Monday, May 11, 2026

DAB Español, Martes 12 de Mayo

Día 132, DAB Español, Martes 12 de Mayo


1 Samuel 12:1-13:23; Juan 7:1-29; Salmos 108; Proverbios 15:4 (Reina Valera Contemporánea (RVC))










1 Samuel 12-13

Reina Valera Contemporánea

Discurso de Samuel al pueblo

12 Samuel reunió a todos los israelitas, y les dijo:


«He oído atentamente todo lo que me han dicho, y les he puesto un rey. 2 Aquí lo tienen, ante su ojos. Yo ya estoy viejo y lleno de canas, y he convivido entre ustedes desde mi juventud. Pero mis hijos viven entre ustedes. 3 Aquí me tienen. Acúsenme de algo ante el Señor y ante su rey; díganme si acaso he robado el buey o el asno de alguien, o si he hablado mal de alguien, si lo he ofendido, o si alguien me ha sobornado para cometer injusticia a su favor. Hablen, y yo haré la restitución.»


4 Todos dijeron:


«Nunca nos has calumniado ni ofendido; tampoco has robado nada de nadie.»


5 Y Samuel respondió:


«El Señor y su ungido son testigos de que han declarado no haber hallado en mí ninguna falta.»


Y ellos respondieron:


«Somos testigos de eso.»


6 Entonces Samuel dijo al pueblo:


«Testigo es también el Señor, quien eligió a Moisés y a Aarón, y que sacó de Egipto a los antepasados de ustedes. 7 Ahora, les pido que me escuchen con atención, porque les voy a relatar lo que el Señor ha hecho para librarlos a ustedes y a sus padres de todos los peligros. 8 Después de que Jacob entró en Egipto, los antepasados de ustedes eran oprimidos y clamaron al Señor, y él les envió a Moisés y a Aarón, y ellos los sacaron de Egipto y los hicieron habitar en este lugar. 9 Pero ellos se olvidaron del Señor su Dios, y él los dejó caer en manos de Sísara, jefe del ejército de Jazor, y en manos de los filisteos y del rey de Moab. Todos ellos pelearon contra los israelitas. 10 Pero ellos se arrepintieron y clamaron al Señor. Le dijeron: “Señor, hemos pecado. Perdónanos, pues te hemos dejado por servir a los baales y a Astarot. Ahora, líbranos del poder de nuestros enemigos, y te serviremos.” 11 Entonces el Señor envió a Yerubaal, a Barac, a Jefté y a mí, Samuel, y los libró del poder de todos los enemigos que los rodeaban, para que vivieran tranquilos. 12 Pero cuando ustedes vieron que Najás, el rey de los amonitas, venía a pelear contra ustedes, me dijeron: “Queremos que nos gobierne un rey”, cuando en realidad el rey de ustedes es Dios el Señor. 13 Pero aquí está el rey que han elegido; el rey que ustedes pidieron. El Señor les ha puesto un rey. 14 Si ustedes aman y obedecen al Señor, y le sirven; si no son rebeldes a su palabra, y si tanto ustedes como su rey sirven al Señor su Dios, harán bien. 15 Pero si no lo obedecen, sino que son rebeldes a las palabras del Señor, él se pondrá en contra de ustedes, como se volvió en contra de sus padres. 16 Esperen un poco y podrán ver las grandes cosas que el Señor hará entre ustedes. 17 Estamos en el tiempo de la cosecha, cuando no llueve. Pero yo clamaré al Señor, y él enviará truenos y lluvias, para que vean y comprueben la gran maldad que han cometido a los ojos del Señor, al pedir un rey.»


18 Y ese mismo día Samuel clamó al Señor, y el Señor envió truenos y lluvias, y todo el pueblo sintió temor ante el Señor y ante Samuel. 19 Entonces todo el pueblo le dijo a Samuel:


«Ruega al Señor tu Dios por nosotros, tus siervos, para que no muramos. Reconocemos que a todos los pecados que hemos cometido, hemos añadido este otro de pedir que un rey nos gobierne».


20 Y Samuel respondió al pueblo:


«No tengan miedo. Es verdad que ya cometieron esta maldad. Pero a pesar de eso, no se aparten del Señor, sino síganlo y sírvanle de todo corazón. 21 No vayan tras los dioses falsos, porque no les servirán de nada ni podrán salvarlos, porque no son nada. 22 El Señor no desamparará a su pueblo, porque grande es su nombre, y él los escogió para que fueran su pueblo. 23 Lejos estará de mí pecar contra el Señor dejando de rogar por ustedes; al contrario, me comprometo a instruirlos en el camino bueno y recto, 24 con tal de que ustedes teman al Señor y en verdad le sirvan de todo corazón. Recuerden todo lo que él ha hecho en favor de ustedes. 25 Pero si insisten en hacer lo malo, tanto ustedes como su rey perecerán.»


Guerra contra los filisteos

13 Cuando Saúl tenía ... años[a] y había reinado ya dos años sobre Israel, 2 escogió a tres mil israelitas; a dos mil los tenía en Micmas y en el monte de Betel, y mil estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín; al resto del pueblo lo envió de regreso a su casa. 3 Jonatán atacó la guarnición filistea que estaba en la colina, y los filisteos lo supieron. Entonces Saúl ordenó tocar la trompeta por todo el país para que lo supieran los hebreos. 4 Todo Israel supo que Saúl había atacado la guarnición de los filisteos, y supo también que Israel se había vuelto odioso a los filisteos, así que se unieron y marcharon a Gilgal para seguir a Saúl.


