Sunday, May 10, 2026

DAB Español, Lunes 11 de Mayo

Día 131, DAB Español, Lunes 11 de Mayo


1 Samuel 10:1-11:15; Juan 6:43-71; Salmos 107; Proverbios 15:1-3 (Reina Valera Contemporánea (RVC))










1 Samuel 10-11

Reina Valera Contemporánea

10 Entonces Samuel tomó un frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl; luego lo besó y le dijo:


«El Señor te ha ungido para que seas el rey de su pueblo Israel. 2 Hoy, después de que nos despidamos, vas a encontrar a dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en Selsa, en las tierras de Benjamín; ellos te dirán que ya fueron halladas las asnas que andas buscando, y que tu padre ya no está preocupado por las asnas sino por ustedes, pues no sabe qué les ha sucedido. 3 Sigue tu camino, y cuando llegues a la encina de Tabor te encontrarás con tres hombres que van a adorar a Dios en Betel; uno de ellos llevará tres cabritos; otro, tres tortas de pan; y el tercero, un odre de vino. 4 Después de saludarte, ellos te darán dos panes, y los debes aceptar. 5 Cuando llegues a la colina de Dios, donde está la guarnición de los filisteos, y luego de que entres en la ciudad, te encontrarás con un grupo de profetas que descienden del santuario que está en el cerro. Irán profetizando y tocando salterios, panderos, flautas y arpas. 6 En ese momento el espíritu del Señor vendrá sobre ti con su poder, y profetizarás con ellos, y el cambio en ti será notable pues actuarás como si fueras otro hombre. 7 Cuando sucedan estas señales, haz lo que te venga a la mano hacer, porque Dios está contigo. 8 Luego te adelantarás para llegar a Gilgal antes que yo; siete días después yo me reuniré contigo, y juntos iremos a ofrecer holocaustos y ofrendas de paz al Señor. Espérame hasta que yo llegue y te indique lo que debes hacer.»


9 En cuanto Saúl le dio la espalda a Samuel para irse, Dios le cambió todo su carácter, y ese mismo día sucedió todo lo que Samuel le había dicho. 10 Al llegar a la colina, vieron que el grupo de profetas venía al encuentro de Saúl. Entonces el espíritu de Dios vino sobre él con todo su poder, y Saúl comenzó a profetizar. 11 Y cuando todos los que lo conocían lo vieron profetizar junto con los otros profetas, se preguntaron los unos a los otros:


«¿Qué le pasa al hijo de Cis? ¿Acaso también él es profeta?»


12 Uno de ellos exclamó:


«¡Hoy día, cualquiera es profeta!»[a]


Por eso es tan popular el dicho: «¿También Saúl anda entre los profetas?»


13 En cuanto Saúl llegó al santuario en el cerro dejó de profetizar. 14 Entonces uno de sus tíos les preguntó a Saúl y a su criado:


«¿Y ustedes, dónde andaban?»


Y Saúl le respondió:


«Anduvimos buscando las asnas perdidas, pero como no las encontrábamos, fuimos a consultar a Samuel.»


15 Y el tío de Saúl le dijo:


«Te ruego que me digas lo que les dijo Samuel.»


16 Y Saúl le respondió:


«Claramente nos dijo que las asnas ya habían sido halladas.»


Sin embargo, Saúl no le dijo nada de lo que Samuel le había dicho en cuanto al reino. 17 Más tarde, Samuel pidió al pueblo que se reuniera ante el Señor en Mispá, 18 y les dijo a los israelitas:


«Así dice el Señor, el Dios de Israel: “Yo los saqué a ustedes de Egipto. Yo los libré de poder de los egipcios, y de todos los reinos que los afligían. 19 Pero ustedes me rechazan como su Dios, aunque yo los protejo de todas sus aflicciones y angustias, y ahora quieren que los gobierne un rey. Pues ya que piensan así, preséntense ante mí, el Señor, en el orden de sus tribus y familias.”»


20 Una vez que se reunieron todas las tribus de Israel, Samuel ordenó que se acercara la tribu de Benjamín. 21 Luego hizo que se acercara la tribu de Benjamín, en el orden de sus familias; luego pidió que se acercara la familia de Matri, y de ella pidió que se acercara Saúl hijo de Cis. Lo buscaron entonces, pero no lo hallaron, 22 así que le preguntaron al Señor por qué Saúl no estaba allí, y el Señor les dijo:


«Búsquenlo entre el equipaje, pues allí está escondido.»


23 Entonces fueron a buscarlo allí, y lo pusieron en medio del pueblo. Y todos pudieron ver que Saúl era más alto que todos. No había quien le llegara a los hombros. 24 Y Samuel le dijo a todo el pueblo:


«Ante ustedes está el hombre que el Señor ha elegido. Como pueden ver, no hay en todo el pueblo nadie que se le compare.»


Y el pueblo lo aclamó alegremente, y gritaba: «¡Viva el rey!» 25 Después Samuel expuso al pueblo las leyes del reino, y las escribió en un libro y las guardó en presencia del Señor. 26 Luego, Samuel envió al pueblo de regreso, cada uno a su casa, y Saúl también regresó a su casa en Gabaa, acompañado de hombres valerosos, a quienes Dios tocó el corazón. 27 Pero no faltaron algunos perversos que dijeron: «¿Y éste es el que nos va a salvar?» Y como lo menospreciaron, tampoco le presentaron regalos. Pero Saúl no les dio importancia.


