Monday, June 1, 2026

DAB Español, Lunes 01 de Junio

Día 152, DAB Español, Lunes 01 de Junio


2 Samuel 18:1-19:10; Juan 20:1-31; Salmos 119:153-176; Proverbios 16:14-15 (Nueva Versión Internacional (NVI))










2 Samuel 18:1-19:10

Nueva Versión Internacional

Muerte de Absalón

18 David pasó revista a sus tropas y nombró comandantes sobre grupos de mil y de cien soldados. 2 Los dividió en tres unidades y los envió a la batalla. La primera unidad estaba bajo el mando de Joab; la segunda bajo el mando de Abisay, hijo de Sarvia y hermano de Joab y la tercera bajo el mando de Itay el guitita.


—Yo los voy a acompañar —dijo el rey.


3 Pero los soldados respondieron:


—No, usted no debe acompañarnos. Si tenemos que huir, el enemigo no se va a ocupar de nosotros. Y aun si la mitad de nosotros muere, a ellos no les va a importar. Pero usted vale por diez mil de nosotros.[a] Así que es mejor que se quede y nos apoye desde la ciudad.


4 —Bien —dijo el rey—, haré lo que les parezca más conveniente.


Dicho esto, se puso a un lado de la entrada de la ciudad, mientras todos los soldados marchaban en grupos de cien y de mil. 5 Además, el rey dio esta orden a Joab, Abisay e Itay:


—Por consideración a mí, traten con respeto al joven Absalón.


Y todas las tropas oyeron las instrucciones que el rey dio a cada uno de sus comandantes acerca de Absalón.


6 El ejército marchó al campo para pelear contra Israel y la batalla se libró en el bosque de Efraín. 7 Los soldados de David derrotaron allí al ejército de Israel. La lucha fue intensa aquel día: hubo veinte mil bajas. 8 La batalla se extendió por toda el área, de modo que el bosque causó más muertes que la espada misma.


9 Absalón, que huía montado en una mula, se encontró con los soldados de David. La mula se metió por debajo de una gran encina y a Absalón se le trabó la cabeza entre las ramas. Como la mula siguió de largo, Absalón quedó colgado en el aire. 10 Un soldado que vio lo sucedido dijo a Joab:


—Acabo de ver a Absalón colgado de una encina.


11 —¡Cómo! —exclamó Joab—. ¿Lo viste y no lo mataste ahí mismo? Te habría dado diez siclos[b] de plata y un cinturón.


12 Pero el hombre respondió:


—Aun si recibiera mil piezas de plata, yo no alzaría la mano contra el hijo del rey. Todos oímos cuando el rey ordenó a usted, a Abisay y a Itay que no le hicieran daño al joven Absalón. 13 Si yo me hubiera arriesgado,[c] me habrían descubierto, pues nada se le escapa al rey; y usted, por su parte, me habría abandonado.


14 —No voy a malgastar mi tiempo contigo —respondió Joab.


Acto seguido, agarró tres lanzas y fue y se las clavó en el pecho a Absalón, que todavía estaba vivo en medio de la encina. 15 Luego, diez de los escuderos de Joab rodearon a Absalón y lo remataron.


16 Entonces Joab mandó tocar la trompeta para detener a las tropas, y dejaron de perseguir a los israelitas. 17 Después tomaron el cuerpo de Absalón, lo tiraron en un hoyo grande que había en el bosque y sobre su cadáver amontonaron muchísimas piedras. Mientras tanto, todos los israelitas huyeron a sus casas.


18 En vida, Absalón se había erigido un monumento en el valle del Rey, pues pensaba: «No tengo ningún hijo que conserve mi memoria». Así que a esa estela le puso su propio nombre, y por eso hasta la fecha se conoce como la Estela de Absalón.


David hace duelo

19 Ajimaz, hijo de Sadoc, propuso a Joab:


—Déjame ir corriendo para avisarle al rey que el Señor lo ha librado del poder de sus enemigos.


20 —No le llevarás esta noticia hoy —respondió Joab—. Podrás hacerlo en otra ocasión, pero no hoy, pues ha muerto el hijo del rey.


21 Entonces Joab se dirigió a un soldado cusita y ordenó:


—Ve tú y dile al rey lo que has visto.


El cusita se postró ante Joab y salió corriendo. 22 Pero Ajimaz, hijo de Sadoc, insistió:


—Pase lo que pase, déjame correr con el cusita.


—Pero, muchacho —respondió Joab—, ¿para qué quieres ir? ¡Ni pienses que te van a dar una recompensa por la noticia!


23 —Pase lo que pase, quiero ir.


—Anda, pues.


Ajimaz salió corriendo por la llanura y se adelantó al cusita.


24 Mientras tanto, David se hallaba sentado en el pasadizo que está entre las dos puertas de la ciudad. El centinela, que había subido al muro de la puerta, alzó la vista y vio a un hombre que corría solo. 25 Cuando el centinela se lo anunció al rey, este comentó:


—Si viene solo, debe de traer buenas noticias.


