Wednesday, May 6, 2026

DAB Español, Jueves 07 de Mayo

Día 127, DAB Español, Jueves 07 de Mayo


1 Samuel 1:1-2:21; Juan 5:1-23; Salmos 105:37-45; Proverbios 14:28-29 (Dios Habla Hoy (DHH))










1 Samuel 1:1-2:21

Dios Habla Hoy

Dios concede un hijo a Ana

1 En un lugar de los montes de Efraín, llamado Ramá, vivía un hombre de la familia de Suf, cuyo nombre era Elcaná. Era hijo de Jeroham y nieto de Elihú. Su bisabuelo fue Tohu, hijo de Suf, que pertenecía a la tribu de Efraín. 2 Elcaná tenía dos esposas. Una se llamaba Ana, y la otra Peniná. Peniná tenía hijos, pero Ana no los tenía. 3 Todos los años salía Elcaná de su pueblo para rendir culto y ofrecer sacrificios en Siló al Señor todopoderoso. Allí había dos hijos del sacerdote Elí, llamados Hofní y Finees, que también eran sacerdotes del Señor.


4 Cuando Elcaná ofrecía el sacrificio, daba su ración correspondiente a Peniná y a todos los hijos e hijas de ella, 5 pero a Ana le daba una ración especial, porque la amaba mucho, a pesar de que el Señor le había impedido tener hijos. 6 Por esto Peniná, que era su rival, la molestaba y se burlaba de ella, humillándola porque el Señor la había hecho estéril.


7 Cada año, cuando iban al templo del Señor, Peniná la molestaba de este modo; por eso Ana lloraba y no comía. 8 Entonces le decía Elcaná, su marido: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué estás triste y no comes? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?»


9 En cierta ocasión, estando en Siló, Ana se levantó después de la comida. El sacerdote Elí estaba sentado en un sillón, cerca de la puerta de entrada del templo del Señor. 10 Y Ana, llorando y con el alma llena de amargura, se puso a orar al Señor 11 y le hizo esta promesa: «Señor todopoderoso: Si te dignas contemplar la aflicción de esta sierva tuya, y te acuerdas de mí y me concedes un hijo, yo lo dedicaré toda su vida a tu servicio, y en señal de esa dedicación no se le cortará el pelo.»


12 Como Ana estuvo orando largo rato ante el Señor, Elí se fijó en su boca; 13 pero ella oraba mentalmente. No se escuchaba su voz; sólo se movían sus labios. Elí creyó entonces que estaba borracha, 14 y le dijo:


—¿Hasta cuándo vas a estar borracha? ¡Deja ya el vino!


15 —No es eso, señor —contestó Ana—. No es que haya bebido vino ni ninguna bebida fuerte, sino que me siento angustiada y estoy desahogando mi pena delante del Señor. 16 No piense usted que soy una mala mujer, sino que he estado orando todo este tiempo porque estoy preocupada y afligida.


17 —Vete en paz —le contestó Elí—, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.


18 —Muchísimas gracias —contestó ella.


Luego Ana regresó por donde había venido, y fue a comer, y nunca más volvió a estar triste. 19 A la mañana siguiente madrugaron y, después de adorar al Señor, regresaron a su casa en Ramá. Después Elcaná se unió con su esposa Ana, y el Señor tuvo presente la petición que ella le había hecho. 20 Así Ana quedó embarazada, y cuando se cumplió el tiempo dio a luz un hijo y le puso por nombre Samuel, porque se lo había pedido al Señor.


21 Luego fue Elcaná con toda su familia a Siló, para cumplir su promesa y ofrecer el sacrificio anual; 22 pero Ana no fue, porque le dijo a su marido:


—No iré hasta que destete al niño. Entonces lo llevaré para dedicárselo al Señor y que se quede allá para siempre.


23 Elcaná, su marido, le respondió:


—Haz lo que mejor te parezca. Quédate hasta que lo hayas destetado. Y que el Señor cumpla su promesa.


Así ella se quedó y crió a su hijo hasta que lo destetó. 24 Y cuando le quitó el pecho, y siendo todavía él un niño pequeño, lo llevó consigo al templo del Señor en Siló. También llevó tres becerros, veintidós litros de trigo y un cuero de vino. 25 Entonces sacrificaron un becerro y presentaron el niño a Elí. 26 Y Ana le dijo:


—Perdone usted, señor, pero tan cierto como que usted vive es que yo soy aquella mujer que estuvo orando al Señor aquí, cerca de usted. 27 Le pedí al Señor que me diera este hijo, y él me lo concedió. 28 Yo, por mi parte, lo he dedicado al Señor, y mientras viva estará dedicado a él.


Entonces Elí se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, delante del Señor.


Cántico de Ana

2 Y Ana oró de esta manera:


«Señor, yo me alegro en ti de corazón

porque tú me das nuevas fuerzas.

Puedo hablar contra mis enemigos

porque tú me has ayudado.

¡Estoy alegre!

2 ¡Nadie es santo como tú, Señor!

¡Nadie protege como tú, Dios nuestro!

¡Nadie hay fuera de ti!

3 Que nadie hable con orgullo,

que nadie se jacte demasiado,

porque el Señor es el Dios que todo lo sabe,

y él pesa y juzga lo que hace el hombre.

