrado junto a la tumba de mi padre y mi madre. Pero aquí le dejo a Quimán para que sirva a mi señor el rey y lo acompañe a cruzar el río. Haga usted por él lo que haría por mí.


38 —Está bien —respondió el rey—, Quimán irá conmigo y haré por él lo que me pides. Y a ti te daré todo lo que quieras.


39 La gente y el rey cruzaron el Jordán. Luego el rey le dio un beso a Barzilay y lo bendijo, y Barzilay volvió a su pueblo.


40 El rey, acompañado de Quimán y escoltado por las tropas de Judá y la mitad de las tropas de Israel, siguió hasta Guilgal. 41 Por eso los israelitas fueron a ver al rey y le reclamaron:


—¿Cómo es que nuestros hermanos de Judá se han adueñado del rey al cruzar el Jordán y lo han escoltado a él, a su familia y a todas sus tropas?


42 Los de Judá respondieron:


—¿Y a qué viene ese enojo? ¡El rey es nuestro pariente cercano! ¿Acaso hemos vivido a costillas del rey? ¿Acaso nos hemos aprovechado de algo?


43 Pero los israelitas insistieron:


—¿Por qué nos tratan con tanto desprecio? ¡Nosotros tenemos diez veces más derecho que ustedes sobre el rey David! Además, ¿no fuimos nosotros los primeros en pedirle que volviera?


Entonces los de Judá les contestaron aun con más severidad.


Sabá se rebela contra David

20 Por allí se encontraba un malvado que se llamaba Sabá, hijo de Bicrí, que era benjamita. Dando un toque de trompeta, se puso a gritar:


«¡Pueblo de Israel, todos a sus casas,

    pues no tenemos parte con David

    ni herencia con el hijo de Isaí!».


2 Entonces todos los israelitas abandonaron a David y siguieron a Sabá, hijo de Bicrí. Los de Judá, por su parte, se mantuvieron fieles a su rey y lo acompañaron desde el Jordán hasta Jerusalén.


3 Cuando el rey David llegó a su palacio en Jerusalén, sacó a las diez concubinas[a] que había dejado a cargo del palacio y las puso bajo vigilancia. Siguió manteniéndolas, pero no volvió a acostarse con ellas. Hasta el día de su muerte, quedaron encerradas y viviendo como si fueran viudas.


4 Luego el rey ordenó a Amasá: «Moviliza a las tropas de Judá y preséntate aquí con ellas dentro de tres días». 5 Amasá salió para movilizar a las tropas, pero no cumplió con el plazo. 6 Por eso David dijo a Abisay: «Ahora Sabá hijo de Bicrí va a perjudicarnos más que Absalón. Así que hazte cargo de la guardia real y sal a perseguirlo, no sea que llegue a alguna ciudad fortificada y se nos escape». 7 Entonces los soldados de Joab junto con los quereteos, los peleteos y todos los oficiales, bajo el mando de Abisay salieron de Jerusalén para perseguir a Sabá, hijo de Bicrí.


8 Al llegar a la gran roca que está en Gabaón, Amasá les salió al encuentro. Joab tenía su uniforme ajustado con un cinturón, y ceñida al muslo llevaba una daga envainada. Pero al caminar, la daga se le cayó.


9 Con la mano derecha, Joab tomó a Amasá por la barba para besarlo, mientras preguntaba: «¿Cómo estás, hermano?». 10 Amasá no se percató de que en la otra mano Joab llevaba la daga, entonces Joab se la clavó en el vientre y las entrañas de Amasá se derramaron por el suelo. Amasá murió de una sola puñalada. Luego Joab y su hermano Abisay persiguieron a Sabá, hijo de Bicrí.


11 Uno de los soldados de Joab, deteniéndose junto al cuerpo de Amasá, exclamó: «¡Todos los que estén a favor de Joab y que apoyen a David, sigan a Joab!». 12 Como el cuerpo de Amasá, bañado en sangre, había quedado en medio del camino, todas las tropas que pasaban se detenían para verlo. Cuando aquel soldado se dio cuenta de esto, retiró el cuerpo hacia el campo y lo cubrió con un manto. 13 Luego de que Amasá fue apartado del camino, todas las tropas fueron con Joab a perseguir a Sabá, hijo de Bicrí.


Footnotes

20:3 Véase nota en Gn 22:24.

Juan 21

Nueva Versión Internacional

Jesús y la pesca milagrosa

21 Después de esto Jesús se apareció de nuevo a sus discípulos, junto al lago de Tiberíades.[a] Sucedió de esta manera: 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, al que apodaban el Gemelo,[b] Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.