5 Pero también los filisteos se reunieron para pelear contra Israel. Contaban con treinta mil carros de guerra, seis mil soldados de caballería, y un ejército incontable como la arena del mar. Subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet Avén. 6 Y cuando los soldados de Israel se vieron acorralados (porque el pueblo estaba en apuros), se escondieron en cuevas y en fosos, y en peñascos y tras las rocas y en cisternas. 7 Algunos de los hebreos cruzaron el Jordán en dirección a la tierra de Gad y de Galaad, pero Saúl se quedó todavía en Gilgal. Todo el pueblo lo seguía, pero iba temblando de miedo.


8 Saúl esperó allí siete días, de acuerdo con el plazo que Samuel le había fijado, pero como no llegaba, el pueblo empezó a desertar. 9 Entonces Saúl ordenó: «Que traigan un holocausto y ofrendas de paz», y ofreció el holocausto.


10 Saúl estaba terminando de ofrecer el holocausto cuando llegó Samuel; Saúl salió a darle la bienvenida, 11 pero Samuel le dijo:


«¿Qué es lo que has hecho?»


Y Saúl respondió:


«Me di cuenta de que el pueblo estaba desertando y, como tú no venías y los filisteos estaban reunidos en Micmas, 12 pensé: “Ahora los filisteos van a venir a Gilgal para luchar contra mí, y yo no he implorado la ayuda del Señor.” Así que me armé de valor y ofrecí el holocausto.»


13 Pero Samuel le dijo a Saúl:


«Lo que has hecho es una locura. No obedeciste lo que el Señor tu Dios te ordenó hacer. Si hubieras obedecido, el Señor habría confirmado para siempre tu reinado sobre Israel. 14 Ahora tu reinado no durará mucho. El Señor ha buscado un hombre que actúe como a él le agrada, y ya lo ha escogido para que reine sobre su pueblo, ya que tú no pudiste obedecer lo que él te mandó.»


15 Enseguida, Samuel se levantó y se fue de Gilgal a Gabaa, tierra de Benjamín. Luego Saúl contó a la gente que estaba con él, y vio que eran como seiscientos hombres. 16 Y Saúl y Jonatán, su hijo, y todos los que estaban con ellos, se quedaron en Gabaa de Benjamín, y los filisteos acamparon en Micmas. 17 Entonces salieron del campamento filisteo tres escuadrones de espías; uno de ellos marchaba por el camino de Ofrá hacia la tierra de Sual, 18 otro se dirigió a Bet Jorón, y el tercero avanzó en dirección al desierto, hacia la región que está frente al valle de Zeboyin.


19 Resulta que en todo el territorio israelita no había herreros, porque los filisteos querían evitar que los hebreos hicieran espadas o lanzas. 20 Por esa razón todos los israelitas tenían que ir con los filisteos para afilar las rejas de sus arados, su azadón, su hacha o su hoz. 21 El precio era alto, pues por las rejas de arado y los azadones pagaban casi ocho gramos de plata, y tres gramos más por afilar las hachas o por componer las aguijadas. 22 Por eso el día de la batalla ninguno de los que estaban con Saúl y Jonatán llevaban espadas ni lanzas; solamente Saúl y Jonatán las tenían. 23 Y la guarnición de los filisteos avanzó hasta el paso de Micmas.


Footnotes

1 Samuel 13:1 «tenía ... años.» El texto hebreo no especifica la edad de Saúl.

Juan 7:1-29

Reina Valera Contemporánea

Incredulidad de los hermanos de Jesús

7 Después de estas cosas, Jesús andaba en Galilea; no quería andar en Judea porque los judíos procuraban matarlo. 2 Como ya estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos, 3 sus hermanos le dijeron: «Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. 4 Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Ya que haces estas cosas, manifiéstate al mundo.» 5 Y es que ni siquiera sus hermanos creían en él. 6 Entonces Jesús les dijo: «Para mí, el momento aún no ha llegado; para ustedes, cualquier momento es siempre bueno. 7 El mundo no puede odiarlos a ustedes; pero a mí me odia, porque yo hago constar que sus obras son malas. 8 Vayan ustedes a la fiesta; yo no iré todavía a esa fiesta, porque el momento para mí aún no ha llegado.» 9 Después de decirles esto, se quedó en Galilea.


Jesús en la fiesta de los tabernáculos

10 Pero después de que sus hermanos se fueron, también él fue a la fiesta, aunque no abiertamente, sino como en secreto. 11 Los judíos lo buscaban en la fiesta, y decían: «¿Y dónde está ése?» 12 También la multitud murmuraba mucho acerca de él. Algunos decían: «Él es una buena persona», pero otros decían: «No lo es, sino que engaña a la gente», 13 aunque por miedo a los judíos ninguno hablaba abiertamente de él.