Saúl derrota a los amonitas

11 Un día, Najás el amonita se dirigió a Jabés de Galaad y la sitió, pero los habitantes de Jabés le propusieron a Najás que, si se aliaba con ellos, se comprometían a servirle. 2 Najás les respondió:


«Haré alianza con ustedes, con la condición de que cada uno de ustedes se deje sacar el ojo derecho. Así el pueblo de Israel quedará en vergüenza.»


3 Los ancianos de Jabés le dijeron:


«Danos siete días para que enviemos mensajeros por todo nuestro territorio. Si nadie sale en nuestra defensa, nos rendiremos a ti.»


4 Cuando los mensajeros llegaron a Gabaa de Saúl y le dijeron al pueblo las condiciones de Najás, todos lo lamentaron y se pusieron a llorar. 5 Saúl volvía del campo arreando los bueyes, y preguntó:


«¿Qué le pasa al pueblo? ¿Por qué llora?»


Entonces le dieron el mensaje de los hombres de Jabés. 6 En cuanto Saúl lo oyó, el espíritu de Dios vino sobre él con poder, y él se llenó de ira. 7 Tomó entonces un par de bueyes, los descuartizó y envió los pedazos por todo el territorio de Israel, con la orden de que los mensajeros dijeran: «Así haremos con los bueyes de los que no sigan a Saúl y a Samuel.»


Fue tal el temor que el Señor infundió en el pueblo, que se unieron como un solo hombre. 8 Cuando Saúl les pasó revista en Bezec, los israelitas eran trescientos mil, y los de Judá eran treinta mil, 9 los cuales dijeron a los mensajeros que habían llevado la noticia: «Digan a los de Jabés de Galaad que mañana, cuando el sol comience a calentar, serán liberados.»


Cuando los mensajeros anunciaron esto, los habitantes de Jabés se alegraron mucho 10 y les dijeron a sus enemigos: «Mañana estaremos aquí, para que hagan con nosotros lo que les parezca mejor.» 11 Pero al día siguiente Saúl distribuyó a los soldados en tres batallones que, antes de que amaneciera, cayeron sobre el campamento y, tomando por sorpresa a los amonitas, los hirieron de muerte hasta bien entrado el día. Los pocos que sobrevivieron se dispersaron, sin que siquiera dos de ellos se vieran juntos.


12 Entonces el pueblo le dijo a Samuel:


«¿Dónde están los que dudaban que Saúl sería nuestro rey? ¡Queremos que nos los entreguen, para matarlos!»


13 Pero Saúl dijo:


«Nadie va a morir hoy, porque el Señor ha traído la salvación a Israel.»


14 Por su parte, Samuel dijo al pueblo:


«Vengan todos, vamos a Gilgal, para renovar el reino.»


15 Y todo el pueblo fue a Gilgal, y allí, ante el Señor, confirmaron a Saúl como rey. Luego ofrecieron al Señor sacrificios y ofrendas de paz, y Saúl y todo el pueblo de Israel hicieron fiesta.


Footnotes

1 Samuel 10:12 «¡Hoy día, cualquiera es profeta!» Lit. ¿Y quién es el padre de ellos?, pregunta que destaca la sorpresa y menosprecio de la gente ante lo que veían.

Juan 6:43-71

Reina Valera Contemporánea

43 Jesús les respondió: «No estén murmurando entre ustedes. 44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo trae. Y yo lo resucitaré en el día final. 45 En los profetas está escrito: “Y todos serán enseñados por Dios.” Así que, todo aquel que ha oído al Padre, y ha aprendido de él, viene a mí. 46 No es que alguno haya visto al Padre, sino el que vino de Dios; éste sí ha visto al Padre. 47 De cierto, de cierto les digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Los padres de ustedes comieron el maná en el desierto, y murieron. 50 Éste es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera. 51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual daré por la vida del mundo.»


52 Los judíos discutían entre sí, y decían: «¿Y cómo puede éste darnos a comer su carne?» 53 Jesús les dijo: «De cierto, de cierto les digo: Si no comen la carne del Hijo del Hombre, y beben su sangre, no tienen vida en ustedes. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo lo resucitaré en el día final. 55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. 57 Así como el Padre viviente me envió, y yo vivo por el Padre, así también el que me come también vivirá por mí. 58 Éste es el pan que descendió del cielo. No es como el pan que comieron los padres de ustedes, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.» 59 Jesús dijo estas cosas en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.


Palabras de vida eterna

60 Al oír esto, muchos de sus discípulos dijeron: «Dura es esta palabra; ¿quién puede escucharla?» 61 Jesús, al darse cuenta de que sus discípulos murmuraban acerca de esto, les dijo: «¿Esto les resulta escandaloso? 62 ¿Pues qué pasaría si vieran al Hijo del Hombre ascender adonde antes estaba? 63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida. 64 Pero hay algunos de ustedes que no creen.» Y es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién lo entregaría, 65 así que dijo: «Por eso les he dicho que ninguno puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»


66 A partir de entonces muchos de sus discípulos dejaron de seguirlo, y ya no andaban con él. 67 Entonces, Jesús dijo a los doce: «¿También ustedes quieren irse?» 68 Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído, y sabemos, que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.» 70 Jesús les respondió: «¿Y acaso no los he escogido yo a ustedes doce, y uno de ustedes es un diablo?» 71 Y se refería Jesús a Judas Iscariote, hijo de Simón, porque éste era uno de los doce, y era el que lo iba a entregar.