3 —Me voy a pescar —dijo Simón Pedro.


—Nos vamos contigo —contestaron ellos.


Salieron, pues, de allí y se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada.


4 Al despuntar el alba, Jesús se hizo presente en la orilla, pero los discípulos no se dieron cuenta de que era él.


5 —Muchachos, ¿tienen algo de comer? —preguntó Jesús.


—No —respondieron ellos.


6 Entonces Jesús dijo:


—Tiren la red a la derecha de la barca y pescarán algo.


Así lo hicieron y era tal la cantidad de pescados que ya no podían sacar la red.


7 —¡Es el Señor! —dijo a Pedro el discípulo a quien Jesús amaba.


Tan pronto como Simón Pedro le oyó decir: «Es el Señor», se puso la ropa, pues estaba semidesnudo, y se tiró al agua. 8 Los otros discípulos lo siguieron en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban a escasos cien metros[c] de la playa. 9 Al desembarcar, vieron unas brasas con un pescado encima y un pan.


10 —Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar —dijo Jesús.


11 Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la playa la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.


12 —Vengan a desayunar —dijo Jesús.


Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», porque sabían que era el Señor. 13 Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos e hizo lo mismo con el pescado. 14 Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.


Jesús restituye a Pedro

15 Cuando terminaron de desayunar, Jesús preguntó a Simón Pedro:


—Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?


—Sí, Señor, tú sabes que te quiero —contestó Pedro.


—Apacienta mis corderos —dijo Jesús.


16 Y volvió a preguntarle:


—Simón, hijo de Juan, ¿me amas?


Pedro respondió:


—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.


Y Jesús le dijo:


—Cuida de mis ovejas.


17 Por tercera vez Jesús preguntó:


—Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?


A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: «¿Me quieres?». Así que dijo:


—Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.


—Apacienta mis ovejas —dijo Jesús—. 18 Cuando eras más joven te vestías tú mismo e ibas adonde querías. Pero te aseguro que cuando seas viejo, extenderás las manos y otro te vestirá y te llevará adonde no quieras ir.


19 Esto dijo Jesús para dar a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Después de eso, añadió:


—¡Sígueme!


20 Al volverse, Pedro vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre Jesús y había dicho: «Señor, ¿quién es el que va a traicionarte?». 21 Al verlo, Pedro preguntó:


—Señor, ¿y este qué?


22 Jesús dijo:


—Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú solo sígueme.


23 Por este motivo corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino solamente: «Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?».


24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las escribió. Y estamos convencidos de que su testimonio es verídico.


25 Jesús hizo también muchas otras cosas, tantas que, si se escribiera cada una de ellas, pienso que los libros escritos no cabrían en el mundo entero.


Footnotes

21:1 Es decir, el lago de Galilea.

21:2 apodaban el Gemelo. Lit. llamaban Dídimos.

21:8 a escasos cien metros. Lit. a unos doscientos codos.

Salmos 120

Nueva Versión Internacional

Cántico de los peregrinos.

120 En mi angustia invoqué al Señor,

    y él me respondió.

2 Señor, líbrame

    de los labios mentirosos

    y de la lengua engañosa.


3 ¡Ah, lengua engañosa!

    ¿Qué se te habrá de dar?

    ¿Qué se te habrá de añadir?

4 ¡Puntiagudas flechas de guerrero,

    con ardientes brasas de retama!


5 ¡Ay de mí, que soy extranjero en Mésec,

    que he acampado entre las tiendas de Cedar!

6 ¡Mucho tiempo es el que he acampado

    entre los que aborrecen la paz!

7 Soy un hombre de paz,

    pero si hablo de paz, ellos hablan de guerra.


Proverbios 16:16-17

Nueva Versión Internacional

16 Más vale adquirir sabiduría que oro;

    más vale adquirir inteligencia que plata.


17 El camino del hombre recto evita el mal;

    el que quiere salvar su vida se fija por donde va.


Nueva Versión Internacional (NVI)

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DAB Español, Lunes 01 de Junio

Día 152, DAB Español, Lunes 01 de Junio


2 Samuel 18:1-19:10; Juan 20:1-31; Salmos 119:153-176; Proverbios 16:14-15 (Nueva Versión Internacional (NVI))










2 Samuel 18:1-19:10

Nueva Versión Internacional

Muerte de Absalón

18 David pasó revista a sus tropas y nombró comandantes sobre grupos de mil y de cien soldados. 2 Los dividió en tres unidades y los envió a la batalla. La primera unidad estaba bajo el mando de Joab; la segunda bajo el mando de Abisay, hijo de Sarvia y hermano de Joab y la tercera bajo el mando de Itay el guitita.