14 A la mitad de la fiesta, Jesús fue al templo y comenzó a enseñar. 15 Y los judíos se asombraban, y decían: «¿Cómo es que éste sabe de letras, sin haber estudiado?» 16 Jesús les respondió: «Esta enseñanza no es mía, sino de aquel que me envió. 17 El que quiera hacer la voluntad de Dios, sabrá si la enseñanza es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. 18 El que habla por su propia cuenta, busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que lo envió, éste es verdadero, y en él no hay injusticia. 19 ¿Acaso no les dio Moisés la ley, y ninguno de ustedes la cumple? ¿Por qué procuran matarme?» 20 La multitud le respondió: «Tienes un demonio. ¿Quién procura matarte?» 21 Jesús les respondió: «Hice una obra, ¡y todos se quedan asombrados! 22 Por cierto, Moisés les dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres), ¡y en el día de reposo ustedes circuncidan al hombre! 23 Si para no quebrantar la ley de Moisés, el hombre es circuncidado en el día de reposo, ¿por qué ustedes se enojan conmigo por sanar completamente a un hombre en el día de reposo? 24 Sean justos en sus juicios, y no juzguen según las apariencias.»


¿Es éste el Cristo?

25 Algunos de Jerusalén decían: «¿Qué, no es éste al que buscan para matarlo? 26 Pero véanlo hablar tranquilamente, y nadie le dice nada. ¿Será que en verdad las autoridades han reconocido que éste es el Cristo? 27 Bien sabemos de dónde viene éste, pero cuando venga el Cristo nadie sabrá de dónde viene.» 28 Mientras Jesús enseñaba en el templo, exclamó: «A mí me conocen, y saben de dónde soy, y que no he venido por mi cuenta; pero el que me envió, a quien ustedes no conocen, es verdadero. 29 Yo sí lo conozco, porque de él procedo, y él fue quien me envió.»


Salmos 108

Reina Valera Contemporánea

Disposición a la alabanza

Cántico. Salmo de David.

108 Mi corazón está dispuesto, Dios mío;

quiero cantar salmos en tu honor.

2 ¡Despierten, salterio y arpa,

que voy a despertar al nuevo día!

3 Yo, Señor, te alabaré entre los pueblos;

te cantaré salmos entre las naciones,

4 pues tu bondad es más grande que los cielos;

¡hasta las nubes llega tu verdad!


5 Tú, mi Dios, estás por encima de los cielos;

¡tu gloria domina toda la tierra!


6 ¡Sálvanos con tu diestra! ¡Respóndenos!

¡Así se salvará tu pueblo amado!


7 En su santuario, Dios ha sentenciado:

«Con gran alegría fraccionaré Siquén,

y dividiré en parcelas el valle de Sucot.

8 Galaad y Manasés me pertenecen,

Efraín es un yelmo en mi cabeza,

y Judá es un cetro en mi mano.

9 Moab es la vasija en que me lavo,

sobre Edom arrojaré mis sandalias,

y sobre Filistea proclamaré mi victoria.»


10 ¿Y quién me dará entrada en Edom?

¿Quién me hará entrar en esa ciudad amurallada?

11 ¿No eres tú, mi Dios, quien nos ha desechado?

¿No eres tú quien ya no sale con nuestros ejércitos?

12 Bríndanos tu apoyo contra el enemigo,

pues vana resulta la ayuda de los hombres.


13 Por ti, Dios nuestro, haremos proezas;

¡tú harás morder el polvo a nuestros enemigos!


Proverbios 15:4

Reina Valera Contemporánea

4 La lengua apacible es árbol de vida;

la lengua perversa daña el espíritu.


Reina Valera Contemporánea (RVC)

Copyright © 2009, 2011 by Sociedades Bíblicas Unidas


Sunday, May 10, 2026

DAB Español, Lunes 11 de Mayo

Día 131, DAB Español, Lunes 11 de Mayo


1 Samuel 10:1-11:15; Juan 6:43-71; Salmos 107; Proverbios 15:1-3 (Reina Valera Contemporánea (RVC))










1 Samuel 10-11

Reina Valera Contemporánea

10 Entonces Samuel tomó un frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl; luego lo besó y le dijo:


«El Señor te ha ungido para que seas el rey de su pueblo Israel. 2 Hoy, después de que nos despidamos, vas a encontrar a dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en Selsa, en las tierras de Benjamín; ellos te dirán que ya fueron halladas las asnas que andas buscando, y que tu padre ya no está preocupado por las asnas sino por ustedes, pues no sabe qué les ha sucedido. 3 Sigue tu camino, y cuando llegues a la encina de Tabor te encontrarás con tres hombres que van a adorar a Dios en Betel; uno de ellos llevará tres cabritos; otro, tres tortas de pan; y el tercero, un odre de vino. 4 Después de saludarte, ellos te darán dos panes, y los debes aceptar. 5 Cuando llegues a la colina de Dios, donde está la guarnición de los filisteos, y luego de que entres en la ciudad, te encontrarás con un grupo de profetas que descienden del santuario que está en el cerro. Irán profetizando y tocando salterios, panderos, flautas y arpas. 6 En ese momento el espíritu del Señor vendrá sobre ti con su poder, y profetizarás con ellos, y el cambio en ti será notable pues actuarás como si fueras otro hombre. 7 Cuando sucedan estas señales, haz lo que te venga a la mano hacer, porque Dios está contigo. 8 Luego te adelantarás para llegar a Gilgal antes que yo; siete días después yo me reuniré contigo, y juntos iremos a ofrecer holocaustos y ofrendas de paz al Señor. Espérame hasta que yo llegue y te indique lo que debes hacer.»