Pero, mientras el hombre seguía corriendo y se acercaba, 26 el centinela se dio cuenta de que otro hombre corría detrás de él, así que le anunció al guarda de la puerta:


—¡Por ahí viene otro hombre corriendo solo!


—Ese también debe de traer buenas noticias —dijo el rey.


27 El centinela añadió:


—Me parece que el primero corre como Ajimaz, hijo de Sadoc.


—Es un buen hombre —comentó el rey—; seguro que trae buenas noticias.


28 Ajimaz llegó y saludó al rey postrándose rostro en tierra ante él y dijo:


—¡Bendito sea el Señor su Dios, pues nos ha entregado a los que se habían rebelado en contra de mi señor el rey!


29 —¿Y está bien el joven Absalón? —preguntó el rey.


Ajimaz respondió:


—En el momento en que su siervo Joab me enviaba, vi que se armó un gran alboroto, pero no pude saber lo que pasaba.


30 —Pasa y quédate ahí —dijo el rey.


Ajimaz se hizo a un lado. 31 Entonces llegó el cusita y anunció:


—Traigo buenas noticias a mi señor el rey. El Señor lo ha librado hoy de todos los que se habían rebelado en contra suya.


32 —¿Y está bien el joven Absalón? —preguntó el rey.


El cusita contestó:


—¡Que sufran como ese joven los enemigos de mi señor el rey y todos los que intentan hacerle mal!


33 Al oír esto, el rey se estremeció y mientras subía al cuarto que está encima de la puerta, lloraba y decía: «¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!».


19 Avisaron a Joab que el rey estaba llorando amargamente por Absalón. 2 Cuando las tropas se enteraron de que el rey estaba afligido por causa de su hijo, la victoria de aquel día se convirtió en duelo para todo el ejército. 3 Por eso las tropas entraron en la ciudad furtivamente, como lo hace un ejército avergonzado por haber huido del combate. 4 Pero el rey, cubriéndose la cara, seguía gritando a voz en cuello: «¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!».


5 Entonces Joab fue adonde estaba el rey y le dijo: «Hoy usted ha llenado de vergüenza a todos sus siervos que salvaron su vida, la de sus hijos e hijas, esposas y concubinas.[d] 6 ¡Usted ama a quienes lo odian y odia a quienes lo aman! Hoy ha dejado muy en claro que nada le importan sus comandantes ni sus soldados. Ahora me doy cuenta de que usted preferiría que todos nosotros estuviéramos muertos, con tal de que Absalón siguiera con vida. 7 ¡Vamos! ¡Salga usted y anime a sus tropas! Si no lo hace, juro por el Señor que para esta noche ni un solo soldado se quedará con usted. ¡Y eso sería peor que todas las calamidades que usted ha sufrido desde su juventud hasta ahora!».


8 Ante esto, el rey se levantó y fue a sentarse junto a la puerta de la ciudad. Cuando los soldados lo supieron, fueron todos a presentarse ante él.


David regresa a Jerusalén

Los israelitas, mientras tanto, habían huido a sus casas, 9 y por todas las tribus de Israel se hablaba de la situación. Decían: «El rey nos rescató del poder de nuestros enemigos; él nos libró del dominio de los filisteos. Por causa de Absalón tuvo que huir del país. 10 Pero ahora Absalón, al que habíamos ungido como rey, ha muerto en la batalla. ¿Qué nos impide pedirle al rey que vuelva?».


Footnotes

18:3 usted … nosotros (dos mss. hebreos; véanse también LXX y Vulgata); ahora hay diez mil como nosotros (TM).

18:11 Es decir, aprox. 115 g.

18:13 me hubiera arriesgado. Alt. lo hubiera traicionado.

19:5 Véase nota en Gn 22:24.

Juan 20

Nueva Versión Internacional

El sepulcro vacío

20 El primer día de la semana, muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que habían removido la piedra que cubría la entrada. 2 Así que fue corriendo a ver a Simón Pedro y al otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:


—¡Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto!


3 Entonces Pedro y el otro discípulo se dirigieron al sepulcro. 4 Ambos fueron corriendo, pero como el otro discípulo corría más rápido que Pedro, llegó primero al sepulcro. 5 Inclinándose, se asomó y vio allí las vendas, pero no entró. 6 Tras él llegó Simón Pedro y entró en el sepulcro. Vio allí las vendas 7 y el sudario que había cubierto la cabeza de Jesús, aunque el sudario no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8 En ese momento entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; y vio y creyó. 9 Hasta entonces no habían entendido la Escritura que dice que Jesús tenía que resucitar.


Jesús se aparece a María Magdalena

10 Los discípulos regresaron a su casa, 11 pero María se quedó afuera llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro 12 y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies.


13 —¿Por qué lloras, mujer? —le preguntaron los ángeles.


—Es que se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto —les respondió.


14 Apenas dijo esto, volvió la mirada y allí vio a Jesús de pie, aunque no sabía que era él. 15 Jesús dijo:


—¿Por qué lloras, mujer? ¿A quién buscas?


Ella, pensando que se trataba del que cuidaba el huerto, le dijo:


—Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto y yo iré por él.


16 —María —dijo Jesús.