Salmos 107

Reina Valera Contemporánea

LIBRO V

Dios libra de la aflicción

107 ¡Alabemos al Señor, porque él es bueno;

porque su misericordia es constante!

2 Que lo afirmen los redimidos por Dios,

los que salvó del poderoso enemigo,

3 los que reunió desde lejanas tierras,

Del oriente y del occidente,

Del norte y del sur.


4 Perdidos en el desierto, no hallaban un camino

que los llevara a una ciudad habitable.

5 Andaban hambrientos y sedientos,

con el alma a punto de desfallecer.

6 En su angustia, clamaron al Señor,

y él los libró de sus aflicciones,

7 los guió por un buen camino,

hasta encontrar una ciudad habitable.


8 ¡Alabemos la misericordia del Señor

y sus grandes hechos en favor de los mortales!

9 El Señor sacia la sed del sediento,

y colma con buena comida al hambriento.


10 Algunos vivían en profunda oscuridad,

prisioneros de la aflicción y las cadenas,

11 pues fueron rebeldes a los mandatos de Dios

y despreciaron los proyectos del Altísimo.

12 Dios quebrantó su orgullo con trabajos pesados;

caían, y no había quien los levantara.

13 Pero en su angustia clamaron al Señor,

y él los salvó de toda su aflicción;

14 los sacó de la profunda oscuridad,

y puso fin a su aflicción y sus cadenas.


15 ¡Alabemos la misericordia del Señor,

y sus grandes hechos en favor de los mortales!

16 Él destruye las puertas de bronce,

y despedaza los cerrojos de hierro.


17 Obstinados en su conducta rebelde,

y afligidos por causa de sus maldades,

18 llegaron a aborrecer toda clase de alimento;

¡ya tocaban a las puertas de la muerte!

19 Pero en su angustia clamaron al Señor,

Y él los libró de su aflicción.

20 Con el poder de su palabra los sanó,

y los libró de caer en el sepulcro.


21 ¡Alabemos la misericordia del Señor,

y sus grandes hechos en favor de los mortales!

22 ¡Ofrezcámosle sacrificios de gratitud,

y jubilosos proclamemos sus obras!


23 Los marinos, que conocen el mar,

con sus naves comercian en muchos lugares.

24 Allí, en lo profundo del mar,

han visto las maravillosas obras del Señor.

25 Él habló, y se desató un viento tempestuoso,

y gigantescas olas se encresparon.

26 Se levantaban hacia el cielo, o se hundían en el mar;

y ellos se desanimaban y temblaban de miedo.

27 Inseguros, daban traspiés, como ebrios;

¡de nada les servía toda su pericia!

28 Pero en su angustia clamaron al Señor,

Y él los libró de su aflicción:

29 convirtió la tempestad en bonanza,

y apaciguó las amenazantes olas.

30 Ante esa calma, sonrieron felices

porque él los lleva a puerto seguro.


31 ¡Alabemos la misericordia del Señor,

y sus grandes hechos en favor de los mortales!

32 ¡Que lo exalte el pueblo congregado!

¡Que lo alabe el consejo de ancianos!


33 El Señor convierte ríos y manantiales,

en sequedades y áridos desiertos;

34 por la maldad de sus habitantes

deja estéril la tierra generosa;

35 convierte el desierto en lagunas,

y la tierra seca en manantiales.

36 Allí se establecen los que sufren de hambre,

y fundan ciudades donde puedan vivir.

37 Luego siembran los campos, y plantan sus viñas,

y recogen abundantes cosechas.

38 Dios los bendice y les da muchos hijos,

y no deja que sus ganados se reduzcan.


39 Pero si disminuyen y son humillados,

es por causa de la opresión, la maldad y la congoja.

40 Pero el Señor desprecia a los tiranos,

y los hace perderse en desiertos sin camino.

41 El Señor rescata al pobre de su miseria,

y multiplica sus hijos como rebaños de ovejas.

42 Al ver esto, los fieles se alegran,

y los malvados guardan silencio.


43 Si hay alguien sabio, que cumpla con esto,

y que entienda que el Señor es misericordioso.


Proverbios 15:1-3

Reina Valera Contemporánea

15 La respuesta amable calma la ira;

la respuesta grosera aumenta el enojo.

2 La lengua sabia adorna el conocimiento;

la boca de los necios profiere tonterías.

3 Los ojos del Señor están en todas partes,

y observan a los malos y a los buenos.


Reina Valera Contemporánea (RVC)

Copyright © 2009, 2011 by Sociedades Bíblicas Unidas


Saturday, May 9, 2026

DAB Español, Domingo 10 de Mayo

Día 130, DAB Español, Domingo 10 de Mayo


1 Samuel 8:1-9:27; Juan 6:22-42; Salmos 106:32-48; Proverbios 14:34-35 (Reina Valera Contemporánea (RVC))










1 Samuel 8-9

Reina Valera Contemporánea

Israel pide rey

8 Cuando Samuel envejeció, nombró como caudillos a sus hijos para que guiaran al pueblo de Israel. 2 Su primogénito se llamaba Joel, y su segundo hijo se llamaba Abías. Los dos eran caudillos en Berseba, 3 pero no siguieron el ejemplo de su padre sino que se dejaron llevar por la avaricia, pues aceptaban sobornos y corrompieron la impartición de justicia. 4 Por eso todos los ancianos israelitas fueron a Ramá para hablar con Samuel, 5 y le dijeron:


«Es un hecho que tú ya eres viejo, y que tus hijos no siguen tu ejemplo. Por lo tanto, escógenos un rey, como lo tienen todas las naciones, para que nos gobierne.»


