Thursday, July 2, 2026

Efesios 04

Efesios 2 (a continuación) - Reconciliación en Cristo
 1. Los gentiles eran personas despreciadas siendo gente sin pacto.
     Pero, ahora en Cristo Jesús son aceptos.
 2. Él es nuestra paz (no simplemente nos da paz).
 3. Somos miembros de la familia de Dios.
  a) Edificados sobre el fundamento de Cristo y sus ministerios.
  b) En quien todo el edificio va creciendo.
  c) La morada de Dios - La iglesia es su cuerpo.








DAB Español, Jueves 02 de Julio

Día 183, DAB Español, Jueves 02 de Julio


2 Reyes  20:1-22:3; Hechos 21:18-36; Salmos 150; Proverbios 18:9-10 (Nueva Biblia de las Américas (NBLA))










2 Reyes 20:1-22:3

Nueva Biblia de las Américas

Enfermedad y curación de Ezequías

20 En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías, hijo de Amoz, y le dijo: «Así dice el Señor: “Pon tu casa en orden, porque morirás y no vivirás”». 2 Entonces él volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor, diciendo: 3 «Te ruego, oh Señor, que te acuerdes ahora de cómo yo he andado delante de Ti en verdad y con corazón íntegro, y he hecho lo bueno ante Tus ojos». Y Ezequías lloró amargamente.


4 Y antes que Isaías hubiera salido del patio central, vino a él la palabra del Señor, diciendo: 5 «Vuelve y dile a Ezequías, príncipe de Mi pueblo: “Así dice el Señor, Dios de tu padre David: ‘He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; entonces te sanaré. Al tercer día subirás a la casa del Señor. 6 Y añadiré quince años a tu vida[a], y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria; y defenderé esta ciudad por amor a Mí mismo y por amor a Mi siervo David’”». 7 Entonces Isaías dijo: «Tomen una masa de higos». La tomaron y la pusieron sobre la úlcera, y sanó.


8 Y Ezequías dijo a Isaías: «¿Cuál será la señal de que el Señor me sanará, y de que subiré a la casa del Señor al tercer día?». 9 Respondió Isaías: «Esta será la señal del Señor para ti, de que el Señor hará lo que ha dicho: ¿avanzará la sombra diez grados[b] o retrocederá diez grados[c]?». 10 Y Ezequías respondió: «Es fácil que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados». 11 El profeta Isaías clamó al Señor, y Él hizo volver atrás la sombra diez grados en las gradas por las que había declinado, en las gradas de Acaz.


Ezequías muestra sus tesoros

12 En aquel tiempo Berodac Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un regalo a Ezequías, porque oyó que Ezequías había estado enfermo. 13 Y Ezequías los escuchó y les mostró toda su casa del tesoro: la plata y el oro, las especias y el aceite precioso, su arsenal y todo lo que se hallaba en sus tesoros. No hubo nada en su casa ni en todo su dominio que Ezequías no les mostrara. 14 Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le dijo: «¿Qué han dicho esos hombres y de dónde han venido a ti?». Y Ezequías respondió: «Han venido de un país lejano, de Babilonia». 15 Y él dijo: «¿Qué han visto en tu casa?». Y Ezequías respondió: «Han visto todo lo que hay en mi casa; no hay nada entre mis tesoros que yo no les haya mostrado».


16 Entonces Isaías dijo a Ezequías: «Oye la palabra del Señor: 17 “Vienen días cuando todo lo que hay en tu casa y todo lo que tus padres han atesorado hasta el día de hoy, será llevado a Babilonia; nada quedará”, dice el Señor. 18 “Y algunos de tus hijos que saldrán de ti, los que engendrarás, serán llevados, y serán oficiales[d] en el palacio del rey de Babilonia”». 19 Entonces Ezequías dijo a Isaías: «La palabra del Señor que has hablado es buena. Pues pensaba[e]: ¿No es así, si hay paz y seguridad[f] en mis días?». 20 Los demás hechos de Ezequías y todo su poderío, y cómo hizo el estanque y el acueducto, y trajo agua a la ciudad, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? 21 Y durmió Ezequías con sus padres; y su hijo Manasés reinó en su lugar.


Reinado de Manasés

21 Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. El nombre de su madre era Hepsiba. 2 Hizo lo malo ante los ojos del Señor, conforme a las abominaciones de las naciones que el Señor había desposeído delante de los israelitas. 3 Porque reedificó los lugares altos que su padre Ezequías había destruido; levantó también altares a Baal e hizo una Asera[g], como había hecho Acab, rey de Israel, y adoró a todo el ejército de los cielos y los sirvió.


4 Edificó además altares en la casa del Señor, de la cual el Señor había dicho: «En Jerusalén pondré Mi nombre». 5 Edificó altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa del Señor. 6 Hizo pasar por fuego a su hijo, practicó la hechicería, usó la adivinación y trató con adivinos y espiritistas. Hizo mucho mal ante los ojos del Señor, provocándolo a ira.


7 Colocó la imagen tallada de Asera[h] que él había hecho, en la casa de la cual el Señor había dicho a David y a su hijo Salomón: «En esta casa y en Jerusalén, que he escogido de entre todas las tribus de Israel, pondré Mi nombre para siempre. 8 Y haré que nunca más los pies de Israel vaguen fuera de la tierra que di a sus padres, con tal de que cuiden de hacer conforme a todo lo que les he mandado, y conforme a toda la ley que Mi siervo Moisés les ordenó». 9 Pero ellos no escucharon, y Manasés hizo que se extraviaran para que hicieran lo malo, más que las naciones que el Señor había destruido delante de los israelitas.