Ella se volvió y exclamó:


—¡Raboni! (que en hebreo significa “Maestro”).


17 Jesús le dijo:


—No me detengas,[a] porque todavía no he vuelto al Padre. Ve más bien a mis hermanos y diles: “Vuelvo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes”.


18 María Magdalena fue a dar la noticia a los discípulos. «¡He visto al Señor!», exclamaba, y les contaba lo que él le había dicho.


Jesús se aparece a sus discípulos

19 Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y poniéndose en medio de ellos, dijo:


—¡La paz sea con ustedes!


20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor, los discípulos se alegraron.


21 —¡La paz sea con ustedes! —repitió Jesús—. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.


22 Acto seguido, sopló sobre ellos y les dijo:


—Reciban el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados.


Jesús se aparece a Tomás

24 Tomás, al que apodaban el Gemelo[b] y que era uno de los doce, no estaba con los discípulos cuando llegó Jesús. 25 Así que los otros discípulos le dijeron:


—¡Hemos visto al Señor!


—Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré —repuso Tomás.


26 Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó.


—¡La paz sea con ustedes!


27 Luego dijo a Tomás:


—Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.


28 —¡Señor mío y Dios mío! —exclamó Tomás.


29 —Porque me has visto, has creído —le dijo Jesús—; dichosos los que no han visto y sin embargo creen.


30 Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. 31 Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.


Footnotes

20:17 Detengas. Lit. No me toques.

20:24 apodaban el Gemelo. Lit. llamaban Dídimos.

Salmos 119:153-176

Nueva Versión Internacional

Resh

153 Considera mi aflicción, y líbrame,

    pues no me he olvidado de tu Ley.

154 Defiende mi causa y rescátame;

    dame vida conforme a tu promesa.

155 La salvación está lejos de los malvados,

    porque ellos no buscan tus estatutos.

156 Grande es, Señor, tu misericordia;

    dame vida conforme a tus leyes.

157 Muchos son mis adversarios y mis perseguidores,

    pero yo no me aparto de tus mandatos.

158 Me repugna mirar a esos traidores,

    porque no cumplen tus palabras.

159 Mira, Señor, cuánto amo tus preceptos;

    conforme a tu gran amor, dame vida.

160 La suma de tus palabras es la verdad;

    tus justas leyes permanecen para siempre.


Sin y Shin

161 Gobernantes me persiguen sin motivo,

    pero mi corazón se estremece ante tu palabra.

162 Yo me regocijo en tu promesa

    como quien halla un gran botín.

163 Aborrezco y repudio la falsedad,

    pero amo tu Ley.

164 Siete veces al día te alabo

    por tus justas leyes.

165 Los que aman tu Ley disfrutan de gran paz

    y nada los hace tropezar.

166 Yo, Señor, espero tu salvación

    y practico tus mandamientos.

167 Con todo mi ser cumplo tus mandatos.

    ¡Cuánto los amo!

168 Obedezco tus preceptos y tus mandatos,

    porque conoces todos mis caminos.


Tav

169 Que llegue mi clamor a tu presencia;

    dame entendimiento, Señor, conforme a tu palabra.

170 Que llegue a tu presencia mi súplica;

    líbrame, conforme a tu promesa.

171 Que rebosen mis labios de alabanza,

    porque tú me enseñas tus estatutos.

172 Que entone mi lengua un cántico a tu palabra,

    pues todos tus mandamientos son justos.

173 Que acuda tu mano en mi ayuda,

    porque he escogido tus preceptos.

174 Yo, Señor, anhelo tu salvación.

    Tu Ley es mi regocijo.

175 Déjame vivir para alabarte;

    que vengan tus leyes a ayudarme.

176 Cual oveja perdida me he extraviado;

    ven en busca de tu siervo,

    porque no he olvidado tus mandamientos.


Proverbios 16:14-15

Nueva Versión Internacional

14 La ira del rey es presagio de muerte,

    pero el sabio sabe apaciguarla.


15 El rostro radiante del rey es signo de vida;

    su favor es como nubes llenas de lluvia en primavera.


Nueva Versión Internacional (NVI)

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Saturday, May 30, 2026

DAB Español, Domingo 31 de Mayo

Día 151, DAB Español, Domingo 31 de Mayo


2 Samuel 17:1-29; Juan 19:23-42; Salmos 119:129-152; Proverbios 16:12-13 (Nueva Versión Internacional (NVI))










2 Samuel 17

Nueva Versión Internacional

17 Además, Ajitofel propuso a Absalón lo siguiente:


—Yo escogería doce mil soldados y esta misma noche saldría en busca de David. 2 Como él debe estar cansado y débil, lo atacaría, le haría sentir mucho miedo y pondría en fuga al resto de la gente que está con él. Pero mataría solamente al rey 3 y los demás se los traería a usted. La muerte del hombre que usted busca dará por resultado el regreso de los otros,[a] y todo el pueblo quedará en paz.


4 La propuesta le pareció acertada a Absalón, lo mismo que a todos los jefes de Israel, 5 pero Absalón dijo:


—Llamemos también a Husay, el arquita, para ver cuál es su opinión.