9 En cuanto Saúl le dio la espalda a Samuel para irse, Dios le cambió todo su carácter, y ese mismo día sucedió todo lo que Samuel le había dicho. 10 Al llegar a la colina, vieron que el grupo de profetas venía al encuentro de Saúl. Entonces el espíritu de Dios vino sobre él con todo su poder, y Saúl comenzó a profetizar. 11 Y cuando todos los que lo conocían lo vieron profetizar junto con los otros profetas, se preguntaron los unos a los otros:


«¿Qué le pasa al hijo de Cis? ¿Acaso también él es profeta?»


12 Uno de ellos exclamó:


«¡Hoy día, cualquiera es profeta!»[a]


Por eso es tan popular el dicho: «¿También Saúl anda entre los profetas?»


13 En cuanto Saúl llegó al santuario en el cerro dejó de profetizar. 14 Entonces uno de sus tíos les preguntó a Saúl y a su criado:


«¿Y ustedes, dónde andaban?»


Y Saúl le respondió:


«Anduvimos buscando las asnas perdidas, pero como no las encontrábamos, fuimos a consultar a Samuel.»


15 Y el tío de Saúl le dijo:


«Te ruego que me digas lo que les dijo Samuel.»


16 Y Saúl le respondió:


«Claramente nos dijo que las asnas ya habían sido halladas.»


Sin embargo, Saúl no le dijo nada de lo que Samuel le había dicho en cuanto al reino. 17 Más tarde, Samuel pidió al pueblo que se reuniera ante el Señor en Mispá, 18 y les dijo a los israelitas:


«Así dice el Señor, el Dios de Israel: “Yo los saqué a ustedes de Egipto. Yo los libré de poder de los egipcios, y de todos los reinos que los afligían. 19 Pero ustedes me rechazan como su Dios, aunque yo los protejo de todas sus aflicciones y angustias, y ahora quieren que los gobierne un rey. Pues ya que piensan así, preséntense ante mí, el Señor, en el orden de sus tribus y familias.”»


20 Una vez que se reunieron todas las tribus de Israel, Samuel ordenó que se acercara la tribu de Benjamín. 21 Luego hizo que se acercara la tribu de Benjamín, en el orden de sus familias; luego pidió que se acercara la familia de Matri, y de ella pidió que se acercara Saúl hijo de Cis. Lo buscaron entonces, pero no lo hallaron, 22 así que le preguntaron al Señor por qué Saúl no estaba allí, y el Señor les dijo:


«Búsquenlo entre el equipaje, pues allí está escondido.»


23 Entonces fueron a buscarlo allí, y lo pusieron en medio del pueblo. Y todos pudieron ver que Saúl era más alto que todos. No había quien le llegara a los hombros. 24 Y Samuel le dijo a todo el pueblo:


«Ante ustedes está el hombre que el Señor ha elegido. Como pueden ver, no hay en todo el pueblo nadie que se le compare.»


Y el pueblo lo aclamó alegremente, y gritaba: «¡Viva el rey!» 25 Después Samuel expuso al pueblo las leyes del reino, y las escribió en un libro y las guardó en presencia del Señor. 26 Luego, Samuel envió al pueblo de regreso, cada uno a su casa, y Saúl también regresó a su casa en Gabaa, acompañado de hombres valerosos, a quienes Dios tocó el corazón. 27 Pero no faltaron algunos perversos que dijeron: «¿Y éste es el que nos va a salvar?» Y como lo menospreciaron, tampoco le presentaron regalos. Pero Saúl no les dio importancia.


Saúl derrota a los amonitas

11 Un día, Najás el amonita se dirigió a Jabés de Galaad y la sitió, pero los habitantes de Jabés le propusieron a Najás que, si se aliaba con ellos, se comprometían a servirle. 2 Najás les respondió:


«Haré alianza con ustedes, con la condición de que cada uno de ustedes se deje sacar el ojo derecho. Así el pueblo de Israel quedará en vergüenza.»


3 Los ancianos de Jabés le dijeron:


«Danos siete días para que enviemos mensajeros por todo nuestro territorio. Si nadie sale en nuestra defensa, nos rendiremos a ti.»


4 Cuando los mensajeros llegaron a Gabaa de Saúl y le dijeron al pueblo las condiciones de Najás, todos lo lamentaron y se pusieron a llorar. 5 Saúl volvía del campo arreando los bueyes, y preguntó:


«¿Qué le pasa al pueblo? ¿Por qué llora?»


Entonces le dieron el mensaje de los hombres de Jabés. 6 En cuanto Saúl lo oyó, el espíritu de Dios vino sobre él con poder, y él se llenó de ira. 7 Tomó entonces un par de bueyes, los descuartizó y envió los pedazos por todo el territorio de Israel, con la orden de que los mensajeros dijeran: «Así haremos con los bueyes de los que no sigan a Saúl y a Samuel.»


Fue tal el temor que el Señor infundió en el pueblo, que se unieron como un solo hombre. 8 Cuando Saúl les pasó revista en Bezec, los israelitas eran trescientos mil, y los de Judá eran treinta mil, 9 los cuales dijeron a los mensajeros que habían llevado la noticia: «Digan a los de Jabés de Galaad que mañana, cuando el sol comience a calentar, serán liberados.»