10 Entonces el Señor habló por medio de Sus siervos los profetas: 11 «Por cuanto Manasés, rey de Judá, ha hecho estas abominaciones, habiendo hecho lo malo más que todo lo que hicieron los amorreos antes de él, haciendo pecar también a Judá con sus ídolos; 12 por tanto, así dice el Señor, Dios de Israel: “Voy a traer tal calamidad sobre Jerusalén y Judá, que a todo el que oiga de ello le retumbarán ambos oídos. 13 Extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaria y la plomada de la casa de Acab, y limpiaré a Jerusalén como se limpia un plato, limpiándolo y volviéndolo boca abajo. 14 Abandonaré al remanente de Mi heredad y los entregaré en mano de sus enemigos, y serán para presa y despojo para todos sus enemigos; 15 porque han hecho lo malo ante Mis ojos, y han estado provocándome a ira desde el día en que sus padres salieron de Egipto, hasta el día de hoy”».


16 Además, Manasés derramó muchísima sangre inocente hasta llenar a Jerusalén de un extremo a otro, aparte de su pecado con el que hizo pecar a Judá para que hiciera lo malo ante los ojos del Señor. 17 Los demás hechos de Manasés, todo lo que hizo y el pecado que cometió, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? 18 Manasés durmió con sus padres, y fue sepultado en el jardín de su casa, en el jardín de Uza; y su hijo Amón reinó en su lugar.


Reinado de Amón

19 Amón tenía veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. El nombre de su madre era Mesulemet, hija de Haruz, de Jotba. 20 Hizo lo malo ante los ojos del Señor, como había hecho su padre Manasés. 21 Pues anduvo en todo el camino en que su padre había andado, sirvió a los ídolos a los que su padre había servido y los adoró. 22 Abandonó al Señor, el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino del Señor. 23 Y conspiraron contra él los siervos de Amón y mataron al rey en su casa. 24 Pero el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y en su lugar el pueblo de la tierra hizo rey a su hijo Josías. 25 Los demás hechos que Amón hizo, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? 26 Amón fue sepultado en su sepulcro en el jardín de Uza; y su hijo Josías reinó en su lugar.


Reinado de Josías

22 Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén. El nombre de su madre era Jedida, hija de Adaía, de Boscat. 2 Hizo lo recto ante los ojos del Señor y anduvo en todo el camino de su padre David; no se apartó ni a la derecha ni a la izquierda.


3 Y en el año dieciocho del rey Josías, el rey envió al escriba Safán, hijo de Azalía, de Mesulam, a la casa del Señor, diciéndole:


Footnotes

20:6 Lit. tus días.

20:9 O gradas, y así en los vers. 10 y 11.

20:9 O gradas, y así en los vers. 10 y 11.

20:18 O eunucos.

20:19 Lit. dijo.

20:19 O verdad.

21:3 I.e. deidad femenina.

21:7 I.e. deidad femenina.

Hechos 21:18-36

Nueva Biblia de las Américas

18 Al día siguiente Pablo fue[a] con nosotros a ver a Jacobo[b], y todos los ancianos estaban presentes. 19 Después de saludarlos, comenzó a referirles una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles mediante su ministerio.


20 Ellos, cuando lo oyeron, glorificaban a Dios y le dijeron: «Hermano, ya ves cuántos miles[c] hay entre los judíos que han creído, y todos son celosos de la ley. 21 Se les ha contado acerca de ti, que enseñas a todos los judíos entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen[d] las tradiciones. 22 Entonces, ¿qué es lo que se debe hacer? Porque sin duda la multitud se reunirá[e] pues oirán que has venido.


23 »Por tanto, haz esto que te decimos. Tenemos cuatro hombres que han hecho un voto[f]; 24 tómalos y purifícate junto con ellos, y paga sus gastos[g] para que se rasuren la cabeza. Así todos sabrán que no hay nada cierto en lo que se les ha dicho acerca de ti, sino que tú también vives ordenadamente, guardando la ley. 25 Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito, habiendo decidido que deben abstenerse de todo lo que ha sido sacrificado a los ídolos, de sangre y de comer carne de animales estrangulados y de fornicación».


26 Entonces Pablo tomó consigo a los hombres, y al día siguiente, purificándose[h] junto con ellos, fue al templo, notificando de la terminación de los días de purificación, hasta que el sacrificio se ofreciera por cada uno de ellos.


El tumulto en el templo

27 Cuando estaban para cumplirse los siete días, los judíos de Asia[i], al verlo en el templo alborotaron a todo el pueblo y le echaron mano, 28 gritando: «¡Hombres de Israel[j], ayúdennos! Este es el hombre que enseña[k] a todos, por todas partes, contra nuestro pueblo, la ley y este lugar. Además, incluso ha traído griegos al templo, y ha profanado este lugar santo». 29 Pues anteriormente habían visto a Trófimo el Efesio con él en la ciudad, y pensaban que Pablo lo había traído al templo.


30 Se alborotó toda la ciudad, y llegó el pueblo corriendo de todas partes[l]. Apoderándose de Pablo lo arrastraron fuera del templo, y al instante cerraron las puertas. 31 Mientras procuraban matarlo, llegó aviso al comandante[m] de la compañía[n] romana que toda Jerusalén estaba en confusión. 32 Inmediatamente tomó consigo algunos soldados y centuriones, y corrió hacia ellos; cuando el pueblo vio al comandante y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.