—Yo los voy a acompañar —dijo el rey.


3 Pero los soldados respondieron:


—No, usted no debe acompañarnos. Si tenemos que huir, el enemigo no se va a ocupar de nosotros. Y aun si la mitad de nosotros muere, a ellos no les va a importar. Pero usted vale por diez mil de nosotros.[a] Así que es mejor que se quede y nos apoye desde la ciudad.


4 —Bien —dijo el rey—, haré lo que les parezca más conveniente.


Dicho esto, se puso a un lado de la entrada de la ciudad, mientras todos los soldados marchaban en grupos de cien y de mil. 5 Además, el rey dio esta orden a Joab, Abisay e Itay:


—Por consideración a mí, traten con respeto al joven Absalón.


Y todas las tropas oyeron las instrucciones que el rey dio a cada uno de sus comandantes acerca de Absalón.


6 El ejército marchó al campo para pelear contra Israel y la batalla se libró en el bosque de Efraín. 7 Los soldados de David derrotaron allí al ejército de Israel. La lucha fue intensa aquel día: hubo veinte mil bajas. 8 La batalla se extendió por toda el área, de modo que el bosque causó más muertes que la espada misma.


9 Absalón, que huía montado en una mula, se encontró con los soldados de David. La mula se metió por debajo de una gran encina y a Absalón se le trabó la cabeza entre las ramas. Como la mula siguió de largo, Absalón quedó colgado en el aire. 10 Un soldado que vio lo sucedido dijo a Joab:


—Acabo de ver a Absalón colgado de una encina.


11 —¡Cómo! —exclamó Joab—. ¿Lo viste y no lo mataste ahí mismo? Te habría dado diez siclos[b] de plata y un cinturón.


12 Pero el hombre respondió:


—Aun si recibiera mil piezas de plata, yo no alzaría la mano contra el hijo del rey. Todos oímos cuando el rey ordenó a usted, a Abisay y a Itay que no le hicieran daño al joven Absalón. 13 Si yo me hubiera arriesgado,[c] me habrían descubierto, pues nada se le escapa al rey; y usted, por su parte, me habría abandonado.


14 —No voy a malgastar mi tiempo contigo —respondió Joab.


Acto seguido, agarró tres lanzas y fue y se las clavó en el pecho a Absalón, que todavía estaba vivo en medio de la encina. 15 Luego, diez de los escuderos de Joab rodearon a Absalón y lo remataron.


16 Entonces Joab mandó tocar la trompeta para detener a las tropas, y dejaron de perseguir a los israelitas. 17 Después tomaron el cuerpo de Absalón, lo tiraron en un hoyo grande que había en el bosque y sobre su cadáver amontonaron muchísimas piedras. Mientras tanto, todos los israelitas huyeron a sus casas.


18 En vida, Absalón se había erigido un monumento en el valle del Rey, pues pensaba: «No tengo ningún hijo que conserve mi memoria». Así que a esa estela le puso su propio nombre, y por eso hasta la fecha se conoce como la Estela de Absalón.


David hace duelo

19 Ajimaz, hijo de Sadoc, propuso a Joab:


—Déjame ir corriendo para avisarle al rey que el Señor lo ha librado del poder de sus enemigos.


20 —No le llevarás esta noticia hoy —respondió Joab—. Podrás hacerlo en otra ocasión, pero no hoy, pues ha muerto el hijo del rey.


21 Entonces Joab se dirigió a un soldado cusita y ordenó:


—Ve tú y dile al rey lo que has visto.


El cusita se postró ante Joab y salió corriendo. 22 Pero Ajimaz, hijo de Sadoc, insistió:


—Pase lo que pase, déjame correr con el cusita.


—Pero, muchacho —respondió Joab—, ¿para qué quieres ir? ¡Ni pienses que te van a dar una recompensa por la noticia!


23 —Pase lo que pase, quiero ir.


—Anda, pues.


Ajimaz salió corriendo por la llanura y se adelantó al cusita.


24 Mientras tanto, David se hallaba sentado en el pasadizo que está entre las dos puertas de la ciudad. El centinela, que había subido al muro de la puerta, alzó la vista y vio a un hombre que corría solo. 25 Cuando el centinela se lo anunció al rey, este comentó:


—Si viene solo, debe de traer buenas noticias.


Pero, mientras el hombre seguía corriendo y se acercaba, 26 el centinela se dio cuenta de que otro hombre corría detrás de él, así que le anunció al guarda de la puerta:


—¡Por ahí viene otro hombre corriendo solo!


—Ese también debe de traer buenas noticias —dijo el rey.