Cuando los mensajeros anunciaron esto, los habitantes de Jabés se alegraron mucho 10 y les dijeron a sus enemigos: «Mañana estaremos aquí, para que hagan con nosotros lo que les parezca mejor.» 11 Pero al día siguiente Saúl distribuyó a los soldados en tres batallones que, antes de que amaneciera, cayeron sobre el campamento y, tomando por sorpresa a los amonitas, los hirieron de muerte hasta bien entrado el día. Los pocos que sobrevivieron se dispersaron, sin que siquiera dos de ellos se vieran juntos.


12 Entonces el pueblo le dijo a Samuel:


«¿Dónde están los que dudaban que Saúl sería nuestro rey? ¡Queremos que nos los entreguen, para matarlos!»


13 Pero Saúl dijo:


«Nadie va a morir hoy, porque el Señor ha traído la salvación a Israel.»


14 Por su parte, Samuel dijo al pueblo:


«Vengan todos, vamos a Gilgal, para renovar el reino.»


15 Y todo el pueblo fue a Gilgal, y allí, ante el Señor, confirmaron a Saúl como rey. Luego ofrecieron al Señor sacrificios y ofrendas de paz, y Saúl y todo el pueblo de Israel hicieron fiesta.


Footnotes

1 Samuel 10:12 «¡Hoy día, cualquiera es profeta!» Lit. ¿Y quién es el padre de ellos?, pregunta que destaca la sorpresa y menosprecio de la gente ante lo que veían.

Juan 6:43-71

Reina Valera Contemporánea

43 Jesús les respondió: «No estén murmurando entre ustedes. 44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo trae. Y yo lo resucitaré en el día final. 45 En los profetas está escrito: “Y todos serán enseñados por Dios.” Así que, todo aquel que ha oído al Padre, y ha aprendido de él, viene a mí. 46 No es que alguno haya visto al Padre, sino el que vino de Dios; éste sí ha visto al Padre. 47 De cierto, de cierto les digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Los padres de ustedes comieron el maná en el desierto, y murieron. 50 Éste es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera. 51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual daré por la vida del mundo.»


52 Los judíos discutían entre sí, y decían: «¿Y cómo puede éste darnos a comer su carne?» 53 Jesús les dijo: «De cierto, de cierto les digo: Si no comen la carne del Hijo del Hombre, y beben su sangre, no tienen vida en ustedes. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo lo resucitaré en el día final. 55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. 57 Así como el Padre viviente me envió, y yo vivo por el Padre, así también el que me come también vivirá por mí. 58 Éste es el pan que descendió del cielo. No es como el pan que comieron los padres de ustedes, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.» 59 Jesús dijo estas cosas en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.


Palabras de vida eterna

60 Al oír esto, muchos de sus discípulos dijeron: «Dura es esta palabra; ¿quién puede escucharla?» 61 Jesús, al darse cuenta de que sus discípulos murmuraban acerca de esto, les dijo: «¿Esto les resulta escandaloso? 62 ¿Pues qué pasaría si vieran al Hijo del Hombre ascender adonde antes estaba? 63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida. 64 Pero hay algunos de ustedes que no creen.» Y es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién lo entregaría, 65 así que dijo: «Por eso les he dicho que ninguno puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»


66 A partir de entonces muchos de sus discípulos dejaron de seguirlo, y ya no andaban con él. 67 Entonces, Jesús dijo a los doce: «¿También ustedes quieren irse?» 68 Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído, y sabemos, que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.» 70 Jesús les respondió: «¿Y acaso no los he escogido yo a ustedes doce, y uno de ustedes es un diablo?» 71 Y se refería Jesús a Judas Iscariote, hijo de Simón, porque éste era uno de los doce, y era el que lo iba a entregar.


Salmos 107

Reina Valera Contemporánea

LIBRO V

Dios libra de la aflicción

107 ¡Alabemos al Señor, porque él es bueno;

porque su misericordia es constante!

2 Que lo afirmen los redimidos por Dios,

los que salvó del poderoso enemigo,

3 los que reunió desde lejanas tierras,

Del oriente y del occidente,

Del norte y del sur.


4 Perdidos en el desierto, no hallaban un camino

que los llevara a una ciudad habitable.

5 Andaban hambrientos y sedientos,

con el alma a punto de desfallecer.

6 En su angustia, clamaron al Señor,

y él los libró de sus aflicciones,

7 los guió por un buen camino,

hasta encontrar una ciudad habitable.


8 ¡Alabemos la misericordia del Señor

y sus grandes hechos en favor de los mortales!

9 El Señor sacia la sed del sediento,

y colma con buena comida al hambriento.


10 Algunos vivían en profunda oscuridad,

prisioneros de la aflicción y las cadenas,

11 pues fueron rebeldes a los mandatos de Dios

y despreciaron los proyectos del Altísimo.

12 Dios quebrantó su orgullo con trabajos pesados;

caían, y no había quien los levantara.

13 Pero en su angustia clamaron al Señor,

y él los salvó de toda su aflicción;

14 los sacó de la profunda oscuridad,

y puso fin a su aflicción y sus cadenas.


15 ¡Alabemos la misericordia del Señor,

y sus grandes hechos en favor de los mortales!

16 Él destruye las puertas de bronce,

y despedaza los cerrojos de hierro.