33 Entonces el comandante llegó y lo arrestó, y ordenó que lo ataran con dos cadenas, y preguntaba quién era y qué había hecho. 34 Pero entre la muchedumbre unos gritaban una cosa y otros otra, y como él no pudo averiguar con certeza los hechos, debido al tumulto, ordenó que llevaran a Pablo al cuartel. 35 Cuando Pablo llegó a las gradas, los soldados tuvieron que cargarlo por causa de la violencia de la turba[o]; 36 porque la multitud del pueblo lo seguía, gritando: «¡Muera!».


Footnotes

21:18 Lit. entró.

21:18 O Santiago, hermano de Jesús.

21:20 Lit. diez miles.

21:21 Lit. ni anden conforme a.

21:22 Algunos mss. antiguos no incluyen: la multitud se reunirá.

21:23 Lit. tienen un voto sobre sí.

21:24 Lit. gasta en ellos.

21:26 O tomó a los hombres el día siguiente y purificándose.

21:27 I.e. provincia occidental de Asia Menor.

21:28 Lit. Hombres de Israel.

21:28 O predica.

21:30 Lit. ocurrió un correr junto de todo el pueblo.

21:31 Gr. quiliarca; i.e. oficial militar romano al mando de mil soldados, y así en el resto del cap.

21:31 I.e. tropa.

21:35 O multitud.

Salmos 150

Nueva Biblia de las Américas

Salmo 150

Salmo de alabanza

150 ¡Aleluya!

Alaben a Dios en Su santuario;

Alábenlo en Su majestuoso firmamento.

2 Alaben a Dios por Sus hechos poderosos;

Alábenlo según la excelencia de Su grandeza.

3 ¶Alaben a Dios con sonido de trompeta;

Alábenlo con arpa y lira.

4 Alaben a Dios con pandero y danza;

Alábenlo con instrumentos de cuerda y flauta.

5 Alaben a Dios con címbalos sonoros;

Alábenlo con címbalos resonantes.

6 Todo lo que respira alabe al Señor.

¡Aleluya!


Proverbios 18:9-10

Nueva Biblia de las Américas

9 También el que es negligente en su trabajo

Es hermano del que destruye.

10 El nombre del Señor es torre fuerte,

A ella corre el justo y está a salvo[a].


Footnotes

18:10 Lit. es puesto en alto.

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Wednesday, July 1, 2026

DAB Español, Miércoles 01 de Julio

Día 182, DAB Español, Miércoles 01 de Julio


2 Reyes 18:13-19:37; Hechos 21:1-17; Salmos 149; Proverbios 18:8 (Nueva Biblia de las Américas (NBLA))










2 Reyes 18:13-19:37

Nueva Biblia de las Américas

Invasión de Senaquerib

13 En el año catorce del rey Ezequías, subió Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó. 14 Entonces Ezequías, rey de Judá, envió a decir al rey de Asiria en Laquis: «He hecho lo malo. Retírate[a] de mí; lo que me impongas, aceptaré». Y el rey de Asiria impuso a Ezequías, rey de Judá, 10.2 toneladas de plata y una tonelada de oro. 15 Y Ezequías le dio toda la plata que se hallaba en la casa del Señor y en los tesoros de la casa del rey. 16 En aquel tiempo Ezequías quitó el oro de las puertas del templo del Señor, y de los postes de las puertas que el mismo Ezequías, rey de Judá, había revestido de oro, y lo entregó al rey de Asiria.


17 Desde Laquis el rey de Asiria envió a Jerusalén, al Tartán, al Rabsaris y al Rabsaces[b] con un gran ejército contra el rey Ezequías. Y subieron y llegaron a Jerusalén. Y cuando subieron, llegaron y se colocaron junto al acueducto del estanque superior que está en la calzada del campo del Batanero[c]. 18 Llamaron al rey, y salió a ellos Eliaquim, hijo de Hilcías, que era mayordomo, con el escriba Sebna y el cronista Joa, hijo de Asaf.


19 Entonces el Rabsaces les dijo: «Digan ahora a Ezequías: “Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ‘¿Qué confianza es esta que tú tienes? 20 Tú dices (pero solo son palabras vanas): “Tengo consejo y poder para la guerra”. Pero ahora, ¿en quién confías que te has rebelado contra mí? 21 Yo sé que tú confías en el báculo de esta caña quebrada, es decir, en Egipto, en el cual, si un hombre se apoya, penetrará en su mano y la traspasará. Así es Faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él. 22 Pero si ustedes me dicen: “Nosotros confiamos en el Señor nuestro Dios”, ¿no es Él aquel cuyos lugares altos y cuyos altares Ezequías ha quitado y ha dicho a Judá y a Jerusalén: “Adorarán delante de este altar en Jerusalén”? 23 Ahora pues, te ruego que llegues a un acuerdo[d] con mi señor el rey de Asiria, y yo te daré 2,000 caballos, si por tu parte puedes poner jinetes sobre ellos. 24 ¿Cómo, pues, puedes rechazar a un oficial[e] de los menores de los siervos de mi señor, y confiar en Egipto para tener carros y hombres de a caballo? 25 ¿He subido ahora sin el consentimiento del Señor contra este lugar para destruirlo? El Señor me dijo: “Sube contra esta tierra y destrúyela”’”».