6 Cuando Husay llegó, Absalón preguntó:


—¿Debemos adoptar el plan que Ajitofel nos ha propuesto? Si no, ¿qué propones tú?


7 —Esta vez el plan de Ajitofel no es bueno —respondió Husay—. 8 Usted conoce bien a su padre David y a sus soldados: son valientes y deben estar furiosos como una osa salvaje a la que le han robado su cría. Además, su padre tiene mucha experiencia como hombre de guerra y no ha de pasar la noche con las tropas. 9 Ya debe de estar escondido en alguna cueva o en otro lugar. Si él ataca primero,[b] cualquiera que se entere dirá: “Ha habido una matanza entre las tropas de Absalón”. 10 Entonces aun los soldados más valientes, que son tan bravos como un león, se van a acobardar, pues todos los israelitas saben que David, su padre, es un gran soldado y cuenta con hombres muy valientes.


11 »El plan que yo propongo es el siguiente: Convoque usted a todos los israelitas que hay, desde Dan hasta Berseba. Son tan numerosos como la arena a la orilla del mar, y usted mismo debe dirigirlos en la batalla. 12 Atacaremos a David, no importa dónde se encuentre; caeremos sobre él como el rocío que cae sobre la tierra. No quedarán vivos ni él ni ninguno de sus soldados. 13 Y si llega a refugiarse en algún pueblo, todos los israelitas llevaremos sogas a ese lugar y juntos arrastraremos a ese pueblo hasta el arroyo, de modo que no quede allí ni una piedra».


14 Absalón y todos los israelitas dijeron:


—El plan de Husay, el arquita, es mejor que el de Ajitofel.


Esto sucedió porque el Señor había determinado hacer fracasar el consejo de Ajitofel, aunque era el más acertado, y de ese modo llevar a Absalón a la ruina.


15 Entonces Husay dijo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar:


—Ajitofel propuso tal y tal plan a Absalón y a los jefes de Israel, pero yo propuse este otro. 16 Dense prisa y mándenle este mensaje a David: “No pase usted la noche en las llanuras del desierto; más bien, cruce de inmediato al otro lado, no vaya a ser que Su Majestad y quienes lo acompañan sean aniquilados”.


17 Jonatán y Ajimaz se habían quedado en Enroguel. Como no se podían arriesgar a que los vieran entrar en la ciudad, una criada estaba encargada de darles la información para que ellos se la pasaran al rey David. 18 Sin embargo, un joven los vio y se lo hizo saber a Absalón, así que ellos se fueron de allí enseguida. Cuando llegaron a la casa de cierto hombre en Bajurín, se metieron en un pozo que él tenía en el patio. 19 La esposa de aquel hombre cubrió el pozo y esparció trigo sobre la tapa. De esto nadie se enteró.


20 Al pasar los soldados de Absalón por la casa, preguntaron a la mujer:


—¿Dónde están Jonatán y Ajimaz?


—Cruzaron el arroyo[c] —respondió ella.


Los soldados salieron en busca de ellos, pero como no pudieron encontrarlos, regresaron a Jerusalén. 21 Después de que los soldados se fueron, Jonatán y Ajimaz salieron del pozo y se dirigieron adonde estaba David para ponerlo sobre aviso. Le dijeron:


—Crucen el río a toda prisa, pues Ajitofel ha aconsejado que los ataquen.


22 Por tanto, David y quienes lo acompañaban se fueron y cruzaron el Jordán antes de que amaneciera. Todos sin excepción lo cruzaron.


23 Ajitofel, por su parte, al ver que Absalón no había seguido su consejo, aparejó el asno y se fue a su pueblo. Cuando llegó a su casa, luego de arreglar sus asuntos, fue y se ahorcó. Así murió, y fue enterrado en la tumba de su padre.


24 David se dirigió a Majanayin y Absalón lo siguió, cruzando el Jordán con todos los israelitas. 25 Ahora bien, en lugar de Joab, Absalón había nombrado general de su ejército a Amasá, que era hijo de un hombre llamado Itrá,[d] el cual era israelita[e] y se había casado con Abigaíl, hija de Najás y hermana de Sarvia, la madre de Joab. 26 Los israelitas que estaban con Absalón acamparon en el territorio de Galaad.


27 Cuando David llegó a Majanayin, allí estaban Sobí, hijo de Najás, oriundo de Rabá, ciudad amonita; Maquir, hijo de Amiel, que era de Lo Debar; y Barzilay, el galaadita, habitante de Roguelín. 28 Estos habían llevado camas, vasijas y ollas de barro, y también trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas,[f] 29 miel, cuajada, queso de vaca y ovejas. Ofrecieron esos alimentos a David y a su comitiva para que se los comieran, pues pensaban que en el desierto esta gente habría pasado hambre y sed, y estaría muy cansada.


Footnotes

17:3 La muerte … los otros. Texto de difícil traducción.

17:9 Si él ataca primero. Alt. Cuando algunos de los hombres caigan en el primer ataque.

17:20 Cruzaron el arroyo. Alt. Pasaron por el redil hacia el agua.