4 Él destruye los arcos de los poderosos,

y reviste de poder a los débiles;

5 los que antes tenían de sobra,

ahora se alquilan por un pedazo de pan;

pero los que tenían hambre,

ahora ya no la tienen.

La mujer que no podía tener hijos,

ha dado a luz siete veces;

pero la que tenía muchos hijos,

ahora está completamente marchita.

6 El Señor quita la vida y la da;

nos hace bajar al sepulcro

y de él nos hace subir.

7 El Señor nos hace pobres o ricos;

nos hace caer y nos levanta.

8 Dios levanta del suelo al pobre

y saca del basurero al mendigo,

para sentarlo entre grandes hombres

y hacerle ocupar un lugar de honor;

porque el Señor es el dueño

de las bases de la tierra,

y sobre ellas colocó el mundo.

9 Él cuida los pasos de sus fieles,

pero los malvados mueren en la oscuridad,

porque nadie triunfa por la fuerza.

10 El Señor hará pedazos a sus enemigos,

y desde el cielo enviará truenos contra ellos.

El Señor juzgará al mundo entero;

dará poder al rey que ha escogido

y hará crecer su poder.»


11 Luego regresó Elcaná a su casa, en Ramá, pero el niño se quedó sirviendo al Señor bajo las órdenes del sacerdote Elí.


La maldad de los hijos de Elí

12 Los hijos de Elí eran unos malvados, y no les importaba el Señor 13 ni los deberes de los sacerdotes para con el pueblo; pues cuando alguien ofrecía un sacrificio, llegaba un criado del sacerdote con un tenedor en la mano y, mientras la carne estaba cociéndose, 14 metía el tenedor en el perol, en la olla, en el caldero o en la cazuela, y todo lo que sacaba con el tenedor era para el sacerdote. Así hacían con todo israelita que llegaba a Siló. 15 Además, antes de que quemaran la grasa en el altar, llegaba el criado del sacerdote y decía al que iba a ofrecer el sacrificio: «Dame carne para asársela al sacerdote; porque no te va a aceptar la carne ya cocida, sino cruda.» 16 Y si la persona le respondía que primero tenían que quemar la grasa, y que luego él podría tomar lo que quisiera, el criado contestaba: «¡No, me la tienes que dar ahora! De lo contrario, te la quitaré a la fuerza.» 17 Así pues, el pecado que estos jóvenes cometían ante el Señor era gravísimo, porque trataban con desprecio las ofrendas que pertenecían al Señor.


18 Mientras tanto, el joven Samuel, vestido con un efod de lino, continuaba al servicio del Señor. 19 Y cada año, cuando su madre iba al templo con su marido para ofrecer el sacrificio anual, le llevaba una capa pequeña que le había hecho. 20 Entonces Elí bendecía a Elcaná y a su esposa, diciendo: «Que el Señor te recompense dándote hijos de esta mujer, a cambio del que ella le ha dedicado.» Después de esto regresaban a su hogar, 21 y el Señor bendecía a Ana, la cual quedaba embarazada. De esa manera, Ana dio a luz tres hijos y dos hijas, y el niño Samuel seguía creciendo ante el Señor.


Juan 5:1-23

Dios Habla Hoy

Jesús sana al paralítico de Betzatá

5 Algún tiempo después, los judíos celebraban una fiesta, y Jesús volvió a Jerusalén. 2 En Jerusalén, cerca de la puerta llamada de las Ovejas, hay un estanque que en hebreo se llama Betzatá. Tiene cinco pórticos, 3 en los cuales se encontraban muchos enfermos, ciegos, cojos y tullidos echados en el suelo. 5 Había entre ellos un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. 6 Cuando Jesús lo vio allí acostado y se enteró del mucho tiempo que llevaba así, le preguntó:


—¿Quieres recobrar la salud?


7 El enfermo le contestó:


—Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se remueve el agua. Cada vez que quiero meterme, otro lo hace primero.


8 Jesús le dijo:


—Levántate, alza tu camilla y anda.


9 En aquel momento el hombre recobró la salud, alzó su camilla y comenzó a andar. Pero como era sábado, 10 los judíos dijeron al que había sido sanado:


—Hoy es sábado; no te está permitido llevar tu camilla.


11 Aquel hombre les contestó:


—El que me devolvió la salud, me dijo: “Alza tu camilla y anda.”


12 Ellos le preguntaron:


—¿Quién es el que te dijo: “Alza tu camilla y anda”?


13 Pero el hombre no sabía quién lo había sanado, porque Jesús había desaparecido entre la mucha gente que había allí. 14 Después Jesús lo encontró en el templo, y le dijo:


—Mira, ahora que ya estás sano, no vuelvas a pecar, para que no te pase algo peor.


15 El hombre se fue y comunicó a los judíos que Jesús era quien le había devuelto la salud. 16 Por eso los judíos perseguían a Jesús, pues hacía estas cosas en sábado. 17 Pero Jesús les dijo:


—Mi Padre siempre ha trabajado, y yo también trabajo.