26 Entonces Eliaquim, hijo de Hilcías, Sebna y Joa dijeron al Rabsaces: «Le rogamos que hable a sus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos[f], y no nos hable en la lengua de Judá[g] a oídos del pueblo que está sobre la muralla». 27 Pero el Rabsaces les dijo: «¿Acaso me ha enviado mi señor para hablar estas palabras solo a tu señor y a ti, y no a los hombres que están sentados en la muralla, condenados a comer sus propios excrementos y beber su propia orina con ustedes?». 28 El Rabsaces se puso en pie, gritó a gran voz en la lengua de Judá, y dijo: «Escuchen la palabra del gran rey, el rey de Asiria. 29 Así dice el rey: “Que no los engañe Ezequías, porque él no los podrá librar de mi[h] mano; 30 ni que Ezequías les haga confiar en el Señor, diciendo: ‘Ciertamente el Señor nos librará, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria’. 31 No escuchen a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: ‘Hagan la paz conmigo[i] y salgan a mí, y coma cada uno de su vid y cada uno de su higuera, y beba cada cual de las aguas de su cisterna, 32 hasta que yo venga y los lleve a una tierra como la tierra de ustedes, tierra de grano y de vino nuevo, tierra de pan y de viñas, tierra de olivos y de miel, para que vivan y no mueran’.


Pero no escuchen a Ezequías porque los engaña, diciendo: ‘El Señor nos librará’. 33 ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? 34 ¿Dónde están los dioses de Hamat y de Arfad? ¿Dónde están los dioses de Sefarvaim, de Hena y de Iva? ¿Cuándo han librado ellos a Samaria de mi mano? 35 ¿Quiénes de entre todos los dioses de estas tierras han librado su tierra de mi mano, para que el Señor libre a Jerusalén de mi mano?”». 36 Pero el pueblo se quedó callado y no le respondió palabra alguna, porque la orden del rey era: «No le respondan». 37 Entonces Eliaquim, hijo de Hilcías, mayordomo de la casa real, el escriba Sebna y el cronista Joa, hijo de Asaf, fueron a Ezequías con sus vestidos rasgados, y le relataron las palabras del Rabsaces.


Ezequías y el profeta Isaías

19 Cuando el rey Ezequías oyó esto rasgó sus vestidos, se cubrió de cilicio y entró en la casa del Señor. 2 Envió entonces a Eliaquim, mayordomo de la casa real, con el escriba Sebna y los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, para hablar con el profeta Isaías, hijo de Amoz. 3 Y ellos le dijeron: «Así dice Ezequías: “Este día es día de angustia, de reprensión y de desprecio, pues hijos están para nacer, pero no hay fuerzas para dar a luz. 4 Tal vez el Señor tu Dios oirá todas las palabras del Rabsaces, a quien su señor, el rey de Asiria, ha enviado para injuriar al Dios vivo, y lo reprenderá por las palabras que el Señor tu Dios ha oído. Eleva, pues, una oración por el remanente que aún queda”».


5 Cuando llegaron los siervos del rey Ezequías ante Isaías, 6 este les dijo: «Así dirán a su señor: “Así dice el Señor: ‘No temas por las palabras que has oído, con las que los criados del rey de Asiria me han blasfemado. 7 Yo pondré en él un espíritu, oirá un rumor y se volverá a su tierra; y en su tierra lo haré caer a espada’”».


8 Entonces el Rabsaces volvió y halló al rey de Asiria peleando contra Libna, pues había oído que el rey había partido de Laquis. 9 Y les oyó decir acerca de Tirhaca, rey de Cus[j]: «Ha salido a pelear contra ti». Entonces envió de nuevo mensajeros a Ezequías, diciendo: 10 «Así dirán a Ezequías, rey de Judá: “No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: ‘Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria’. 11 Tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todas las naciones[k], destruyéndolas por completo, ¿y serás tú librado? 12 ¿Acaso los libraron los dioses de las naciones que mis padres destruyeron, es decir, Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? 13 ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?”».


14 Entonces Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó, y subió a la casa del Señor y la extendió delante del Señor. 15 Y oró Ezequías delante del Señor, y dijo: «Oh Señor, Dios de Israel, que estás sobre los querubines, solo Tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste los cielos y la tierra. 16 Inclina, oh Señor, Tu oído y escucha; abre, oh Señor, Tus ojos y mira; escucha las palabras que Senaquerib ha enviado para injuriar al Dios vivo. 17 En verdad, oh Señor, los reyes de Asiria han asolado las naciones y sus tierras, 18 y han echado sus dioses al fuego, porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y piedra; por eso los han destruido. 19 Y ahora, oh Señor, Dios nuestro, líbranos, te ruego, de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que solo Tú, oh Señor, eres Dios».


20 Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Lo que me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he escuchado”. 21 Esta es la palabra que el Señor ha hablado contra él:


“Te ha despreciado y se ha burlado de ti

La virgen hija de Sión;

Ha movido la cabeza a tus espaldas

La hija de Jerusalén.

22 -”¿A quién has injuriado y blasfemado?

¿Y contra quién has alzado la voz

Y levantado con orgullo tus ojos?

¡Contra el Santo de Israel!

23 -”Por mano de tus mensajeros has injuriado al Señor,

Y has dicho: ‘Con mis numerosos carros

Subí a las cumbres de los montes,

A las partes más remotas del Líbano;

Corté sus altos cedros y sus mejores cipreses,

Y entré en su morada más lejana, en su más frondoso bosque.

24 -’Yo cavé pozos y bebí aguas extranjeras,

Y sequé con la planta de mi pie

Todos los ríos de Egipto’.

25 ¶”¿No has oído?

Hace mucho tiempo que lo hice,

Desde la antigüedad lo había planeado.

Ahora lo he realizado,

Para que conviertas las ciudades fortificadas

En montones de ruinas.

26 -”Sus habitantes, faltos de fuerzas,

Fueron desalentados y humillados;

Vinieron a ser como la vegetación del campo

Y como la hierba verde,

Como la hierba en los techos que se quema

Antes de que haya crecido.

27 -”Pero conozco tu sentarte,

Tu salir y tu entrar,

Y tu furor contra Mí.