6 Pero a Samuel no le agradó esta propuesta de dar al pueblo un rey que lo gobernara; entonces oró al Señor, 7 y el Señor le dijo:


«Atiende todas las peticiones que te haga el pueblo. No te han rechazado a ti, sino a mí, pues no quieren que yo reine sobre ellos. 8 Están haciendo contigo lo que han hecho conmigo desde que los saqué de Egipto: me están dejando para ir y servir a otros dioses. 9 Tú, atiende sus peticiones, pero aclárales todos los inconvenientes, y muéstrales cómo los tratará quien llegue a ser su rey.»


10 Samuel comunicó al pueblo que pedía un rey todo lo que el Señor había dicho. 11 Les dijo:


«El rey que ustedes ahora piden les quitará a sus hijos para ponerlos como soldados en sus carros de guerra; unos serán jinetes de su caballería, e irán abriéndole paso a su carruaje; 12 a otros los pondrá al mando de mil soldados, y a otros al mando de cincuenta soldados; a otros los pondrá a labrar sus campos y a levantar sus cosechas, y a otros los pondrá a fabricar sus armas y los pertrechos de sus carros de guerra. 13 También les quitará a sus hijas, para convertirlas en perfumistas, cocineras y panaderas. 14 Además, les quitará sus mejores tierras, y sus viñedos y olivares, y todo eso se lo entregará a sus sirvientes. 15 Les quitará también la décima parte de sus granos y de sus viñedos para pagarles a sus oficiales y a sus sirvientes. 16 Les quitará a sus siervos y siervas, y sus mejores jóvenes, y sus asnos y bueyes, para que trabajen para él. 17 También les exigirá la décima parte de sus rebaños, y ustedes pasarán a ser sus sirvientes. 18 El día que ustedes elijan su rey, lo van a lamentar; pero el Señor no les responderá.»


19 El pueblo no le hizo caso a Samuel, sino que dijo:


«No será así. A como dé lugar, tendremos un rey. 20 Así seremos como todas las naciones. Y nuestro rey nos gobernará, y saldrá al frente de nosotros y presentará batalla por nosotros.»


21 Samuel oyó todo lo que decía el pueblo, y se lo hizo saber al Señor. 22 Y el Señor le respondió:


«Atiende su petición, y ponles un rey que los gobierne.»


Entonces Samuel les pidió a los israelitas que regresara cada uno a su ciudad.


Saúl, elegido rey

9 Había un benjaminita muy valiente que se llamaba Cis hijo de Abiel. Era descendiente en línea directa de Seror, Becorat y Afía. 2 Este hombre tenía un hijo que se llamaba Saúl, el cual era un joven muy bien parecido. Entre todos los jóvenes israelitas no había nadie más bien parecido que él; además, era más alto que cualquiera del pueblo.


3 Un día, se perdieron las asnas de Cis, su padre, así que éste le dijo a su hijo Saúl:


«Levántate y ve enseguida a buscar las asnas. Lleva contigo a uno de los criados.»


4 Saúl y su criado atravesaron los montes de Efraín y llegaron hasta el territorio de Salisa, pero no las encontraron. De allí siguieron a la tierra de Sagalín, y tampoco las hallaron. Fueron entonces a la tierra de Benjamín, y tampoco estaban allí. 5 Cuando llegaron a la tierra de Suf, Saúl le dijo al criado que lo acompañaba:


«Vamos a regresar. Tal vez ahora mi padre esté más preocupado por nosotros que por las asnas.»


6 Pero el criado le dijo:


«En esta ciudad hay un hombre de Dios, a quien todos respetan, pues todo lo que él anuncia sucede sin falta. Vamos a verlo; tal vez nos dé alguna pista en cuanto al propósito de nuestro viaje.»


7 Y Saúl le respondió:


«Está bien, vamos; pero ¿qué podemos ofrecerle? Ya no tenemos pan en nuestras alforjas. ¿Qué podemos llevarle a ese hombre de Dios?»


8 El criado respondió:


«Yo tengo un poco de plata, pero se la daré a ese hombre para que nos diga hacia dónde dirigirnos.»


9 Antiguamente, cualquiera en Israel que consultaba a Dios, decía: «Vamos a ver al vidente», porque así se le llamaba al que luego se llamó «profeta». 10 Así que Saúl le dijo a su criado:


«Bien dicho. Vamos, pues.»


Y se dirigieron a la ciudad en donde estaba el hombre de Dios. 11 Cuando subían por la cuesta de la ciudad, se encontraron con unas jóvenes que salían por agua, y les preguntaron:


«¿Vive aquí el vidente?»