18 Por esto, los judíos tenían aún más deseos de matarlo, porque no solamente no observaba el mandato sobre el sábado, sino que además se hacía igual a Dios al decir que Dios era su propio Padre.


La autoridad del Hijo de Dios

19 Jesús les dijo: «Les aseguro que el Hijo de Dios no puede hacer nada por su propia cuenta; solamente hace lo que ve hacer al Padre. Todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo. 20 Pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará cosas todavía más grandes, que los dejarán a ustedes asombrados. 21 Porque así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, también el Hijo da vida a quienes quiere dársela. 22 Y el Padre no juzga a nadie, sino que le ha dado a su Hijo todo el poder de juzgar, 23 para que todos den al Hijo la misma honra que dan al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre, que lo ha enviado.


Salmos 105:37-45

Dios Habla Hoy

37 Dios sacó después a su pueblo

cargado de oro y plata,

y nadie entre las tribus tropezó.

38 Los egipcios se alegraron de verlos partir,

pues estaban aterrados.

39 Dios extendió una nube para cubrirlos

y un fuego para alumbrarlos de noche.

40 Pidieron comida, y les mandó codornices,

y con pan del cielo los dejó satisfechos.

41 Partió la roca, y de ella brotó agua

que corrió por el desierto como un río.

42 Pues se acordó de la santa promesa

que había hecho a su siervo Abraham.

43 Fue así como Dios sacó a su pueblo escogido,

entre gritos de alegría,

44 y les dio las tierras de otras naciones

y el fruto del trabajo de otros pueblos,

45 para que respetaran y atendieran

las leyes y enseñanzas del Señor.


¡Aleluya!


Proverbios 14:28-29

Dios Habla Hoy

28 Gobernar a muchos es una honra para el rey;

gobernar a pocos es su ruina.


29 Ser paciente es muestra de mucha inteligencia;

ser impaciente es muestra de gran estupidez.


Dios Habla Hoy (DHH)

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996.


Tuesday, May 5, 2026

DAB Español, Miércoles 06 de Mayo

Día 126, DAB Español, Miércoles 06 de Mayo


Rut 2:1-4:22; Juan 4:43-54; Salmos 105:16-36; Proverbios 14:26-27 (Dios Habla Hoy (DHH))










Rut 2-4

Dios Habla Hoy

Rut en el campo de Booz

2 Noemí tenía un pariente por parte de su esposo Elimélec, que se llamaba Booz y era muy rico e influyente.


2 Un día Rut le dijo a Noemí:


—Déjame que vaya al campo, a ver si algún segador me permite ir detrás de él recogiendo espigas.


—Ve, hija mía —le respondió su suegra.


3 Rut, pues, fue al campo y se puso a recoger las espigas que dejaban los segadores. Y tuvo la suerte de que aquel campo fuera de Booz, el pariente de Elimélec. 4 En eso, Booz llegó de Belén y saludó a los segadores:


—¡Que el Señor esté con ustedes!


—¡Que el Señor le bendiga a usted! —le respondieron ellos.


5 Luego Booz le preguntó al capataz de los segadores:


—¿De qué familia es esa muchacha?


6 El capataz le contestó:


—Es una moabita, que vino de Moab con Noemí. 7 Me pidió permiso para ir detrás de los segadores recogiendo espigas, y se ha pasado trabajando toda la mañana, hasta ahora mismo que ha venido a descansar un poco.


8 Entonces Booz le dijo a Rut:


—Escucha, hija mía, no vayas a recoger espigas a ningún otro campo. Quédate aquí, con mis criadas, 9 y luego síguelas a donde veas que los segadores están trabajando. Ya he dado órdenes a mis criados para que nadie te moleste. Cuando tengas sed, ve a donde están las vasijas del agua y toma de la que ellos sacan.


10 Rut se inclinó hasta el suelo en señal de respeto, y le preguntó a Booz:


—¿Por qué se ha fijado usted en mí y es tan amable conmigo, siendo yo una extranjera?


11 Booz respondió:


—Sé muy bien todo lo que has hecho por tu suegra desde que murió tu marido, y también sé que dejaste a tus padres y a tu patria por venir a vivir con nosotros, que éramos gente desconocida para ti. 12 ¡Que Dios te lo pague! ¡Que el Señor y Dios de Israel, en quien has buscado amparo, te premie por todo lo que has hecho!


13 Ella le contestó:


—Usted es muy amable conmigo, y sus palabras me llenan de aliento. Me ha hablado usted con cariño, aunque yo ni siquiera soy como una de sus criadas.


14 A la hora de comer, Booz llamó a Rut y le dijo:


—Ven acá, toma un pedazo de pan y mójalo en esta salsa de vinagre.


Rut se sentó junto a los segadores, y Booz le dio grano tostado. Ella comió hasta quedar satisfecha, y todavía le sobró. 15 Luego, cuando fue otra vez a recoger espigas, Booz ordenó a sus criados:


—Dejen que también recoja espigas entre los manojos de cebada. No se lo impidan. 16 Y aun dejen caer algunas espigas de sus propios manojos, para que ella las recoja. ¡Que nadie la moleste!