28 -”Porque estás lleno de ira contra Mí,

Y porque tu arrogancia[l] ha subido hasta Mis oídos,

Pondré, pues, Mi argolla en tu nariz

Y Mi freno en tus labios,

Y te haré volver por el camino por donde viniste.


29 ”Esto te será por señal: Este año ustedes comerán lo que crezca espontáneamente; el segundo año lo que nazca de por sí, y en el tercer año siembren, sieguen, planten viñas y coman su fruto. 30 Y el remanente de la casa de Judá que se salve, de nuevo echará raíces por debajo y dará fruto por arriba. 31 Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sión sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará esto.


32 ”Por tanto, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: ‘Él no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ella. 33 Por el camino que vino, por él se volverá, y no entrará en esta ciudad’”, declara el Señor. 34 “Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a Mí mismo y por amor a Mi siervo David”».


Muerte de Senaquerib

35 Aconteció que aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió a 185,000 en el campamento de los asirios. Cuando los demás se levantaron por la mañana, vieron que todos eran cadáveres. 36 Senaquerib, rey de Asiria, salió y regresó a su tierra, y habitó en Nínive. 37 Y mientras él adoraba en la casa de su dios Nisroc, Adramelec y Sarezer lo mataron a espada y huyeron a la tierra de Ararat. Y su hijo Esar Hadón reinó en su lugar.


Footnotes

18:14 Lit. Vuelve.

18:17 I.e. oficiales de alto rango.

18:17 O Lavandero.

18:23 Lit. intercambies promesas.

18:24 O gobernador.

18:26 Lit. oímos.

18:26 Lit. en judío; i.e. en hebreo, y así en el vers. 28.

18:29 Así en algunas versiones antiguas; en heb. su.

18:31 Lit. Hagan conmigo una bendición.

19:9 O Etiopía.

19:11 Lit. tierras.

19:28 Lit. complacencia.

Hechos 21:1-17

Nueva Biblia de las Américas

Despedida en Tiro

21 Después de separarnos de ellos, salimos y navegamos con rumbo directo a Cos, al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara. 2 Al encontrar un barco que iba para Fenicia, subimos a bordo y nos hicimos a la vela.


3 Cuando vimos la isla de Chipre, dejándola a la izquierda, navegamos hacia Siria, y desembarcamos en Tiro porque la nave debía dejar allí su cargamento. 4 Después de hallar a los discípulos, nos quedamos allí siete días, y ellos le decían a Pablo, por el Espíritu[a], que no fuera a Jerusalén[b].


5 Pasados aquellos días[c] partimos y emprendimos nuestro viaje mientras que todos ellos, con sus mujeres e hijos, nos acompañaron hasta las afueras de la ciudad. Después de arrodillarnos y orar en la playa, nos despedimos unos de otros. 6 Entonces subimos al barco y ellos regresaron a sus hogares.


Pablo en Cesarea

7 Terminado el viaje desde Tiro, llegamos a Tolemaida, y después de saludar a los hermanos, nos quedamos con ellos un día. 8 Al día siguiente partimos y llegamos a Cesarea, y entrando en la casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, nos quedamos con él. 9 Este tenía cuatro hijas vírgenes que profetizaban.


10 Y deteniéndonos allí varios días, descendió de Judea cierto profeta llamado Agabo, 11 quien vino[d] a vernos, y tomando el cinto de Pablo, se ató las manos y los pies, y dijo: «Así dice el Espíritu Santo: “Así atarán los judíos en Jerusalén al dueño de este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles”».


12 Al escuchar esto, tanto nosotros como los que vivían allí[e] le rogábamos que no subiera a Jerusalén. 13 Entonces Pablo respondió: «¿Qué hacen, llorando y quebrantándome el corazón? Porque listo estoy no solo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús». 14 Como no se dejaba persuadir, dejamos de insistir, diciéndonos: «Que se haga la voluntad del Señor».


15 Después de estos días nos preparamos y comenzamos a subir hacia Jerusalén. 16 Nos acompañaron también algunos de los discípulos de Cesarea, quienes nos condujeron a Mnasón, de Chipre, un antiguo discípulo con quien deberíamos hospedarnos.


Pablo en Jerusalén

17 Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con regocijo.


Footnotes

21:4 I.e. por causa de impresiones dadas por el Espíritu.

21:4 Lit. que no pusiera el pie en Jerusalén.

21:5 Lit. cuando habíamos completado los días.

21:11 Lit. y viniendo.

21:12 Lit. los del lugar.

Salmos 149

Nueva Biblia de las Américas

Salmo 149

Alabe Israel al Señor

149 ¡Aleluya!

Canten al Señor un cántico nuevo,

Y Su alabanza en la congregación de los santos.

2 Alégrese Israel en su Creador;

Regocíjense los hijos de Sión en su Rey.

3 Alaben Su nombre con danza;

Y canten a Él alabanza con pandero y lira.

4 Porque el Señor se deleita en Su pueblo;

Adornará de salvación a los afligidos.

5 ¶Regocíjense de gloria los santos;

Canten con gozo sobre sus camas.

6 Sean las alabanzas de Dios en su boca,

Y una espada de dos filos en su mano,

7 Para ejecutar venganza en las naciones

Y castigo en los pueblos;

8 Para atar a sus reyes con cadenas

Y a sus nobles con grillos de hierro;

9 Para ejecutar en ellos el juicio decretado:

Esto es gloria para todos Sus santos.

¡Aleluya!


Proverbios 18:8

Nueva Biblia de las Américas

8 Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,

Y penetran hasta el fondo de las entrañas[a].