12 Ellas les respondieron:


«Sí, pero más adelante. Dense prisa, porque hoy ha venido a la ciudad para acompañar al pueblo, que va a ofrecer sacrificios en el santuario que está en lo alto del cerro. 13 En cuanto entren en la ciudad lo van a ver, pero búsquenlo antes de que suba al santuario para el banquete, pues el pueblo no comerá hasta que él llegue, ya que es él quien bendice el sacrificio; después de eso, comen los invitados. Vayan ahora mismo, y lo hallarán.»


14 Ellos se dirigieron a la ciudad, y cuando llegaron al centro, Samuel ya venía hacia ellos y en dirección al santuario del cerro. 15 Pero el Señor ya había hablado con Samuel un día antes de que Saúl llegara. Le había dicho:


16 «Prepárate, porque mañana a esta misma te enviaré a un joven benjaminita. Vas a consagrarlo como rey de mi pueblo Israel, pues él lo va a salvar de los filisteos. El clamor de mi pueblo ha llegado a mis oídos, y yo he puesto en ellos mis ojos.»


17 En cuanto Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo:


«Éste es el hombre de quien te hablé. Éste es el que va a gobernar a mi pueblo.»


18 En cuanto Saúl vio que Samuel entraba en la ciudad, se acercó a él y le dijo:


«Te ruego que me digas dónde vive el vidente.»


19 Y Samuel le respondió:


«Yo soy el vidente. Acompáñame al santuario allá arriba, y come hoy conmigo. Mañana, cuando te vayas, te diré todo lo que te está inquietando. 20 Yo sé que hace tres días se perdieron las asnas de tu padre, pero no te preocupes, porque ya las encontraron. Ahora dime: ¿Quién merece tener lo mejor que hay en Israel? Te lo voy a decir. Lo merecen tú y la familia de tu padre.»


21 Pero Saúl respondió:


«Yo soy descendiente de Benjamín, que es la más pequeña de las tribus de Israel. ¿Por qué me dices estas cosas?»


22 Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, y los llevó a la sala y les ofreció la cabecera de la mesa, aun cuando Samuel tenía treinta invitados más. 23 Luego le dijo al cocinero:


«Trae la porción de carne que te dije que apartaras.»


24 El cocinero llevó la espaldilla y todo lo que iba con ella, y la puso delante de Saúl. Entonces Samuel le dijo:


«Esto estaba reservado para ti. Sírvete y come, pues se reservó para tu visita que ya esperaba, aun cuando todo el pueblo también estaba invitado.»


Y Saúl comió aquel día con Samuel. 25 Y cuando bajaron del cerro, fueron a la ciudad y Samuel habló con Saúl en la azotea de la casa. 26 Al día siguiente, al despuntar el alba, Saúl estaba en la azotea; pero Samuel lo llamó y le dijo:


«Levántate, para que te despida.»


Saúl se levantó, y ambos salieron; 27 y cuando se dirigían al otro lado de la ciudad, Samuel le pidió a Saúl que ordenara al criado adelantarse. El criado se adelantó, y entonces Samuel le dijo a Saúl:


«Tengo un mensaje de Dios para ti.»


Juan 6:22-42

Reina Valera Contemporánea

La gente busca a Jesús

22 Al día siguiente, la gente que estaba al otro lado del lago vio que allí no había habido más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. 23 Pero otras barcas habían arribado de Tiberias, cerca del lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 24 Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, entraron en las barcas y fueron a Cafarnaún, para buscar a Jesús.


Jesús, el pan de vida

25 Cuando lo hallaron al otro lado del lago, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo llegaste acá?» 26 Jesús les respondió: «De cierto, de cierto les digo que ustedes no me buscan por haber visto señales, sino porque comieron el pan y quedaron satisfechos. 27 Trabajen, pero no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual el Hijo del Hombre les dará; porque a éste señaló Dios el Padre.» 28 Entonces le dijeron: «¿Y qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?» 29 Jesús les respondió: «Ésta es la obra de Dios: que crean en aquel que él ha enviado.» 30 Le dijeron entonces: «Pero ¿qué señal haces tú, para que veamos y te creamos? ¿Qué es lo que haces? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, tal y como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer.”» 32 Y Jesús les dijo: «De cierto, de cierto les digo, que no fue Moisés quien les dio el pan del cielo, sino que es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. 33 Y el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.» 34 Le dijeron: «Señor, danos siempre este pan.»


35 Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36 Pero yo les he dicho que, aunque me han visto, no creen. 37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no lo echo fuera. 38 Porque no he descendido del cielo para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39 Y ésta es la voluntad del que me envió: Que de todo lo que él me dio, yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. 40 Y ésta es la voluntad de mi Padre: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el día final.»


41 Los judíos murmuraban acerca de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que descendió del cielo.» 42 Y decían: «¿Acaso no es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? Entonces ¿cómo puede decir: “Del cielo he descendido”?»


Salmos 106:32-48

Reina Valera Contemporánea

32 Junto a las aguas en Meriba irritaron al Señor,

y por culpa de ellos le fue mal a Moisés,

33 pues hicieron que su ánimo se exaltara,

y que hablara con precipitación.

34 No destruyeron a los pueblos

que el Señor les ordenó destruir,

35 sino que se mezclaron con ellos

y asimilaron sus malas costumbres;

36 rindieron culto a sus ídolos,

y eso los llevó a la ruina;

37 ofrecieron a sus hijos y a sus hijas

en sacrificio a esos demonios,

38 y así derramaron sangre inocente;

sangre que fue ofrecida a los dioses de Canaán,

sangre que dejó manchada la tierra.