17 Obstinados en su conducta rebelde,

y afligidos por causa de sus maldades,

18 llegaron a aborrecer toda clase de alimento;

¡ya tocaban a las puertas de la muerte!

19 Pero en su angustia clamaron al Señor,

Y él los libró de su aflicción.

20 Con el poder de su palabra los sanó,

y los libró de caer en el sepulcro.


21 ¡Alabemos la misericordia del Señor,

y sus grandes hechos en favor de los mortales!

22 ¡Ofrezcámosle sacrificios de gratitud,

y jubilosos proclamemos sus obras!


23 Los marinos, que conocen el mar,

con sus naves comercian en muchos lugares.

24 Allí, en lo profundo del mar,

han visto las maravillosas obras del Señor.

25 Él habló, y se desató un viento tempestuoso,

y gigantescas olas se encresparon.

26 Se levantaban hacia el cielo, o se hundían en el mar;

y ellos se desanimaban y temblaban de miedo.

27 Inseguros, daban traspiés, como ebrios;

¡de nada les servía toda su pericia!

28 Pero en su angustia clamaron al Señor,

Y él los libró de su aflicción:

29 convirtió la tempestad en bonanza,

y apaciguó las amenazantes olas.

30 Ante esa calma, sonrieron felices

porque él los lleva a puerto seguro.


31 ¡Alabemos la misericordia del Señor,

y sus grandes hechos en favor de los mortales!

32 ¡Que lo exalte el pueblo congregado!

¡Que lo alabe el consejo de ancianos!


33 El Señor convierte ríos y manantiales,

en sequedades y áridos desiertos;

34 por la maldad de sus habitantes

deja estéril la tierra generosa;

35 convierte el desierto en lagunas,

y la tierra seca en manantiales.

36 Allí se establecen los que sufren de hambre,

y fundan ciudades donde puedan vivir.

37 Luego siembran los campos, y plantan sus viñas,

y recogen abundantes cosechas.

38 Dios los bendice y les da muchos hijos,

y no deja que sus ganados se reduzcan.


39 Pero si disminuyen y son humillados,

es por causa de la opresión, la maldad y la congoja.

40 Pero el Señor desprecia a los tiranos,

y los hace perderse en desiertos sin camino.

41 El Señor rescata al pobre de su miseria,

y multiplica sus hijos como rebaños de ovejas.

42 Al ver esto, los fieles se alegran,

y los malvados guardan silencio.


43 Si hay alguien sabio, que cumpla con esto,

y que entienda que el Señor es misericordioso.


Proverbios 15:1-3

Reina Valera Contemporánea

15 La respuesta amable calma la ira;

la respuesta grosera aumenta el enojo.

2 La lengua sabia adorna el conocimiento;

la boca de los necios profiere tonterías.

3 Los ojos del Señor están en todas partes,

y observan a los malos y a los buenos.


Reina Valera Contemporánea (RVC)

Copyright © 2009, 2011 by Sociedades Bíblicas Unidas


Saturday, May 9, 2026

DAB Español, Domingo 10 de Mayo

Día 130, DAB Español, Domingo 10 de Mayo


1 Samuel 8:1-9:27; Juan 6:22-42; Salmos 106:32-48; Proverbios 14:34-35 (Reina Valera Contemporánea (RVC))










1 Samuel 8-9

Reina Valera Contemporánea

Israel pide rey

8 Cuando Samuel envejeció, nombró como caudillos a sus hijos para que guiaran al pueblo de Israel. 2 Su primogénito se llamaba Joel, y su segundo hijo se llamaba Abías. Los dos eran caudillos en Berseba, 3 pero no siguieron el ejemplo de su padre sino que se dejaron llevar por la avaricia, pues aceptaban sobornos y corrompieron la impartición de justicia. 4 Por eso todos los ancianos israelitas fueron a Ramá para hablar con Samuel, 5 y le dijeron:


«Es un hecho que tú ya eres viejo, y que tus hijos no siguen tu ejemplo. Por lo tanto, escógenos un rey, como lo tienen todas las naciones, para que nos gobierne.»


6 Pero a Samuel no le agradó esta propuesta de dar al pueblo un rey que lo gobernara; entonces oró al Señor, 7 y el Señor le dijo:


«Atiende todas las peticiones que te haga el pueblo. No te han rechazado a ti, sino a mí, pues no quieren que yo reine sobre ellos. 8 Están haciendo contigo lo que han hecho conmigo desde que los saqué de Egipto: me están dejando para ir y servir a otros dioses. 9 Tú, atiende sus peticiones, pero aclárales todos los inconvenientes, y muéstrales cómo los tratará quien llegue a ser su rey.»