27 El centinela añadió:


—Me parece que el primero corre como Ajimaz, hijo de Sadoc.


—Es un buen hombre —comentó el rey—; seguro que trae buenas noticias.


28 Ajimaz llegó y saludó al rey postrándose rostro en tierra ante él y dijo:


—¡Bendito sea el Señor su Dios, pues nos ha entregado a los que se habían rebelado en contra de mi señor el rey!


29 —¿Y está bien el joven Absalón? —preguntó el rey.


Ajimaz respondió:


—En el momento en que su siervo Joab me enviaba, vi que se armó un gran alboroto, pero no pude saber lo que pasaba.


30 —Pasa y quédate ahí —dijo el rey.


Ajimaz se hizo a un lado. 31 Entonces llegó el cusita y anunció:


—Traigo buenas noticias a mi señor el rey. El Señor lo ha librado hoy de todos los que se habían rebelado en contra suya.


32 —¿Y está bien el joven Absalón? —preguntó el rey.


El cusita contestó:


—¡Que sufran como ese joven los enemigos de mi señor el rey y todos los que intentan hacerle mal!


33 Al oír esto, el rey se estremeció y mientras subía al cuarto que está encima de la puerta, lloraba y decía: «¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!».


19 Avisaron a Joab que el rey estaba llorando amargamente por Absalón. 2 Cuando las tropas se enteraron de que el rey estaba afligido por causa de su hijo, la victoria de aquel día se convirtió en duelo para todo el ejército. 3 Por eso las tropas entraron en la ciudad furtivamente, como lo hace un ejército avergonzado por haber huido del combate. 4 Pero el rey, cubriéndose la cara, seguía gritando a voz en cuello: «¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!».


5 Entonces Joab fue adonde estaba el rey y le dijo: «Hoy usted ha llenado de vergüenza a todos sus siervos que salvaron su vida, la de sus hijos e hijas, esposas y concubinas.[d] 6 ¡Usted ama a quienes lo odian y odia a quienes lo aman! Hoy ha dejado muy en claro que nada le importan sus comandantes ni sus soldados. Ahora me doy cuenta de que usted preferiría que todos nosotros estuviéramos muertos, con tal de que Absalón siguiera con vida. 7 ¡Vamos! ¡Salga usted y anime a sus tropas! Si no lo hace, juro por el Señor que para esta noche ni un solo soldado se quedará con usted. ¡Y eso sería peor que todas las calamidades que usted ha sufrido desde su juventud hasta ahora!».


8 Ante esto, el rey se levantó y fue a sentarse junto a la puerta de la ciudad. Cuando los soldados lo supieron, fueron todos a presentarse ante él.


David regresa a Jerusalén

Los israelitas, mientras tanto, habían huido a sus casas, 9 y por todas las tribus de Israel se hablaba de la situación. Decían: «El rey nos rescató del poder de nuestros enemigos; él nos libró del dominio de los filisteos. Por causa de Absalón tuvo que huir del país. 10 Pero ahora Absalón, al que habíamos ungido como rey, ha muerto en la batalla. ¿Qué nos impide pedirle al rey que vuelva?».


Footnotes

18:3 usted … nosotros (dos mss. hebreos; véanse también LXX y Vulgata); ahora hay diez mil como nosotros (TM).

18:11 Es decir, aprox. 115 g.

18:13 me hubiera arriesgado. Alt. lo hubiera traicionado.

19:5 Véase nota en Gn 22:24.

Juan 20

Nueva Versión Internacional

El sepulcro vacío

20 El primer día de la semana, muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que habían removido la piedra que cubría la entrada. 2 Así que fue corriendo a ver a Simón Pedro y al otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:


—¡Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto!


3 Entonces Pedro y el otro discípulo se dirigieron al sepulcro. 4 Ambos fueron corriendo, pero como el otro discípulo corría más rápido que Pedro, llegó primero al sepulcro. 5 Inclinándose, se asomó y vio allí las vendas, pero no entró. 6 Tras él llegó Simón Pedro y entró en el sepulcro. Vio allí las vendas 7 y el sudario que había cubierto la cabeza de Jesús, aunque el sudario no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8 En ese momento entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; y vio y creyó. 9 Hasta entonces no habían entendido la Escritura que dice que Jesús tenía que resucitar.


Jesús se aparece a María Magdalena

10 Los discípulos regresaron a su casa, 11 pero María se quedó afuera llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro 12 y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies.


13 —¿Por qué lloras, mujer? —le preguntaron los ángeles.


—Es que se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto —les respondió.