39 Esos hechos los hicieron impuros,

pues actuaron como un pueblo infiel.


40 El Señor se enfureció contra su pueblo,

y sintió repugnancia por los que eran suyos.

41 Los dejó caer en manos de los paganos,

y fueron sometidos por quienes los odiaban.

42 Sus enemigos los oprimieron;

los sometieron bajo su poder.

43 Muchas veces el Señor los libró,

pero ellos optaron por ser rebeldes,

y por su maldad fueron humillados.


44 Al verlos Dios angustiados,

y al escuchar su clamor,

45 se acordaba de su pacto con ellos,

y por su gran misericordia los volvía a perdonar

46 y hacía que todos sus opresores

les tuvieran compasión.


47 Señor y Dios nuestro, ¡sálvanos!

¡haz que regresemos de entre las naciones

para que alabemos tu santo nombre,

y alegres te cantemos alabanzas!


48 ¡Bendito seas Señor, Dios de Israel,

desde siempre y hasta siempre!

Que todo el pueblo diga: «¡Amén!»

¡Aleluya!


Proverbios 14:34-35

Reina Valera Contemporánea

34 Un pueblo justo es un gran pueblo,

pero el pecado deshonra a las naciones.

35 El rey es amable con el siervo inteligente,

pero se enoja con el que lo avergüenza.


Reina Valera Contemporánea (RVC)

Copyright © 2009, 2011 by Sociedades Bíblicas Unidas


Friday, May 8, 2026

DAB Español, Sábado 09 de Mayo

Día 129, DAB Español, Sábado 09 de Mayo


1 Samuel 5:1-7:17; Juan 6:1-21; Salmos 106:13-31; Proverbios 14:32-33 (Dios Habla Hoy (DHH))










1 Samuel 5-7

Dios Habla Hoy

El arca en el país de los filisteos

5 Una vez capturado el arca de Dios, los filisteos lo llevaron de Eben-ézer a Asdod; 2 luego lo tomaron y lo metieron en el templo del dios Dagón, colocándolo junto al dios. 3 A la mañana siguiente, cuando llegaron los de Asdod, encontraron a Dagón tirado en el suelo ante el arca del Señor. Entonces levantaron a Dagón y lo volvieron a poner en su sitio. 4 Pero a la mañana siguiente llegaron nuevamente los de Asdod, y otra vez encontraron a Dagón tirado en el suelo ante el arca del Señor. Su cabeza y sus dos manos se habían quebrado y estaban sobre el umbral. Lo único que le quedaba entero era el tronco. 5 Por eso hasta ahora, cuando los sacerdotes de Dagón entran en el templo de Asdod, no pisan el umbral.


6 Después el Señor castigó severamente y llenó de terror a los de Asdod y su territorio, hiriéndolos con tumores. 7 Y cuando los habitantes de Asdod vieron lo que pasaba, dijeron: «El arca del Dios de Israel no debe quedarse entre nosotros, porque ese dios nos está castigando muy duramente, tanto a nosotros como a Dagón, nuestro dios.»


8 Por tanto, mandaron decir a todos los jefes filisteos que se reunieran con ellos, y les preguntaron:


—¿Qué hacemos con el arca del Dios de Israel?


—Llévenlo a la ciudad de Gat —respondieron ellos.


Y los filisteos lo llevaron allí. 9 Pero después que lo trasladaron, el Señor sembró el pánico en la ciudad, hiriendo a sus habitantes con unos tumores que les salieron a grandes y pequeños. 10 Entonces los filisteos trasladaron el arca de Dios a Ecrón; pero cuando el arca llegó allí, los habitantes de Ecrón gritaron: «¡Nos han traído el arca del Dios de Israel para matarnos a todos!»


11 Y como por toda la ciudad se extendió un pánico mortal a causa del duro castigo que Dios les había enviado, mandaron llamar a todos los jefes filisteos y les dijeron: «Llévense de aquí el arca del Dios de Israel. Devuélvanlo a su lugar, para que no nos mate a todos.»


12 Los gritos de la ciudad llegaban hasta el cielo, pues los que no se morían tenían el cuerpo lleno de tumores.


Los filisteos devuelven el arca

6 El arca del Señor había estado siete meses en territorio filisteo. 2 Y convocaron los filisteos a los sacerdotes y adivinos para preguntarles:


—¿Qué haremos con el arca del Señor? Dígannos cómo debemos devolverlo a su lugar.


3 Ellos les contestaron:


—Si devuelven el arca del Dios de Israel, no lo manden sin nada, sino ofrezcan algo en desagravio al Señor. Entonces ustedes volverán a estar sanos y comprenderán por qué no ha dejado de castigarlos.


4 —¿Qué podemos ofrecerle en desagravio? —preguntaron los filisteos.