Footnotes

18:8 Lit. las cavidades del vientre.

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Tuesday, June 30, 2026

DAB Español, Martes 30 de Junio

Día 181, DAB Español, Martes 30 de Junio


2 Reyes 17:1-18:12; Hechos 20:1-38; Salmos 148; Proverbios 18:6-7 (Nueva Biblia de las Américas (NBLA))










2 Reyes 17:1-18:12

Nueva Biblia de las Américas

Causas de la caída del reino de Israel

17 En el año doce de Acaz, rey de Judá, Oseas, hijo de Ela, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, y reinó nueve años. 2 Hizo lo malo ante los ojos del Señor, aunque no como los reyes de Israel que habían sido antes de él. 3 Subió contra él Salmanasar, rey de Asiria, y Oseas fue hecho su siervo, y le pagaba tributo. 4 Pero el rey de Asiria descubrió una conspiración de[a] Oseas, quien había enviado mensajeros a So, rey de Egipto, y no había pagado tributo al rey de Asiria como había hecho año tras año. Por tanto el rey de Asiria lo detuvo y lo encadenó en la cárcel. 5 Entonces el rey de Asiria invadió todo el país y subió a Samaria, y le puso sitio por tres años. 6 En el año noveno de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria y se llevó a Israel al destierro en Asiria, y los puso en Halah y en Habor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos.


7 Esto sucedió porque los israelitas habían pecado contra el Señor su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto de bajo la mano de Faraón, rey de Egipto, y habían reverenciado a otros dioses; 8 y anduvieron en las costumbres de las naciones que el Señor había arrojado de delante de los israelitas, y en las costumbres de los reyes de Israel que ellos habían introducido. 9 Los israelitas secretamente hicieron cosas[b] que no eran rectas contra el Señor su Dios. Además se edificaron lugares altos en todas sus ciudades, desde las torres de atalaya hasta las ciudades fortificadas. 10 Se erigieron pilares sagrados y Aseras[c] sobre toda colina alta y bajo todo árbol frondoso. 11 Quemaron incienso allí en todos los lugares altos, como las naciones que el Señor se había llevado al destierro de delante de ellos; e hicieron cosas malas provocando al Señor. 12 Y sirvieron a ídolos, acerca de los cuales el Señor les había dicho: «Ustedes no harán esto».


13 El Señor amonestaba a Israel y a Judá por medio de todos Sus profetas y de todo vidente, diciendo: «Vuélvanse de sus malos caminos y guarden Mis mandamientos, Mis estatutos conforme a toda la ley que ordené a sus padres y que les envié por medio de Mis siervos los profetas». 14 Sin embargo, ellos no escucharon, sino que fueron tercos[d] como sus padres, que no creyeron en el Señor su Dios. 15 Desecharon Sus estatutos y el pacto que Él había hecho con sus padres, y Sus advertencias con las cuales los había amonestado. Siguieron la vanidad y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que los rodeaban, respecto de las cuales el Señor les había ordenado que no hicieran como ellas. 16 Y abandonaron todos los mandamientos del Señor su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros; hicieron una Asera[e], adoraron a todo el ejército de los cielos y sirvieron a Baal. 17 Hicieron pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas. Practicaron la adivinación y los encantamientos, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos del Señor, provocándolo. 18 Y el Señor se enojó en gran manera contra Israel y los quitó de su presencia. Solo quedó la tribu de Judá.


19 Tampoco Judá guardó los mandamientos del Señor su Dios, sino que anduvieron en las costumbres[f] que Israel había introducido. 20 Y el Señor desechó a toda la descendencia[g] de Israel, y los afligió y los entregó en mano de saqueadores, hasta que los echó de su presencia. 21 Cuando Él arrancó a Israel de la casa de David, ellos hicieron rey a Jeroboam, hijo de Nabat. Entonces Jeroboam apartó a Israel de seguir al Señor, y les hizo cometer un gran pecado. 22 Los israelitas anduvieron en todos los pecados que había cometido Jeroboam; no se apartaron de ellos, 23 hasta que el Señor quitó a Israel de Su presencia, como Él había hablado por medio de todos Sus siervos los profetas. E Israel fue llevado de su propia tierra al destierro, a Asiria, hasta hoy.


24 El rey de Asiria trajo hombres de Babilonia, de Cuta, de Ava[h], de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria en lugar de los israelitas. Y tomaron posesión de Samaria y habitaron en sus ciudades. 25 Al principio de habitar ellos allí, no temieron al Señor, así que el Señor envió leones entre ellos que mataron a muchos de ellos. 26 Entonces hablaron al rey de Asiria: «Las naciones que ha llevado al destierro a las ciudades de Samaria, no conocen la costumbre del dios de la tierra; por eso él ha enviado leones entre ellos, y es la causa por la que los leones los matan porque ellos no conocen la costumbre del dios de la tierra».


27 Y el rey de Asiria ordenó: «Lleven allá a uno de los sacerdotes que ustedes llevaron al destierro, y que él vaya y habite allí; y que les enseñe la costumbre del dios de la tierra». 28 Y vino uno de los sacerdotes que habían llevado al destierro desde Samaria, y habitó en Betel[i], y les enseñó cómo habían de temer al Señor. 29 Pero cada nación continuó haciendo sus propios dioses, y los pusieron en las casas de los lugares altos que los samaritanos habían hecho, cada nación en las ciudades en que habitaban. 30 Y los hombres de Babilonia hicieron a Sucot Benot; los hombres de Cuta hicieron a Nergal; los hombres de Hamat hicieron a Asima; 31 y los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac; y los de Sefarvaim quemaban a sus hijos en el fuego como ofrenda a Adramelec y Anamelec, dioses de Sefarvaim. 32 También temían al Señor pero nombraron de entre sí sacerdotes de los lugares altos, que oficiaban por ellos en las casas de los lugares altos. 33 Temían al Señor pero servían a sus dioses conforme a la costumbre de las naciones de donde habían sido llevados al destierro.