17:25 Itrá. También llamado Jeter (véase 1Cr 2:17).

17:25 israelita (TM); ismaelita (mss. de LXX; véase 1Cr 2:17).

17:28 lentejas (LXX y Siríaca); lentejas y grano tostado (TM).

Juan 19:23-42

Nueva Versión Internacional

23 Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su manto y lo partieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. Tomaron también la túnica, la cual no tenía costura, sino que era de una sola pieza, tejida de arriba abajo.


24 —No la dividamos —se dijeron unos a otros—. Echemos suertes para ver a quién le toca.


Y así lo hicieron los soldados. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice:


«Se repartieron entre ellos mi manto

    y sobre mi ropa echaron suertes».[a]


25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la esposa de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien él amaba a su lado, dijo a su madre:


—Mujer, ahí tienes a tu hijo.


27 Luego dijo al discípulo:


—Ahí tienes a tu madre.


Y desde aquel momento ese discípulo la recibió en su casa.


Muerte de Jesús

28 Después de esto, como Jesús sabía que ya todo había terminado y para que se cumpliera la Escritura, dijo:


—Tengo sed.


29 Había allí una vasija llena de vinagre; así que empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. 30 Al probar Jesús el vinagre, dijo:


—Todo se ha cumplido.


Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.


31 Era el día de la preparación para la Pascua. Los judíos no querían que los cuerpos permanecieran en la cruz en sábado, por ser este un sábado muy solemne. Así que pidieron a Pilato ordenar que quebraran las piernas a los crucificados y bajaran sus cuerpos. 32 Fueron entonces los soldados y quebraron las piernas al primer hombre que había sido crucificado con Jesús y luego al otro. 33 Pero cuando se acercaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto, no quebraron sus piernas, 34 sino que uno de los soldados le abrió el costado con una lanza y al instante brotó sangre y agua. 35 El que lo vio ha dado testimonio de ello y su testimonio es verídico. Él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. 36 Estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán ningún hueso»[b] 37 y como dice otra Escritura: «Mirarán al que han traspasado».[c]


Sepultura de Jesús

38 Después de esto, José de Arimatea pidió a Pilato el cuerpo de Jesús. José era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos. Él fue y retiró el cuerpo con el permiso de Pilato. 39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, llegó con unos treinta y tres kilogramos[d] de una mezcla de mirra y áloe. 40 Ambos tomaron el cuerpo de Jesús y, conforme a la costumbre judía de dar sepultura, lo envolvieron en vendas con las especias aromáticas. 41 En el lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto y en el huerto, un sepulcro nuevo en el que todavía no se había sepultado a nadie. 42 Como era el día judío de la preparación para el sábado y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.


Footnotes

19:24 Sal 22:18.

19:36 Éx 12:46; Nm 9:12; Sal 34:20.

19:37 Zac 12:10.

19:39 unos … kilogramos. Lit. como cien litras. La litra era una medida del imperio romano equivalente aprox. a 327 g.

Salmos 119:129-152

Nueva Versión Internacional

Pe

129 Tus mandatos son maravillosos;

    por eso los obedezco.

130 La exposición de tus palabras nos da luz

    y da entendimiento al sencillo.

131 Jadeante abro la boca

    porque ansío tus mandamientos.

132 Vuélvete a mí y ten piedad de mí,

    como haces siempre con los que aman tu nombre.

133 Guía mis pasos conforme a tu promesa;

    no permitas que ninguna iniquidad me domine.

134 Líbrame de la opresión humana,

    y obedeceré tus preceptos.

135 Haz brillar tu rostro sobre tu siervo;

    enséñame tus estatutos.

136 Ríos de lágrimas brotan de mis ojos,

    porque tu Ley no se obedece.


Tsade

137 Señor, tú eres justo

    y tus leyes son justas.

138 Justos son los mandatos que has ordenado

    y muy dignos de confianza.

139 Mi celo me consume,

    porque mis adversarios pasan por alto tus palabras.

140 Tus promesas han superado muchas pruebas,

    por eso tu siervo las ama.

141 Soy insignificante y despreciado,

    pero no me olvido de tus preceptos.

142 Tu justicia es justicia eterna

    y tu Ley es la verdad.

143 Angustia y aflicción han caído sobre mí,

    pero tus mandamientos son mi regocijo.

144 Tus mandatos son siempre justos;

    dame entendimiento para poder vivir.


Qof

145 Con todo el corazón clamo a ti, Señor;

    respóndeme, y obedeceré tus estatutos.

146 A ti clamo: «¡Sálvame!»,

    y guardaré tus mandatos.

147 Muy de mañana me levanto a pedir ayuda;

    en tus palabras he puesto mi esperanza.

148 Mis ojos están abiertos en las vigilias de la noche,

    para meditar en tus promesas.

149 Conforme a tu gran amor, escucha mi voz;

    conforme a tus leyes, Señor, dame vida.

150 Ya se acercan mis crueles perseguidores,

    pero andan muy lejos de tu Ley.

151 Tú, Señor, también estás cerca,

    y todos tus mandamientos son verdad.