—Cinco figuras de oro en forma de tumor —contestaron los sacerdotes—, una por cada jefe filisteo; y cinco ratones del mismo metal, ya que ustedes y sus jefes sufren de la misma plaga. 5 Por consiguiente, hagan las figuras de los tumores y de los ratones que destrozan el país, y den honra al Dios de Israel; pues tal vez deje de castigarlos a ustedes, y a los dioses y a la tierra de ustedes. 6 ¿Por qué tienen ustedes que ser testarudos, como fueron los egipcios y el faraón, que sólo cuando el Dios de Israel los trató con dureza dejaron ir a los israelitas? 7 Manden ustedes construir una carreta nueva; tomen después dos vacas que estén criando y que nunca hayan llevado yugo, y únzanlas a la carreta; pero no dejen que sus becerros las sigan, sino déjenlos en el establo. 8 Tomen luego el arca del Señor y pónganlo en la carreta, colocando a un costado, en una caja, los objetos de oro que le van a ofrecer en desagravio. Después dejen que la carreta se vaya sola. 9 Pero fíjense en esto: si la carreta toma la dirección de Bet-semes, su propia tierra, es que el Dios de Israel ha sido la causa de nuestra gran desgracia; en caso contrario, sabremos que no fue él quien nos castigó, sino que nos ha ocurrido un accidente.


10 Aquellos hombres lo hicieron así. Tomaron dos vacas que estaban criando y, después de encerrar sus becerros en el establo, las uncieron a la carreta; 11 luego pusieron el arca del Señor en la carreta, con la caja donde estaban los ratones de oro y las figuras de los tumores. 12 Después las vacas echaron a andar por el camino que va a Bet-semes, mugiendo y siguiendo una dirección fija, sin desviarse a ningún lado. Los jefes de los filisteos caminaron detrás de ellas hasta la frontera de Bet-semes. 13 Los habitantes de Bet-semes, que estaban en el valle cosechando el trigo, al alzar la vista y ver el arca se llenaron de alegría. 14 Cuando la carreta llegó al campo de Josué, el de Bet-semes, se detuvo. Allí había una gran piedra. Entonces los de Bet-semes hicieron leña con la madera de la carreta, y ofrecieron las vacas en holocausto al Señor. 15 Los levitas habían descargado ya el arca y la caja en que estaban los objetos de oro, colocándolos sobre la gran piedra; y ese día los habitantes de Bet-semes ofrecieron al Señor holocaustos y otros sacrificios. 16 Después de ver esto, los cinco jefes de los filisteos regresaron aquel mismo día a Ecrón.


17 Los cinco tumores de oro que los filisteos ofrecieron en desagravio al Señor, correspondían a Asdod, Gaza, Ascalón, Gat y Ecrón; 18 y el número de ratones de oro era igual al total de las ciudades filisteas de aquellos cinco jefes, contando tanto las ciudades fortificadas como las aldeas sin murallas. La gran piedra sobre la que pusieron el arca del Señor todavía puede verse en el campo de Josué, el de Bet-semes.


19 Pero el Señor hizo morir a algunos de los habitantes de Bet-semes por haber curioseado dentro del arca. Les quitó la vida a setenta hombres, y la población lloró por la gran mortandad que el Señor había causado entre ellos. 20 Entonces dijeron los habitantes de Bet-semes: «¿Quién se puede sostener ante el Señor, ante este Dios santo? ¿Contra quién irá cuando se aparte de nosotros?» 21 Y enviaron a los habitantes de Quiriat-jearim el siguiente mensaje: «Los filisteos han devuelto el arca del Señor; así que vengan a llevárselo.»


7 Fueron entonces los habitantes de Quiriat-jearim y se llevaron el arca del Señor, y lo metieron en la casa de Abinadab, la cual estaba en una colina; luego consagraron a su hijo Eleazar para que lo cuidara.


Samuel, caudillo de Israel

2 Veinte años pasaron desde el día en que se colocó el arca en Quiriat-jearim, y todo Israel buscaba con ansia al Señor. 3 Por esto, Samuel dijo a todos los israelitas: «Si ustedes se vuelven de todo corazón al Señor, deben echar fuera los dioses extranjeros y las representaciones de Astarté, y dedicar sus vidas al Señor, rindiéndole culto solamente a él. Entonces él los librará del dominio de los filisteos.»


4 Los israelitas echaron fuera las diferentes representaciones de Baal y de Astarté, y rindieron culto únicamente al Señor. 5 Después Samuel ordenó: «Reúnan a todo Israel en Mispá, y yo rogaré al Señor por ustedes.»


6 Los israelitas se reunieron en Mispá, y allí sacaron agua y la derramaron como ofrenda al Señor. Aquel día ayunaron y reconocieron públicamente que habían pecado contra el Señor. Allí, en Mispá, Samuel se convirtió en caudillo de los israelitas. 7 Y cuando los filisteos supieron que los israelitas estaban reunidos en Mispá, los jefes filisteos marcharon contra ellos. Los israelitas, al saberlo, tuvieron miedo 8 y le dijeron a Samuel: «No dejes de rogar al Señor nuestro Dios por nosotros, para que nos salve del poder de los filisteos.»


9 Samuel tomó un corderito y lo ofreció entero en holocausto al Señor; luego rogó al Señor en favor de Israel, y el Señor le respondió. 10 Cuando Samuel estaba ofreciendo el holocausto, los filisteos avanzaron para atacar a los israelitas; entonces el Señor lanzó un trueno enorme contra ellos y los asustó, y de este modo fueron vencidos por los israelitas. 11 Inmediatamente salieron los israelitas de Mispá a perseguir a los filisteos, y los atacaron hasta más abajo de Bet-car. 12 Después tomó Samuel una piedra y la colocó entre Mispá y Sen, y la llamó Eben-ézer, pues dijo: «Hasta ahora el Señor nos ha ayudado.»