17 Rut recogió espigas en el campo de Booz hasta que llegó la noche. Y lo recogido por ella dio, al desgranarlo, más de veinte kilos de cebada. 18 Regresó entonces a la ciudad cargada con el grano, y fue a mostrárselo a su suegra. Después sacó lo que le había sobrado de la comida y se lo dio a Noemí.


19 —¿Dónde trabajaste hoy? —le preguntó Noemí—. ¿Dónde recogiste tantas espigas? ¡Bendito sea el que te ha ayudado de esa manera!


Rut le contó a su suegra con quién había estado trabajando.


—El hombre con quien he trabajado se llama Booz —le dijo.


20 Y Noemí le contestó:


—¡Que el Señor lo bendiga! Él ha sido bondadoso con nosotras ahora, como antes lo fue con los que ya han muerto. Ese hombre es pariente cercano de nosotras, y por eso es uno de los que tienen el deber de protegernos.


21 Rut añadió:


—También me dijo que siga yo trabajando con sus criadas hasta que se termine la cosecha.


22 Entonces Noemí respondió a su nuera:


—Hija mía, me parece bien que te quedes con sus criadas y que no vayas a ningún otro campo, para que nadie te moleste.


23 Rut siguió, pues, recogiendo espigas con las criadas de Booz hasta que se terminó la cosecha de la cebada y el trigo. Mientras tanto, vivía en compañía de su suegra.


La bondad de Booz

3 Un día Noemí le dijo a Rut:


—Hija mía, yo debo buscarte un esposo que te haga feliz. 2 Mira, nuestro pariente Booz, con cuyas criadas estuviste trabajando, va a ir esta noche al campo a separar el grano de la paja. 3 Haz, pues, lo siguiente: Báñate, perfúmate y ponte tu mejor vestido, y vete allá. Pero no dejes que Booz te reconozca antes que termine de comer y beber. 4 Fíjate bien en dónde se acuesta a dormir. Entonces ve y destápale los pies, y acuéstate allí. Luego, él mismo te dirá lo que debes hacer.


5 Rut contestó:


—Haré todo lo que me has dicho.


6 Rut se fue al campo e hizo todo lo que su suegra le había mandado. 7 Booz comió, bebió y se mostró muy contento. Luego se acostó a dormir junto al montón de grano. Más tarde Rut llegó sin hacer ruido, le destapó los pies y se acostó allí. 8 A medianoche, Booz se despertó de pronto, y al darse una vuelta se sorprendió de que una mujer estuviera acostada a sus pies.


9 —¿Quién eres tú? —preguntó Booz.


—Soy Rut, su servidora —contestó ella—. Usted es mi pariente más cercano y tiene el deber de ampararme. Quiero que se case usted conmigo.


10 —¡Que el Señor te bendiga! —dijo Booz—. Ahora más que nunca has mostrado que eres fiel a tu difunto esposo. Bien podrías haber buscado a otro más joven que yo, pobre o rico, pero no lo has hecho. 11 No tengas miedo, hija mía, que todos en mi pueblo saben ya que eres una mujer ejemplar. Por eso, yo haré lo que me pidas. 12 Sin embargo, aunque es verdad que soy pariente cercano tuyo, tú tienes otro pariente aún más cercano que yo. 13 Quédate aquí esta noche. Si mañana él quiere cumplir con sus deberes de pariente, que lo haga; pero si no lo hace, te prometo delante del Señor que yo lo haré. Ahora duérmete hasta que amanezca.


14 Rut durmió aquella noche a los pies de Booz. Al día siguiente se levantó antes del amanecer, cuando todavía estaba muy oscuro, porque Booz había dicho: «Nadie debe saber que esta mujer ha venido al campo.»


15 Entonces Booz le dijo:


—Quítate la capa y sujétala bien.


Mientras Rut sostenía su capa, Booz echó en ella más de cuarenta kilos de cebada. Luego la ayudó a echarse la carga sobre el hombro, y ella se fue a la ciudad.


16 Cuando Rut llegó a donde estaba su suegra, ésta le preguntó:


—¿Qué tal te fue, hija mía?


Rut le contó todo lo que Booz había hecho por ella, 17 y añadió:


—Me dio toda esta cebada, y me dijo: «No debes volver a tu suegra con las manos vacías.»


18 Entonces Noemí dijo:


—Ahora, hija mía, espera a ver qué pasa. Este hombre no descansará hoy hasta dejar resuelto el asunto.


Boda de Booz y Rut

4 Más tarde, Booz fue a sentarse a la entrada del pueblo, que era el lugar donde se reunía la gente. En aquel momento pasaba por allí el pariente del cual Booz había hablado.


—Oye —le dijo Booz—, ven acá y siéntate.


El pariente fue y se sentó. 2 En seguida Booz llamó a diez ancianos del pueblo, y también les pidió que se sentaran con él. Cuando ellos se sentaron, 3 Booz le dijo a su pariente:


—Noemí, que ha vuelto de Moab, está decidida a vender el terreno que perteneció a nuestro pariente Elimélec. 4 Quiero que lo sepas, para que, si te interesa comprarlo, lo hagas ahora delante de estos testigos y de los ancianos del pueblo. Como tú eres el pariente más cercano de Elimélec, tienes el derecho de comprar su tierra. Pero si tú no la compras, házmelo saber, pues después de ti yo soy quien tiene ese derecho.