34 Hasta el día de hoy siguen haciendo conforme a sus antiguas costumbres. No temen[j] al Señor, ni siguen sus estatutos ni sus ordenanzas ni la ley ni el mandamiento que el Señor había ordenado a los hijos de Jacob, a quien puso el nombre de Israel, 35 con los cuales el Señor hizo un pacto y les ordenó: «No temerán[k] a otros dioses ni se inclinarán ante ellos, no los servirán ni les ofrecerán sacrificios. 36 Sino que al Señor, que los hizo subir de la tierra de Egipto con gran poder y con brazo extendido, a Él temerán[l] y ante Él se inclinarán y a Él ofrecerán sacrificios. 37 Y los estatutos, las ordenanzas, la ley y el mandamiento que Él les escribió, cuidarán de cumplirlos siempre, y no temerán a otros dioses. 38 Y el pacto que he hecho con ustedes, no lo olvidarán, ni temerán a otros dioses. 39 Sino que al Señor su Dios temerán, y Él los librará de mano de todos sus enemigos».


40 Pero ellos no escucharon, sino que hicieron conforme a su antigua costumbre. 41 Y aunque estas naciones temían al Señor, también servían a sus ídolos; y de la misma manera que hicieron sus padres, así hacen hasta hoy sus hijos y sus nietos.


Ezequías rey de Judá

18 En el año tercero de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Acaz, rey de Judá. 2 Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre era Abi[m], hija de Zacarías. 3 Hizo lo recto ante los ojos del Señor, conforme a todo lo que su padre David había hecho. 4 Quitó los lugares altos, derribó los pilares sagrados y cortó la Asera[n]. También hizo pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque hasta aquellos días los israelitas le quemaban incienso; y la llamaban Nehustán[o].


5 Ezequías confió en el Señor, Dios de Israel. Después de él, no hubo ninguno como él entre todos los reyes de Judá, ni entre los que fueron antes de él, 6 porque se apegó al Señor; no se apartó de Él, sino que guardó los mandamientos que el Señor había ordenado a Moisés. 7 El Señor estaba con él; adondequiera que iba prosperaba. Se rebeló contra el rey de Asiria y no le sirvió. 8 Derrotó[p] a los filisteos hasta Gaza y su territorio, desde las torres de atalaya hasta las ciudades fortificadas.


9 En el año cuarto del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, Salmanasar, rey de Asiria, subió contra Samaria y la sitió, 10 y después de tres años la tomaron. En el año sexto de Ezequías, que era el año noveno de Oseas, rey de Israel, Samaria fue tomada. 11 Y el rey de Asiria llevó a Israel al destierro en Asiria, y los puso en Halah y en el Habor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos, 12 porque no obedecieron la voz del Señor su Dios, sino que quebrantaron Su pacto, es decir, todo lo que Moisés, siervo del Señor, había ordenado; no escucharon, ni lo cumplieron.


Footnotes

17:4 Lit. en.

17:9 O pronunciaron palabras.

17:10 I.e. deidades femeninas.

17:14 Lit. endurecieron su cerviz.

17:16 I.e. deidad femenina.

17:19 Lit. los estatutos.

17:20 Lit. simiente.

17:24 En 2Rey. 18:34, Iva.

17:28 I.e. Casa de Dios.

17:34 O reverencian.

17:35 O reverenciarán.

17:36 O reverenciarán.

18:2 En 2Crón. 29:1, Abías.

18:4 I.e. deidad femenina.

18:4 I.e. pedazo de bronce.

18:8 Lit. Hirió.

Hechos 20

Nueva Biblia de las Américas

Viaje de Pablo por Macedonia y Grecia

20 Después que cesó el alboroto, Pablo mandó llamar a los discípulos, y habiéndolos exhortado, despidiéndose, partió para ir a Macedonia. 2 Y después de recorrer aquellas regiones y de haberlos exhortado mucho, llegó a Grecia. 3 Pasó allí tres meses, y habiéndose tramado un plan en su contra de parte de los judíos cuando estaba por embarcarse para Siria, tomó la decisión de regresar por Macedonia.


4 Lo acompañaban Sópater de Berea, hijo de Pirro; Aristarco y Segundo de los tesalonicenses; Gayo de Derbe, y Timoteo; Tíquico y Trófimo de Asia[a]. 5 Pero estos se habían adelantado y nos esperaban en Troas. 6 Nos embarcamos en Filipos después de los días de la Fiesta de los Panes sin Levadura[b], y en cinco días llegamos adonde ellos estaban en Troas; y allí nos quedamos siete días.


Despedida de Pablo en Troas

7 El primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para partir el pan, Pablo les hablaba, pensando salir al día siguiente, y prolongó su discurso[c] hasta la medianoche. 8 Había muchas lámparas en el aposento alto donde estábamos reunidos. 9 Y estaba sentado en la ventana un joven llamado Eutico. Como Pablo continuaba hablando, Eutico fue cayendo en un profundo sueño hasta que, vencido por el sueño, se cayó desde el tercer piso y lo levantaron muerto. 10 Pero Pablo bajó y se tendió sobre él, y después de abrazarlo, dijo: «No se alarmen[d], porque está vivo[e]».