152 Desde hace mucho conozco tus mandatos,

    los cuales estableciste para siempre.


Proverbios 16:12-13

Nueva Versión Internacional

12 El rey detesta las malas acciones,

    porque el trono se afirma en la justicia.


13 El rey se complace en los labios honestos;

    aprecia a quien habla con la verdad.


Nueva Versión Internacional (NVI)

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DAB Español, Sábado 30 de Mayo

Día 150, DAB Español, Sábado 30 de Mayo


2 Samuel 15:22-16:23; Juan 18:25-19:22; Salmos 119:113-128; Proverbios 16:10-11 (La Palabra (Hispanoamérica) (BLPH))










2 Samuel 15:22-16:23

La Palabra (Hispanoamérica)

22 Entonces David le dijo:


— Está bien, pasa.


Y pasó Itay, el de Gat, con todos los hombres y los niños que lo acompañaban. 23 Toda la gente lloraba a gritos mientras iba desfilando. Luego David cruzó el torrente Cedrón por el camino que lleva al desierto, y con él cruzó toda la gente. 24 También estaba Sadoc con todos los levitas que llevaban el Arca de la alianza de Dios. Colocaron el Arca junto a Abiatar, hasta que toda la gente terminó de salir de la ciudad. 25 El rey dijo a Sadoc:


— Devuelve el Arca de Dios a la ciudad, que si alcanzo el favor del Señor, él me permitirá volver a ver el Arca y su morada. 26 Pero si manifiesta que no le agrado, estaré dispuesto a que haga conmigo lo que quiera.


27 Y el rey insistió al sacerdote Sadoc:


— Mira, regresen en paz a la ciudad junto con sus dos hijos, con tu hijo Ajimás y con Jonatán, el hijo de Abiatar. 28 Y estén atentos, pues yo estaré esperando en los pasos del desierto hasta que me llegue alguna información de ustedes.


29 Sadoc y Abiatar regresaron a Jerusalén con el Arca de Dios y se quedaron allí.


30 Cuando David subía la cuesta de los olivos, iba llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. La gente que lo acompañaba llevaba también la cabeza cubierta y subía llorando. 31 Entonces informaron a David que Ajitófel formaba parte de la conspiración de Absalón, y David suplicó:


— Confunde, Señor, los consejos de Ajitófel.


32 Cuando David llegó a la cumbre, lugar donde se daba culto a Dios, le salió al encuentro Jusay, el arquita, con la túnica rasgada y la cabeza llena de tierra. 33 David le dijo:


— Si te vienes conmigo, sólo serás una carga para mí. 34 Pero si le dices a Absalón: “Majestad, soy tu servidor. He sido servidor de tu padre y a partir de ahora, seré tu servidor”, me ayudarás a hacer fracasar los consejos de Ajitófel. 35 Allí estarán contigo los sacerdotes Sadoc y Abiatar, a los que podrás informar de todo lo que escuches en palacio. 36 También estarán con ellos sus dos hijos, Ajimás, el de Sadoc, y Jonatán, el de Abiatar, a través de los cuales ustedes me harán llegar todo lo que escuchen.


37 Jusay, el amigo de David, llegó a la ciudad cuando Absalón entraba en Jerusalén.


16 Apenas David había cruzado la cima, cuando le salió al encuentro Sibá, el criado de Mefibóset, con un par de burros aparejados y cargados con doscientos panes, cien racimos de pasas, cien higos y un pellejo de vino. 2 El rey le preguntó:


— ¿Qué pretendes con eso?


Y Sibá respondió:


— Los burros son para que suba la familia del rey; los panes y los frutos, para que coman los muchachos; y el vino, para que beban los que desfallezcan en el desierto.


3 El rey le preguntó:


— ¿Y dónde está el hijo de tu amo?


Sibá le respondió:


— Se ha quedado en Jerusalén, pensando que la casa de Israel le devolverá ahora el reino de su padre.


4 El rey dijo a Sibá:


— Todo lo de Mefibóset ahora es tuyo.


Y Sibá le dijo:


— ¡Me postro a tus pies! ¡Que pueda seguir contando con el favor de mi señor el rey!


5 Cuando el rey David llegó a Bajurín, salió de allí un pariente de Saúl, llamado Simeí, hijo de Guerá. Salía insultando 6 y tirando piedras a David y a todos los servidores del rey, a pesar de que la gente y los guerreros iban a su lado. 7 Simeí lo maldecía diciendo:


— ¡Vete, vete, asesino despiadado! 8 El Señor te ha castigado por todos los crímenes contra la familia de Saúl, cuyo trono has usurpado, y ha entregado el reino en poder de tu hijo Absalón. ¡Ahora te sobreviene la desgracia por ser un asesino!


9 Abisay, el hijo de Seruyá, dijo al rey:


— ¿Por qué ese perro muerto ha de insultar a mi señor el rey? Déjame que vaya y le corte la cabeza.


10 Pero el rey le contestó:


— ¡Esto no es asunto de ustedes, hijos de Seruyá! Si me maldice porque Dios le ha ordenado que maldiga a David, ¿quién va a pedirle cuentas?