10 Samuel comunicó al pueblo que pedía un rey todo lo que el Señor había dicho. 11 Les dijo:


«El rey que ustedes ahora piden les quitará a sus hijos para ponerlos como soldados en sus carros de guerra; unos serán jinetes de su caballería, e irán abriéndole paso a su carruaje; 12 a otros los pondrá al mando de mil soldados, y a otros al mando de cincuenta soldados; a otros los pondrá a labrar sus campos y a levantar sus cosechas, y a otros los pondrá a fabricar sus armas y los pertrechos de sus carros de guerra. 13 También les quitará a sus hijas, para convertirlas en perfumistas, cocineras y panaderas. 14 Además, les quitará sus mejores tierras, y sus viñedos y olivares, y todo eso se lo entregará a sus sirvientes. 15 Les quitará también la décima parte de sus granos y de sus viñedos para pagarles a sus oficiales y a sus sirvientes. 16 Les quitará a sus siervos y siervas, y sus mejores jóvenes, y sus asnos y bueyes, para que trabajen para él. 17 También les exigirá la décima parte de sus rebaños, y ustedes pasarán a ser sus sirvientes. 18 El día que ustedes elijan su rey, lo van a lamentar; pero el Señor no les responderá.»


19 El pueblo no le hizo caso a Samuel, sino que dijo:


«No será así. A como dé lugar, tendremos un rey. 20 Así seremos como todas las naciones. Y nuestro rey nos gobernará, y saldrá al frente de nosotros y presentará batalla por nosotros.»


21 Samuel oyó todo lo que decía el pueblo, y se lo hizo saber al Señor. 22 Y el Señor le respondió:


«Atiende su petición, y ponles un rey que los gobierne.»


Entonces Samuel les pidió a los israelitas que regresara cada uno a su ciudad.


Saúl, elegido rey

9 Había un benjaminita muy valiente que se llamaba Cis hijo de Abiel. Era descendiente en línea directa de Seror, Becorat y Afía. 2 Este hombre tenía un hijo que se llamaba Saúl, el cual era un joven muy bien parecido. Entre todos los jóvenes israelitas no había nadie más bien parecido que él; además, era más alto que cualquiera del pueblo.


3 Un día, se perdieron las asnas de Cis, su padre, así que éste le dijo a su hijo Saúl:


«Levántate y ve enseguida a buscar las asnas. Lleva contigo a uno de los criados.»


4 Saúl y su criado atravesaron los montes de Efraín y llegaron hasta el territorio de Salisa, pero no las encontraron. De allí siguieron a la tierra de Sagalín, y tampoco las hallaron. Fueron entonces a la tierra de Benjamín, y tampoco estaban allí. 5 Cuando llegaron a la tierra de Suf, Saúl le dijo al criado que lo acompañaba:


«Vamos a regresar. Tal vez ahora mi padre esté más preocupado por nosotros que por las asnas.»


6 Pero el criado le dijo:


«En esta ciudad hay un hombre de Dios, a quien todos respetan, pues todo lo que él anuncia sucede sin falta. Vamos a verlo; tal vez nos dé alguna pista en cuanto al propósito de nuestro viaje.»


7 Y Saúl le respondió:


«Está bien, vamos; pero ¿qué podemos ofrecerle? Ya no tenemos pan en nuestras alforjas. ¿Qué podemos llevarle a ese hombre de Dios?»


8 El criado respondió:


«Yo tengo un poco de plata, pero se la daré a ese hombre para que nos diga hacia dónde dirigirnos.»


9 Antiguamente, cualquiera en Israel que consultaba a Dios, decía: «Vamos a ver al vidente», porque así se le llamaba al que luego se llamó «profeta». 10 Así que Saúl le dijo a su criado:


«Bien dicho. Vamos, pues.»


Y se dirigieron a la ciudad en donde estaba el hombre de Dios. 11 Cuando subían por la cuesta de la ciudad, se encontraron con unas jóvenes que salían por agua, y les preguntaron:


«¿Vive aquí el vidente?»


12 Ellas les respondieron:


«Sí, pero más adelante. Dense prisa, porque hoy ha venido a la ciudad para acompañar al pueblo, que va a ofrecer sacrificios en el santuario que está en lo alto del cerro. 13 En cuanto entren en la ciudad lo van a ver, pero búsquenlo antes de que suba al santuario para el banquete, pues el pueblo no comerá hasta que él llegue, ya que es él quien bendice el sacrificio; después de eso, comen los invitados. Vayan ahora mismo, y lo hallarán.»


14 Ellos se dirigieron a la ciudad, y cuando llegaron al centro, Samuel ya venía hacia ellos y en dirección al santuario del cerro. 15 Pero el Señor ya había hablado con Samuel un día antes de que Saúl llegara. Le había dicho:


16 «Prepárate, porque mañana a esta misma te enviaré a un joven benjaminita. Vas a consagrarlo como rey de mi pueblo Israel, pues él lo va a salvar de los filisteos. El clamor de mi pueblo ha llegado a mis oídos, y yo he puesto en ellos mis ojos.»


17 En cuanto Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo:


«Éste es el hombre de quien te hablé. Éste es el que va a gobernar a mi pueblo.»


18 En cuanto Saúl vio que Samuel entraba en la ciudad, se acercó a él y le dijo:


«Te ruego que me digas dónde vive el vidente.»


19 Y Samuel le respondió:


«Yo soy el vidente. Acompáñame al santuario allá arriba, y come hoy conmigo. Mañana, cuando te vayas, te diré todo lo que te está inquietando. 20 Yo sé que hace tres días se perdieron las asnas de tu padre, pero no te preocupes, porque ya las encontraron. Ahora dime: ¿Quién merece tener lo mejor que hay en Israel? Te lo voy a decir. Lo merecen tú y la familia de tu padre.»


21 Pero Saúl respondió:


«Yo soy descendiente de Benjamín, que es la más pequeña de las tribus de Israel. ¿Por qué me dices estas cosas?»