El pariente contestó:


—La compro.


5 Entonces Booz le hizo esta aclaración:


—Ten en cuenta que si compras el terreno de Noemí, quedas también obligado a casarte con Rut, la viuda moabita, para que la propiedad siga a nombre del difunto.


6 Al oír esto, el pariente contestó:


—En ese caso no puedo hacer la compra, porque podría perjudicar mi herencia. Pero si tú quieres comprar, hazlo; yo te cedo mis derechos de compra.


7 En aquellos tiempos había en Israel una costumbre: cuando uno cedía a otro el derecho de parentesco, o cuando se cerraba un contrato de compra-venta, el que cedía o vendía se quitaba una sandalia y se la daba al otro. De acuerdo, pues, con esta costumbre, 8 el pariente de Booz se quitó la sandalia, se la dio a Booz y le dijo:


—Compra tú.


9 Entonces Booz dijo a los ancianos y a los allí presentes:


—Todos ustedes son hoy testigos de que le compro a Noemí las propiedades de Elimélec, Quilión y Mahlón. 10 También son testigos de que tomo por esposa a Rut, la viuda moabita, para que la propiedad se mantenga a nombre de Mahlón, su difunto esposo. Así no se borrará el nombre de Mahlón de entre los suyos, ni será olvidado en este pueblo. Hoy son ustedes testigos.


11 Los ancianos y todos los presentes contestaron:


—Sí, lo somos. ¡El Señor haga que la mujer que va a entrar en tu casa sea como Raquel y Lía, de quienes descendemos todos los israelitas! Y tú, sé un hombre ilustre en Efrata, un hombre notable en Belén. 12 Que el Señor te dé muchos hijos de esta mujer. Que tengas una familia numerosa, como la tuvo Fares, el hijo de Tamar y Judá.


13 Así fue como Booz se casó con Rut. Y se unió a ella, y el Señor permitió que quedara embarazada y que tuviera un hijo.


14 Entonces las mujeres decían a Noemí:


—¡Alabado sea el Señor, que te ha dado hoy un nieto para que cuide de ti! ¡Ojalá tu nieto sea famoso en Israel! 15 Él te dará ánimos y te sostendrá en tu vejez, porque es el hijo de tu nuera, la que tanto te quiere y que vale para ti más que siete hijos.


16 Noemí tomó al niño en su regazo y se encargó de criarlo. 17 Al verlo, las vecinas decían:


—¡Le ha nacido un hijo a Noemí!


Y le pusieron por nombre Obed. Éste fue el padre de Jesé y abuelo de David.


Los antepasados de David

18 Éstos fueron los descendientes de Fares: Fares fue el padre de Hesrón, 19 Hesrón fue el padre de Ram, Ram fue el padre de Aminadab, 20 Aminadab fue el padre de Nahasón, Nahasón fue el padre de Salmón, 21 Salmón fue el padre de Booz, Booz fue el padre de Obed, 22 Obed fue el padre de Jesé, y Jesé fue el padre de David.


Juan 4:43-54

Dios Habla Hoy

Jesús sana al hijo de un oficial del rey

43 Pasados esos dos días, Jesús salió de Samaria y siguió su viaje a Galilea. 44 Porque, como él mismo dijo, a un profeta no lo honran en su propia tierra. 45 Cuando llegó a Galilea, los de aquella región lo recibieron bien, porque también habían ido a la fiesta de la Pascua a Jerusalén y habían visto todo lo que él hizo entonces.


46 Jesús regresó a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había un alto oficial del rey, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. 47 Cuando el oficial supo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a su casa y sanara a su hijo, que estaba a punto de morir. 48 Jesús le contestó:


—Ustedes no creen, si no ven señales y milagros.


49 Pero el oficial le dijo:


—Señor, ven pronto, antes que mi hijo se muera.


50 Jesús le dijo entonces:


—Vuelve a casa; tu hijo vive.


El hombre creyó lo que Jesús le dijo, y se fue. 51 Mientras regresaba a su casa, sus criados salieron a su encuentro y le dijeron:


—¡Su hijo vive!


52 Él les preguntó a qué hora había comenzado a sentirse mejor su hijo, y le contestaron:


—Ayer a la una de la tarde se le quitó la fiebre.


53 El padre cayó entonces en la cuenta de que era la misma hora en que Jesús le dijo: «Tu hijo vive»; y él y toda su familia creyeron en Jesús.


54 Ésta fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús, cuando volvió de Judea a Galilea.


Salmos 105:16-36

Dios Habla Hoy

16 Hizo venir hambre a aquella tierra,

y les quitó todo alimento.

17 Pero envió delante de ellos a José,

al que habían vendido como esclavo.

18 Le lastimaron los pies con cadenas;

¡lo aprisionaron con hierros!

19 La palabra del Señor puso a prueba a José,

hasta que se cumplió lo que José había anunciado.

20 El rey, el que gobernaba a mucha gente,

ordenó que le dieran libertad;

21 lo nombró amo y señor de su casa

y de todo cuanto tenía,

22 para que enseñara e hiciera sabios

a los jefes y a los ancianos.