11 Luego David siguió diciendo a Abisay y a todos sus servidores:


— Si mi propio hijo, salido de mis entrañas, atenta contra mi vida, ¿qué no podrá hacer un benjaminita? ¡Déjenlo que maldiga, pues el Señor se lo ha mandado! 12 Tal vez el Señor tenga en cuenta mi aflicción y recompense con bendiciones estas maldiciones de hoy.


13 David y sus hombres siguieron su camino, mientras que Simeí los seguía por la ladera del monte, maldiciendo, tirando piedras y levantando polvo. 14 David y toda la gente que lo acompañaba llegaron agotados al Jordán y descansaron allí.


Absalón en Jerusalén

15 Absalón entró en Jerusalén con todo el grupo de israelitas. También lo acompañaba Ajitófel. 16 Cuando Jusay, el arquita amigo de David, llegó ante Absalón, le dijo:


— ¡Viva el rey, viva el rey!


17 Absalón le replicó:


— ¿Esta es la lealtad que profesas a tu amigo? ¿Por qué no te has ido con tu amigo?


18 Jusay respondió a Absalón:


— No. Yo sólo estaré y viviré con aquel al que han elegido tanto el Señor como este pueblo y todos los israelitas. 19 Además, ¿a quién voy a servir yo, sino a su hijo? De la misma manera que serví a tu padre, te serviré a ti.


20 Entonces Absalón dijo a Ajitófel:


— Aconséjenme qué debemos hacer.


21 Ajitófel dijo a Absalón:


— Acuéstate con las concubinas que tu padre dejó al cuidado del palacio. Así se enterará todo Israel de que te has enfrentado a tu padre y reforzarás los ánimos de todos tus partidarios.


22 Inmediatamente le pusieron a Absalón una tienda en la terraza y él se acostó con las concubinas de su padre a la vista de todo Israel.


23 Los consejos que daba Ajitófel en aquella época se valoraban como oráculos divinos. Y eso valía para todos los consejos que dio, tanto a David como a Absalón.


Juan 18:25-19:22

La Palabra (Hispanoamérica)

25 mientras Simón Pedro seguía allí de pie, calentándose. Alguien le preguntó:


— ¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?


Pedro lo negó diciendo:


— No, no lo soy.


26 Pero uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro cortó la oreja, le replicó:


— ¿Cómo que no? ¡Yo mismo te vi en el huerto con él!


27 Pedro volvió a negarlo. Y en aquel momento cantó un gallo.


Jesús ante Pilato (Mt 27,1-2.11-14; Mc 15,1-5; Lc 23,1-5)

28 Condujeron a Jesús de casa de Caifás al palacio del gobernador. Era muy de mañana. Los judíos no entraron en el palacio para no contraer una impureza legal que les habría impedido participar en la cena de Pascua. 29 Por eso tuvo que salir Pilato para preguntarles:


— ¿De qué acusan a este hombre?


30 Ellos le contestaron:


— Si no fuese un criminal, no te lo habríamos entregado.


31 Pilato les dijo:


— Muy bien, llévenselo y júzguenlo según la ley de ustedes.


Los judíos replicaron:


— Nosotros no tenemos autoridad para dar muerte a nadie.


32 Y es que tenía que cumplirse lo que Jesús había anunciado sobre la clase de muerte que iba a sufrir. 33 Entonces Pilato volvió a entrar en su palacio, mandó traer a Jesús y le preguntó:


— ¿Eres tú el rey de los judíos?


34 Contestó Jesús:


— ¿Me haces esa pregunta por tu cuenta o te la han sugerido otros?


35 Pilato replicó:


— ¿Acaso soy yo judío? Son los de tu propia nación y los jefes de los sacerdotes los que te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?


36 Jesús respondió:


— Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis servidores habrían luchado para librarme de los judíos. Pero no, mi reino no es de este mundo.


37 Pilato insistió:


— Entonces, ¿eres rey?


Jesús le respondió:


— Soy rey, como tú dices. Y mi misión consiste en dar testimonio de la verdad. Precisamente para eso nací y para eso vine al mundo. Todo el que ama la verdad escucha mi voz.


38 Pilato repuso:


— ¿Y qué es la verdad?


Jesús y Barrabás (Mt 27,15-17.20-21; Mc 15,6-11; Lc 23,17-19)

Dicho esto, Pilato salió de nuevo y dijo a los judíos:


— Yo no encuentro delito alguno en este hombre. 39 Pero como ustedes tienen la costumbre de que durante la fiesta de la Pascua les ponga en libertad a un preso, ¿quieren que deje en libertad al rey de los judíos?


40 Ellos, entonces, se pusieron de nuevo a gritar:


— ¡No, a ese no! ¡Deja en libertad a Barrabás!


(El tal Barrabás era un bandido).


Jesús condenado a muerte (Mt 27,30-31; Mc 15,12-20; Lc 23,20-25)

19 Así pues, Pilato se hizo cargo del asunto y mandó que azotaran a Jesús. 2 Los soldados trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza. Le echaron también sobre los hombros un manto de púrpura 3 y, acercándose a él, decían:


— ¡Viva el rey de los judíos!