22 Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, y los llevó a la sala y les ofreció la cabecera de la mesa, aun cuando Samuel tenía treinta invitados más. 23 Luego le dijo al cocinero:


«Trae la porción de carne que te dije que apartaras.»


24 El cocinero llevó la espaldilla y todo lo que iba con ella, y la puso delante de Saúl. Entonces Samuel le dijo:


«Esto estaba reservado para ti. Sírvete y come, pues se reservó para tu visita que ya esperaba, aun cuando todo el pueblo también estaba invitado.»


Y Saúl comió aquel día con Samuel. 25 Y cuando bajaron del cerro, fueron a la ciudad y Samuel habló con Saúl en la azotea de la casa. 26 Al día siguiente, al despuntar el alba, Saúl estaba en la azotea; pero Samuel lo llamó y le dijo:


«Levántate, para que te despida.»


Saúl se levantó, y ambos salieron; 27 y cuando se dirigían al otro lado de la ciudad, Samuel le pidió a Saúl que ordenara al criado adelantarse. El criado se adelantó, y entonces Samuel le dijo a Saúl:


«Tengo un mensaje de Dios para ti.»


Juan 6:22-42

Reina Valera Contemporánea

La gente busca a Jesús

22 Al día siguiente, la gente que estaba al otro lado del lago vio que allí no había habido más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. 23 Pero otras barcas habían arribado de Tiberias, cerca del lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 24 Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, entraron en las barcas y fueron a Cafarnaún, para buscar a Jesús.


Jesús, el pan de vida

25 Cuando lo hallaron al otro lado del lago, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo llegaste acá?» 26 Jesús les respondió: «De cierto, de cierto les digo que ustedes no me buscan por haber visto señales, sino porque comieron el pan y quedaron satisfechos. 27 Trabajen, pero no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual el Hijo del Hombre les dará; porque a éste señaló Dios el Padre.» 28 Entonces le dijeron: «¿Y qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?» 29 Jesús les respondió: «Ésta es la obra de Dios: que crean en aquel que él ha enviado.» 30 Le dijeron entonces: «Pero ¿qué señal haces tú, para que veamos y te creamos? ¿Qué es lo que haces? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, tal y como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer.”» 32 Y Jesús les dijo: «De cierto, de cierto les digo, que no fue Moisés quien les dio el pan del cielo, sino que es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. 33 Y el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.» 34 Le dijeron: «Señor, danos siempre este pan.»


35 Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36 Pero yo les he dicho que, aunque me han visto, no creen. 37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no lo echo fuera. 38 Porque no he descendido del cielo para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39 Y ésta es la voluntad del que me envió: Que de todo lo que él me dio, yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. 40 Y ésta es la voluntad de mi Padre: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el día final.»


41 Los judíos murmuraban acerca de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que descendió del cielo.» 42 Y decían: «¿Acaso no es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? Entonces ¿cómo puede decir: “Del cielo he descendido”?»


Salmos 106:32-48

Reina Valera Contemporánea

32 Junto a las aguas en Meriba irritaron al Señor,

y por culpa de ellos le fue mal a Moisés,

33 pues hicieron que su ánimo se exaltara,

y que hablara con precipitación.

34 No destruyeron a los pueblos

que el Señor les ordenó destruir,

35 sino que se mezclaron con ellos

y asimilaron sus malas costumbres;

36 rindieron culto a sus ídolos,

y eso los llevó a la ruina;

37 ofrecieron a sus hijos y a sus hijas

en sacrificio a esos demonios,

38 y así derramaron sangre inocente;

sangre que fue ofrecida a los dioses de Canaán,

sangre que dejó manchada la tierra.

39 Esos hechos los hicieron impuros,

pues actuaron como un pueblo infiel.


40 El Señor se enfureció contra su pueblo,

y sintió repugnancia por los que eran suyos.

41 Los dejó caer en manos de los paganos,

y fueron sometidos por quienes los odiaban.

42 Sus enemigos los oprimieron;

los sometieron bajo su poder.

43 Muchas veces el Señor los libró,

pero ellos optaron por ser rebeldes,

y por su maldad fueron humillados.


44 Al verlos Dios angustiados,

y al escuchar su clamor,

45 se acordaba de su pacto con ellos,

y por su gran misericordia los volvía a perdonar

46 y hacía que todos sus opresores

les tuvieran compasión.


47 Señor y Dios nuestro, ¡sálvanos!

¡haz que regresemos de entre las naciones

para que alabemos tu santo nombre,

y alegres te cantemos alabanzas!


48 ¡Bendito seas Señor, Dios de Israel,

desde siempre y hasta siempre!

Que todo el pueblo diga: «¡Amén!»

¡Aleluya!


Proverbios 14:34-35

Reina Valera Contemporánea

34 Un pueblo justo es un gran pueblo,

pero el pecado deshonra a las naciones.

35 El rey es amable con el siervo inteligente,

pero se enoja con el que lo avergüenza.


Reina Valera Contemporánea (RVC)

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DAB Español, Martes 12 de Mayo

Día 132, DAB Español, Martes 12 de Mayo 1 Samuel 12:1-13:23; Juan 7:1-29; Salmos 108; Proverbios 15:4 (Reina Valera Contemporánea (RVC)) S...