23 Vino después Israel, que es Jacob,

y vivió como extranjero en Egipto,

en la tierra de Cam.

24 Dios hizo grande en número a su pueblo,

y más fuerte que los egipcios.

25 Pero hizo que los egipcios

se pusieran en contra de su pueblo

y engañaran a los siervos de Dios.


26 Entonces Dios envió a su siervo Moisés,

y a Aarón, a quien había escogido,

27 y ellos realizaron señales de Dios en el desierto:

¡grandes maravillas en la tierra de Cam!

28 Envió Dios una oscuridad que todo lo cubrió,

pero los egipcios desatendieron sus palabras.

29 Convirtió en sangre el agua de sus ríos,

y mató a sus peces;

30 infestó de ranas el país,

y aun la alcoba del rey.

31 Habló Dios, y nubes de tábanos y mosquitos

invadieron el territorio egipcio.

32 En vez de lluvia, envió granizo

y llamas de fuego sobre el país.

33 Destrozó sus viñas y sus higueras;

¡destrozó los árboles de Egipto!

34 Habló Dios, y llegaron las langostas;

¡tantas eran, que no se podían contar!

35 ¡Devoraron la hierba del campo

y todo lo que la tierra había producido!

36 ¡Hirió de muerte, en Egipto mismo,

al primer hijo de toda familia egipcia!


Proverbios 14:26-27

Dios Habla Hoy

26 El honrar al Señor es una firme esperanza

que da seguridad a los hijos.


27 El honrar al Señor es fuente de vida

que libra de los lazos de la muerte.


Dios Habla Hoy (DHH)

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996.


Monday, May 4, 2026

DAB Español, Martes 05 de Mayo

Día 125, DAB Español, Martes 05 de Mayo


Jueces 21:1 - Rut 1:22; Juan 4:5-42; Salmos 105:1-15; Proverbios 14:25 (Dios Habla Hoy (DHH))










Jueces 21 - Rut 1

Dios Habla Hoy

Resurgimiento de la tribu de Benjamín

21 Los israelitas habían jurado en Mispá que no dejarían que sus hijas se casaran con ningún benjaminita. 2 Pero luego se reunieron en Betel y estuvieron en presencia de Dios hasta el anochecer, llorando y quejándose: 3 «¡Oh Señor, Dios de Israel! ¿Por qué nos ha sucedido esto? ¿Cómo es posible que ahora falte una tribu en Israel?»


4 Al día siguiente los israelitas se levantaron temprano, hicieron un altar y le ofrecieron al Señor holocaustos y sacrificios de reconciliación. 5 Y se preguntaban: «¿Quién de entre todos nosotros no asistió a la reunión en Mispá?», pues habían jurado matar a quienes no asistieran a la reunión.


6 Los israelitas estaban muy tristes por lo que les había sucedido a sus hermanos los benjaminitas, y decían: «En este día ha sido arrancada de Israel una de sus tribus. 7 ¿Qué haremos para conseguirles mujeres a los benjaminitas que quedan vivos? Nosotros hemos jurado por el Señor no permitir que nuestras hijas se casen con ellos. 8 ¿Hay aquí algún israelita que no se haya presentado ante el Señor en Mispá?»


Recordaron entonces que de Jabés de Galaad nadie había asistido a la reunión, 9 pues al pasar lista no había respondido nadie de este lugar. 10-11 Entonces el pueblo entero envió a doce mil de los mejores soldados con órdenes de matar a filo de espada a todos los de Jabés, incluyendo a los niños y a las mujeres que no fueran vírgenes. 12 Entre los que vivían en Jabés se encontraron cuatrocientas jóvenes que no habían tenido relaciones sexuales con ningún hombre, y las trajeron al campamento que estaba en Siló, en Canaán. 13 Entonces el pueblo entero mandó buscar a los benjaminitas que estaban en la peña de Rimón, y los invitaron a hacer la paz. 14 Los de Benjamín regresaron, y los israelitas les dieron las mujeres que habían traído de Jabés. Pero no hubo mujeres suficientes para todos ellos.


15 Los israelitas sentían lástima por la tribu de Benjamín, porque el Señor había dejado un vacío en las tribus de Israel. 16 Y los jefes del pueblo se preguntaban: «¿Cómo vamos a conseguir mujeres para los demás, si las mujeres benjaminitas fueron exterminadas? 17 Benjamín debe seguir manteniendo el lugar que le corresponde entre nuestras tribus, por medio de los que le han quedado con vida, para que no falte ninguna de las tribus de Israel. 18 Pero nosotros no podemos darles nuestras hijas para que se casen con ellos, porque todos los israelitas hemos jurado no darles nuestras hijas a los benjaminitas, bajo pena de maldición. 19 Sin embargo, cada año hay una gran fiesta del Señor en Siló, que está al norte de Betel, al este del camino que va de Betel a Siquem, y al sur de Leboná.»


20 Entonces los jefes de Israel les mandaron este mensaje a los benjaminitas: «Vayan, escóndanse en los viñedos cercanos a Siló, 21 y manténganse atentos. Cuando las muchachas de Siló salgan bailando en grupos, salgan también ustedes de sus escondites y róbese cada uno una mujer, y váyanse a sus tierras. 22 Y si los padres o los hermanos de las muchachas vienen a hacernos alguna reclamación, les diremos: “Nosotros les rogamos, como un favor personal, que los perdonen, porque nosotros no pudimos conseguir mujeres para todos ellos en la guerra contra Jabés. Además, como ustedes no se las dieron, realmente no han faltado al juramento.”»