Y le daban bofetadas. 4 Salió de nuevo Pilato y les dijo:


— Miren, se lo voy a presentar a ustedes para dejar claro que no encuentro delito alguno en él.


5 Salió, pues, Jesús llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Pilato les dijo:


— ¡Este es el hombre!


6 Al ver a Jesús, los jefes de los sacerdotes y sus esbirros comenzaron a gritar:


— ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!


Pilato insistió:


— Tómenlo ustedes y crucifíquenlo; yo no encuentro delito alguno en él.


7 Los judíos replicaron:


— Nosotros tenemos una ley, y según ella debe morir, porque ha querido hacerse pasar por Hijo de Dios.


8 Al oír esto, Pilato sintió aún más temor. 9 Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús:


— ¿De dónde eres tú?


Jesús ni siquiera le contestó. 10 Pilato le dijo:


— ¿Cómo? ¿Te niegas a contestarme? ¿Es que no sabes que tengo autoridad tanto para dejarte en libertad como para hacerte crucificar?


11 Jesús le respondió:


— No tendrías autoridad alguna sobre mí si Dios no te la hubiera concedido; por eso, el que me ha entregado a ti es mucho más culpable que tú.


12 Desde ese momento, Pilato intentaba por todos los medios poner a Jesús en libertad. Pero los judíos le gritaban:


— Si lo pones en libertad, no eres amigo del emperador. El que pretende ser rey se enfrenta al emperador.


13 Al oír esto, Pilato mandó sacar fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar conocido con el nombre de “Enlosado”, que en la lengua de los judíos se llama “Gábata”. 14 Era el día de preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos:


— ¡Aquí tienen a su rey!


15 Pero ellos comenzaron a gritar:


— ¡Quítalo de en medio! ¡Crucifícalo!


Pilato insistió:


— ¿Cómo voy a crucificar a su rey?


Pero los jefes de los sacerdotes replicaron:


— Nuestro único rey es el emperador romano.


16 Así que, al fin, Pilato se lo entregó para que lo crucificaran.


Crucifixión de Jesús (Mt 27,32-44; Mc 15,21-32; Lc 23,26-43)

Tomaron, pues, a Jesús 17 que, cargando con su propia cruz, se encaminó hacia el llamado “lugar de la Calavera” (que en la lengua de los judíos se conoce como “Gólgota”). 18 Allí lo crucificaron, y con él crucificaron también a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio.


19 Pilato mandó poner sobre la cruz un letrero con esta inscripción: “Jesús de Nazaret, el rey de los judíos.” 20 La inscripción fue leída por muchos judíos, porque el lugar donde Jesús había sido crucificado estaba cerca de la ciudad. Además, el texto estaba escrito en hebreo, latín y griego. 21 Así que los jefes de los sacerdotes se presentaron a Pilato y le dijeron:


— No pongas: “El rey de los judíos” sino: “Este hombre dijo: Yo soy el rey de los judíos”.


22 Pero Pilato les contestó:


— Que quede escrito lo que yo mandé escribir.


Salmos 119:113-128

La Palabra (Hispanoamérica)

113 Odio a los hipócritas

y amo, en cambio, tu ley.

114 Tú eres mi refugio y mi escudo,

en tu palabra pongo mi esperanza.

115 ¡Aléjense de mí, malvados,

que yo guardaré los mandatos de mi Dios!

116 Protégeme según tu promesa y viviré,

no defraudes mi esperanza.

117 Socórreme y estaré a salvo,

me entregaré siempre a tus normas.

118 Desprecias a quien se aparta de tus normas,

porque es mentira su astucia.

119 Rechazas como escoria a los malvados del país

y por eso yo amo tus mandatos.

120 Mi ser se estremece ante ti,

por tus decretos te venero.


121 He seguido la justicia y el derecho,

no me entregues a mis opresores.

122 Favorece a tu siervo,

que los soberbios no me humillen.

123 Se nublan mis ojos esperando tu auxilio,

tu promesa de justicia.

124 Trata a tu siervo de acuerdo con tu amor

y enséñame tus normas.

125 Yo soy tu siervo, instrúyeme

para que pueda conocer tus mandatos.

126 Señor, ya es tiempo de actuar:

tu ley ha sido violada.

127 Por eso amo tus mandamientos

y al oro más puro los prefiero;

128 por eso encuentro justos

todos tus preceptos

y aborrezco los senderos falsos.


Proverbios 16:10-11

La Palabra (Hispanoamérica)

10 El rey habla de parte de Dios,

su boca no yerra en el juicio.

11 Balanza y platillos exactos son del Señor,

todas las pesas son obra suya.


La Palabra (Hispanoamérica) (BLPH)

La Palabra, (versión hispanoamericana) © 2010 Texto y Edición, Sociedad Bíblica de España


DAB Español, Lunes 01 de Junio

Día 152, DAB Español, Lunes 01 de Junio 2 Samuel 18:1-19:10; Juan 20:1-31; Salmos 119:153-176; Proverbios 16:14-15 (Nueva Versión Internacio...