11 Volviendo arriba, después de partir el pan y de comer[f], conversó largamente con ellos hasta el amanecer, y entonces se marchó. 12 Al muchacho se lo llevaron vivo, y quedaron grandemente[g] consolados.


Viaje de Troas a Mileto

13 Entonces nosotros, adelantándonos a tomar la nave, salimos para Asón, con el propósito de recoger allí a Pablo, pues así lo había decidido, deseando él ir por tierra[h] hasta Asón. 14 Cuando nos encontró en Asón, lo recibimos a bordo y nos dirigimos a Mitilene. 15 Saliendo de allí, al día siguiente llegamos frente a Quío; y al otro día atracamos en Samos. Habiendo hecho escala en Trogilio[i], al día siguiente llegamos a Mileto. 16 Porque Pablo había decidido dejar a un lado a Éfeso para no detenerse en Asia, pues se apresuraba para estar, en Jerusalén el día de Pentecostés si le era posible.


17 Desde Mileto mandó mensaje a Éfeso y llamó a los ancianos de la iglesia.


Despedida en Mileto

18 Cuando vinieron a él, les dijo:


«Ustedes bien saben cómo he sido con ustedes todo el tiempo, desde el primer día que estuve[j] en Asia. 19 He servido al Señor con toda humildad, con lágrimas y con pruebas que vinieron sobre mí por causa de las intrigas de los judíos. 20 Bien saben cómo no rehuí declararles a ustedes nada que fuera útil, y de enseñarles públicamente y de casa en casa[k], 21 testificando solemnemente, tanto a judíos como a griegos, del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.


22 »Ahora yo, atado en espíritu[l], voy a Jerusalén sin saber lo que allá me sucederá, 23 salvo que el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones. 24 Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera[m] y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios.


25 »Y ahora, yo sé que ninguno de ustedes, entre quienes anduve predicando el reino, volverá a ver mi rostro. 26 Por tanto, les doy testimonio[n] en este día de que soy inocente[o] de la sangre de todos, 27 pues no rehuí declararles todo el propósito[p] de Dios.


28 »Tengan cuidado de sí mismos y de toda la congregación, en medio de la cual el Espíritu Santo les ha hecho obispos[q] para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró[r] con Su propia sangre. 29 Sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre ustedes que no perdonarán el rebaño. 30 También de entre ustedes mismos se levantarán algunos[s] hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. 31 Por tanto, estén alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas.


32 »Ahora los encomiendo a Dios[t] y a la palabra de Su gracia, que es poderosa para edificarlos y darles la herencia entre todos los santificados. 33 Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado. 34 Ustedes saben que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo. 35 En todo les mostré que así, trabajando, deben ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”».


36 Cuando Pablo terminó de hablar[u], se arrodilló y oró con todos ellos. 37 Comenzaron todos a llorar desconsoladamente[v], y abrazando a[w] Pablo, lo besaban. 38 Estaban afligidos[x] especialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta el barco.


Footnotes

20:4 I.e. provincia occidental de Asia Menor.

20:6 O de los Ázimos.

20:7 Lit. la palabra.

20:10 O Dejen de estar atribulados.

20:10 Lit. su vida está en él.

20:11 Lit. probar.

20:12 Lit. no poco.

20:13 Lit. a pie.

20:15 Los mss. más antiguos no incluyen: habiendo hecho… Trogilio.

20:18 Lit. puse el pie.

20:20 O en los varios hogares privados.

20:22 O en el Espíritu.

20:24 Algunos mss. agregan: con gozo.

20:26 O los llamo como testigos.

20:26 Lit. limpio.

20:27 O consejo, o, designio.

20:28 O supervisores.

20:28 Lit. adquirió.

20:30 Lit. hombres.

20:32 Un ms. antiguo dice: al Señor.

20:36 Lit. Y diciendo esto.

20:37 Lit. hubo un considerable llanto de todos.

20:37 Lit. y echándose al cuello de.

20:38 Lit. sufriendo dolor.

Salmos 148

Nueva Biblia de las Américas

Salmo 148

Alabe la creación al Señor

148 ¡Aleluya!

Alaben al Señor desde los cielos;

Alábenlo en las alturas.

2 Alábenlo, todos Sus ángeles;

Alábenlo, todos Sus ejércitos.

3 Alábenlo, sol y luna;

Alábenlo, todas las estrellas luminosas.

4 Alábenlo, cielos de los cielos,

Y las aguas que están sobre los cielos.

5 Alaben ellos el nombre del Señor,

Pues Él ordenó y fueron creados;

6 Los estableció eternamente y para siempre,

Les dio ley que no pasará.

7 ¶Alaben al Señor desde la tierra,

Monstruos marinos y todos los abismos;

8 Fuego y granizo, nieve y bruma;

Viento tempestuoso que cumple Su palabra;

9 Los montes y todas las colinas;

Árboles frutales y todos los cedros;

10 Las fieras y todo el ganado;

Reptiles y aves que vuelan;

11 Reyes de la tierra y todos los pueblos;

Príncipes y todos los jueces de la tierra;

12 Jóvenes y también vírgenes;

Los ancianos junto con los niños.

13 ¶Alaben ellos el nombre del Señor,

Porque solo Su nombre es exaltado;

Su gloria es sobre tierra y cielos.

14 Él ha exaltado el poder de Su pueblo,

Alabanza para todos Sus santos,

Para los israelitas, pueblo a Él cercano.

¡Aleluya!


Proverbios 18:6-7

Nueva Biblia de las Américas

6 Los labios del necio provocan[a] riña,

Y su boca llama a los golpes.

7 La boca del necio es su ruina,

Y sus labios una trampa para su alma.


Footnotes

18:6 Lit. vienen con.

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