23 Los benjaminitas aceptaron hacer lo que se les proponía, así que cada uno se robó una muchacha de las que estaban bailando, y se la llevó. Luego regresaron a sus tierras, y volvieron a construir sus ciudades y a vivir en ellas.


24 Los otros israelitas también se fueron, y cada uno regresó a su propia tierra, a su tribu y a su clan.


25 En aquella época aún no había rey en Israel, y cada cual hacía lo que le daba la gana.


La familia de Elimélec en Moab

1 En el tiempo en que Israel era gobernado por caudillos, hubo una época de hambre en toda la región. Entonces un hombre de Belén de Judá, llamado Elimélec, se fue a vivir por algún tiempo al país de Moab. Con él fueron también su esposa Noemí y sus dos hijos, Mahlón y Quilión. Todos ellos eran efrateos, es decir, de Belén. Llegaron, pues, a Moab, y se quedaron a vivir allí.


3 Pero sucedió que murió Elimélec, el marido de Noemí, y ella se quedó sola con sus dos hijos. 4 Más tarde, ellos se casaron con dos mujeres moabitas; una de ellas se llamaba Orfá y la otra Rut. Pero al cabo de unos diez años 5 murieron también Mahlón y Quilión, y Noemí se encontró desamparada, sin hijos y sin marido.


Noemí y Rut van a Belén

6 Un día Noemí oyó decir en Moab que el Señor se había compadecido de su pueblo y que había puesto fin a la época de hambre. 7 Entonces decidió volver a Judá y, acompañada de sus nueras, salió del lugar donde vivían; 8 pero en el camino les dijo:


—Anden, vuelvan a su casa, con su madre. Que el Señor las trate siempre con bondad, como también ustedes nos trataron a mí y a mis hijos, 9 y que les permita casarse otra vez y formar un hogar feliz.


Luego Noemí les dio un beso de despedida, pero ellas se echaron a llorar 10 y le dijeron:


—¡No! ¡Nosotras volveremos contigo a tu país!


11 Noemí insistió:


—Váyanse, hijas mías, ¿para qué quieren seguir conmigo? Yo ya no voy a tener más hijos que puedan casarse con ustedes. 12 Anden, vuelvan a su casa. Yo soy muy vieja para volverme a casar. Y aunque tuviera aún esa esperanza, y esta misma noche me casara y llegara a tener más hijos, 13 ¿iban ustedes a esperar hasta que fueran mayores, para casarse con ellos? ¿Se quedarían sin casar por esperarlos? No, hijas mías, de ninguna manera. El Señor me ha enviado amargos sufrimientos, pero más amarga sería mi pena si las viera sufrir a ustedes.


14 Ellas se pusieron a llorar nuevamente. Por fin, Orfá se despidió de su suegra con un beso, pero Rut se quedó con ella. 15 Entonces Noemí le dijo:


—Mira, tu concuñada se vuelve a su país y a sus dioses. Vete tú con ella.


16 Pero Rut le contestó:


—¡No me pidas que te deje y que me separe de ti! Iré a donde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. 17 Moriré donde tú mueras, y allí quiero ser enterrada. ¡Que el Señor me castigue con toda dureza si me separo de ti, a menos que sea por la muerte!


18 Al ver Noemí que Rut estaba decidida a acompañarla, no le insistió más, 19 y así las dos siguieron su camino hasta que llegaron a Belén.


Cuando entraron en Belén, hubo un gran revuelo en todo el pueblo. Las mujeres decían:


—¿No es ésta Noemí?


20 Pero ella les respondía:


—Ya no me llamen Noemí; llámenme Mará, porque el Dios todopoderoso me ha llenado de amargura. 21 Salí de aquí con las manos llenas, y ahora las traigo vacías porque así lo ha querido el Señor. ¿Por qué me llaman Noemí, si el Señor todopoderoso me ha condenado y afligido?


22 Así fue como Noemí volvió de Moab con Rut, su nuera moabita. Llegaron a Belén cuando comenzaba la cosecha de la cebada.


Juan 4:5-42

Dios Habla Hoy

5 De modo que llegó a un pueblo de Samaria que se llamaba Sicar, cerca del terreno que Jacob había dado en herencia a su hijo José. 6 Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía. 7-8 Los discípulos habían ido al pueblo a comprar algo de comer. En eso, una mujer de Samaria llegó al pozo a sacar agua, y Jesús le dijo:


—Dame un poco de agua.


9 Pero como los judíos no tienen trato con los samaritanos, la mujer le respondió:


—¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?


10 Jesús le contestó:


—Si supieras lo que Dios da y quién es el que te está pidiendo agua, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.


11 La mujer le dijo:


—Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo: ¿de dónde vas a darme agua viva? 12 Nuestro antepasado Jacob nos dejó este pozo, del que él mismo bebía y del que bebían también sus hijos y sus animales. ¿Acaso eres tú más que él?