14 Apenas dijo esto, volvió la mirada y allí vio a Jesús de pie, aunque no sabía que era él. 15 Jesús dijo:


—¿Por qué lloras, mujer? ¿A quién buscas?


Ella, pensando que se trataba del que cuidaba el huerto, le dijo:


—Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto y yo iré por él.


16 —María —dijo Jesús.


Ella se volvió y exclamó:


—¡Raboni! (que en hebreo significa “Maestro”).


17 Jesús le dijo:


—No me detengas,[a] porque todavía no he vuelto al Padre. Ve más bien a mis hermanos y diles: “Vuelvo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes”.


18 María Magdalena fue a dar la noticia a los discípulos. «¡He visto al Señor!», exclamaba, y les contaba lo que él le había dicho.


Jesús se aparece a sus discípulos

19 Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y poniéndose en medio de ellos, dijo:


—¡La paz sea con ustedes!


20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor, los discípulos se alegraron.


21 —¡La paz sea con ustedes! —repitió Jesús—. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.


22 Acto seguido, sopló sobre ellos y les dijo:


—Reciban el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados.


Jesús se aparece a Tomás

24 Tomás, al que apodaban el Gemelo[b] y que era uno de los doce, no estaba con los discípulos cuando llegó Jesús. 25 Así que los otros discípulos le dijeron:


—¡Hemos visto al Señor!


—Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré —repuso Tomás.


26 Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó.


—¡La paz sea con ustedes!


27 Luego dijo a Tomás:


—Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.


28 —¡Señor mío y Dios mío! —exclamó Tomás.


29 —Porque me has visto, has creído —le dijo Jesús—; dichosos los que no han visto y sin embargo creen.


30 Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. 31 Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.


Footnotes

20:17 Detengas. Lit. No me toques.

20:24 apodaban el Gemelo. Lit. llamaban Dídimos.

Salmos 119:153-176

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Resh

153 Considera mi aflicción, y líbrame,

    pues no me he olvidado de tu Ley.

154 Defiende mi causa y rescátame;

    dame vida conforme a tu promesa.

155 La salvación está lejos de los malvados,

    porque ellos no buscan tus estatutos.

156 Grande es, Señor, tu misericordia;

    dame vida conforme a tus leyes.

157 Muchos son mis adversarios y mis perseguidores,

    pero yo no me aparto de tus mandatos.

158 Me repugna mirar a esos traidores,

    porque no cumplen tus palabras.

159 Mira, Señor, cuánto amo tus preceptos;

    conforme a tu gran amor, dame vida.

160 La suma de tus palabras es la verdad;

    tus justas leyes permanecen para siempre.


Sin y Shin

161 Gobernantes me persiguen sin motivo,

    pero mi corazón se estremece ante tu palabra.

162 Yo me regocijo en tu promesa

    como quien halla un gran botín.

163 Aborrezco y repudio la falsedad,

    pero amo tu Ley.

164 Siete veces al día te alabo

    por tus justas leyes.

165 Los que aman tu Ley disfrutan de gran paz

    y nada los hace tropezar.

166 Yo, Señor, espero tu salvación

    y practico tus mandamientos.

167 Con todo mi ser cumplo tus mandatos.

    ¡Cuánto los amo!

168 Obedezco tus preceptos y tus mandatos,

    porque conoces todos mis caminos.


Tav

169 Que llegue mi clamor a tu presencia;

    dame entendimiento, Señor, conforme a tu palabra.

170 Que llegue a tu presencia mi súplica;

    líbrame, conforme a tu promesa.

171 Que rebosen mis labios de alabanza,

    porque tú me enseñas tus estatutos.

172 Que entone mi lengua un cántico a tu palabra,

    pues todos tus mandamientos son justos.

173 Que acuda tu mano en mi ayuda,

    porque he escogido tus preceptos.

174 Yo, Señor, anhelo tu salvación.

    Tu Ley es mi regocijo.

175 Déjame vivir para alabarte;

    que vengan tus leyes a ayudarme.

176 Cual oveja perdida me he extraviado;

    ven en busca de tu siervo,

    porque no he olvidado tus mandamientos.


Proverbios 16:14-15

Nueva Versión Internacional

14 La ira del rey es presagio de muerte,

    pero el sabio sabe apaciguarla.


15 El rostro radiante del rey es signo de vida;

    su favor es como nubes llenas de lluvia en primavera.


Nueva Versión Internacional (NVI)

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DAB Español, Miércoles 03 de Junio

Día 154, DAB Español, Miércoles 03 de Junio 2 Samuel 20:14-22:20; Hechos 1:1-26; Salmos 121; Proverbios 16:18 (Nueva Versión Internacional (...