13 Los filisteos fueron derrotados y no volvieron a invadir el territorio israelita; y mientras Samuel vivió, el Señor estuvo contra los filisteos. 14 Las ciudades que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat, volvieron a ser de Israel. De esta manera, los israelitas liberaron su territorio del dominio filisteo, y hubo paz entre los israelitas y los amorreos.


15 Samuel fue caudillo de Israel durante toda su vida, 16 y todos los años iba a Betel, Guilgal y Mispá, para atender los asuntos de Israel en todos estos lugares. 17 Luego regresaba a Ramá, donde tenía su residencia, y desde allí gobernaba a Israel. También construyó allí un altar al Señor.


Juan 6:1-21

Dios Habla Hoy

Jesús da de comer a una multitud

6 Después de esto, Jesús se fue al otro lado del Lago de Galilea, que es el mismo Lago de Tiberias. 2 Mucha gente lo seguía, porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos. 3 Entonces Jesús subió a un monte, y se sentó con sus discípulos. 4 Ya estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Cuando Jesús miró y vio la mucha gente que lo seguía, le dijo a Felipe:


—¿Dónde vamos a comprar pan para toda esta gente?


6 Pero lo dijo por ver qué contestaría Felipe, porque Jesús mismo sabía bien lo que había de hacer. 7 Felipe le respondió:


—Ni siquiera el salario de doscientos días bastaría para comprar el pan suficiente para que cada uno recibiera un poco.


8 Entonces Andrés, que era otro de sus discípulos y hermano de Simón Pedro, le dijo:


9 —Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es esto para tanta gente?


10 Jesús respondió:


—Díganles a todos que se sienten.


Había mucha hierba en aquel lugar, y se sentaron. Eran unos cinco mil hombres. 11 Jesús tomó en sus manos los panes y, después de dar gracias a Dios, los repartió entre los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los pescados, dándoles todo lo que querían. 12 Cuando ya estuvieron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos:


—Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicie nada.


13 Ellos los recogieron, y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. 14 La gente, al ver esta señal milagrosa hecha por Jesús, decía:


—De veras éste es el profeta que había de venir al mundo.


15 Pero como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo a la fuerza para hacerlo rey, se retiró otra vez a lo alto del cerro, para estar solo.


Jesús camina sobre el agua

16 Al llegar la noche, los discípulos de Jesús bajaron al lago, 17 subieron a una barca y comenzaron a cruzar el lago para llegar a Cafarnaúm. Ya estaba completamente oscuro, y Jesús no había regresado todavía. 18 En esto, el lago se alborotó a causa de un fuerte viento que se había levantado. 19 Cuando ya habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús, que se acercaba a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. 20 Él les dijo:


—¡Soy yo, no tengan miedo!


21 Con gusto lo recibieron en la barca, y en un momento llegaron a la tierra adonde iban.


Salmos 106:13-31

Dios Habla Hoy

13 Pero muy pronto olvidaron los hechos de Dios,

y no esperaron a conocer sus planes.

14 Allá, en la soledad del desierto,

pusieron a prueba a Dios

exigiéndole que les cumpliera sus deseos.

15 Y Dios les dio lo que pidieron,

pero les mandó una enfermedad mortal.


16 En el campamento tuvieron envidia de Moisés,

y también de Aarón, el consagrado del Señor.

17 Entonces se abrió la tierra y se tragó a Datán,

y también a la pandilla de Abiram.

18 ¡El fuego ardió contra todos ellos!

¡Las llamas quemaron a los malvados!


19 En el monte Horeb hicieron un becerro,

un ídolo de oro fundido, y lo adoraron:

20 ¡cambiaron al Dios glorioso

por la imagen de un buey que come hierba!

21 Olvidaron a Dios, su Salvador,

que había hecho grandes cosas en Egipto,

22 que había hecho maravillas en el país de Cam

y cosas sorprendentes en el Mar Rojo.

23 Dios habló de destruirlos;

pero Moisés, su escogido, se interpuso

y calmó el furor de Dios,

evitando que los destruyera.


24 Más tarde despreciaron un país hermoso,

y no creyeron en las promesas de Dios;

25 dentro de sus tiendas hablaron mal del Señor,

y no obedecieron sus órdenes.

26 Entonces él levantó la mano y les juró

que los haría morir en el desierto,

27 que haría morir a sus descendientes

y los dispersaría entre las naciones paganas.


28 Se hicieron esclavos de Baal-peor,

y comieron de lo sacrificado a dioses sin vida.

29 Con sus malas acciones provocaron a Dios,

y se extendió una plaga entre ellos.

30 Pero Finees se levantó y ejecutó al culpable,

y así la plaga se detuvo.

31 Y Dios le tomó en cuenta esa justa acción,

para siempre y de padres a hijos.


Proverbios 14:32-33

Dios Habla Hoy

32 Al malvado lo arruina su propia maldad;

al hombre honrado lo protege su honradez.


33 La sabiduría habita en mentes que razonan,

pero entre los necios es desconocida.


Dios Habla Hoy (DHH)

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996.


DAB Español, Lunes 11 de Mayo

Día 131, DAB Español, Lunes 11 de Mayo 1 Samuel 10:1-11:15; Juan 6:43-71; Salmos 107; Proverbios 15:1-3 (Reina Valera Contemporánea (RVC)) ...