13 Jesús le contestó:


—Todos los que beben de esta agua, volverán a tener sed; 14 pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna.


15 La mujer le dijo:


—Señor, dame de esa agua, para que no vuelva yo a tener sed ni tenga que venir aquí a sacar agua.


16 Jesús le dijo:


—Ve a llamar a tu marido y vuelve acá.


17 La mujer le contestó:


—No tengo marido.


Jesús le dijo:


—Bien dices que no tienes marido; 18 porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es tu marido. Es cierto lo que has dicho.


19 Al oír esto, la mujer le dijo:


—Señor, ya veo que eres un profeta. 20 Nuestros antepasados, los samaritanos, adoraron a Dios aquí, en este monte; pero ustedes los judíos dicen que Jerusalén es el lugar donde debemos adorarlo.


21 Jesús le contestó:


—Créeme, mujer, que llega la hora en que ustedes adorarán al Padre sin tener que venir a este monte ni ir a Jerusalén. 22 Ustedes no saben a quién adoran; pero nosotros sabemos a quién adoramos, pues la salvación viene de los judíos. 23 Pero llega la hora, y es ahora mismo, cuando los que de veras adoran al Padre lo harán de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios. Pues el Padre quiere que así lo hagan los que lo adoran. 24 Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios.


25 La mujer le dijo:


—Yo sé que va a venir el Mesías (es decir, el Cristo); y cuando él venga, nos lo explicará todo.


26 Jesús le dijo:


—Ése soy yo, el mismo que habla contigo.


27 En esto llegaron sus discípulos, y se quedaron extrañados de que Jesús estuviera hablando con una mujer. Pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería, o de qué estaba conversando con ella. 28 La mujer dejó su cántaro y se fue al pueblo, donde dijo a la gente:


29 —Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?


30 Entonces salieron del pueblo y fueron a donde estaba Jesús. 31 Mientras tanto, los discípulos le rogaban:


—Maestro, come algo.


32 Pero él les dijo:


—Yo tengo una comida, que ustedes no conocen.


33 Los discípulos comenzaron a preguntarse unos a otros:


—¿Será que le habrán traído algo de comer?


34 Pero Jesús les dijo:


—Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y terminar su trabajo. 35 Ustedes dicen: “Todavía faltan cuatro meses para la cosecha”; pero yo les digo que se fijen en los sembrados, pues ya están maduros para la cosecha. 36 El que trabaja en la cosecha recibe su paga, y la cosecha que recoge es para vida eterna, para que tanto el que siembra como el que cosecha se alegren juntamente. 37 Pues bien dice el dicho, que “Unos siembran y otros cosechan.” 38 Y yo los envié a ustedes a cosechar lo que no les costó ningún trabajo; otros fueron los que trabajaron, y ustedes son los que se han beneficiado del trabajo de ellos.


39 Muchos de los habitantes de aquel pueblo de Samaria creyeron en Jesús por lo que les había asegurado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.» 40 Así que, cuando los samaritanos llegaron, rogaron a Jesús que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, 41 y muchos más creyeron al oír lo que él mismo decía. 42 Y dijeron a la mujer: «Ahora creemos, no solamente por lo que tú nos dijiste, sino también porque nosotros mismos le hemos oído y sabemos que de veras es el Salvador del mundo.»


Salmos 105:1-15

Dios Habla Hoy

Los actos de Dios por Israel

105 ¡Den gracias al Señor!

¡Proclamen su nombre!

Cuenten a los pueblos sus acciones.

2 Canten himnos en su honor.

¡Hablen de sus grandes hechos!

3 Siéntanse orgullosos de su santo nombre.

¡Siéntase alegre el corazón

de los que buscan al Señor!

4 Recurran al Señor, y a su poder;

recurran al Señor en todo tiempo.

5 Recuerden sus obras grandes y maravillosas,

y los decretos que ha pronunciado;

6 ustedes, descendientes de su siervo Abraham;

ustedes, hijos de Jacob, sus escogidos.


7 Él es el Señor, nuestro Dios;

¡él gobierna toda la tierra!

8 Ni aunque pasen mil generaciones

se olvidará de las promesas de su alianza,

9 de la alianza que hizo con Abraham,

del juramento que hizo a Isaac

10 y que confirmó como ley para Jacob,

como alianza eterna para Israel,

11 cuando dijo:

«Voy a darte la tierra de Canaán

como la herencia que te toca.»


12 Aunque ellos eran pocos,

unos cuantos extranjeros en la tierra,

13 que iban de nación en nación

y de reino en reino,

14 Dios no permitió que nadie los maltratara,

y aun advirtió a los reyes:

15 «No toquen a mis escogidos

ni maltraten a mis profetas.»


Proverbios 14:25

Dios Habla Hoy

25 El testigo verdadero salva a otros la vida;

el testigo falso es causa de muerte.


Dios Habla Hoy (DHH)

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996.


DAB Español, Jueves 07 de Mayo

Día 127, DAB Español, Jueves 07 de Mayo 1 Samuel 1:1-2:21; Juan 5:1-23; Salmos 105:37-45; Proverbios 14:28-29 (Dios Habla Hoy (DHH)) Su na...