Tuesday, November 3, 2026

DAB Español, Miércoles 04 de Noviembre

Día 308, DAB Español, Miércoles 04 de Noviembre


Ezequiel 10:1-11:25; Hebreos 6:1-20; Salmos 105:16-36; Proverbios 27:1-2 (Nueva Traducción Viviente (NTV))










Ezequiel 10-11 

Nueva Traducción Viviente

La gloria del Señor abandona el templo

10 En mi visión, vi que, por encima de la superficie de cristal que estaba sobre las cabezas de los querubines, había algo que parecía un trono de lapislázuli. 2 Entonces el Señor le habló al hombre vestido de lino y le dijo: «Métete entre las ruedas que giran debajo de los querubines, toma un puñado de carbones encendidos y espárcelos sobre la ciudad». Así que el hombre lo hizo mientras yo observaba.


3 Cuando el hombre entró allí, los querubines estaban de pie en la parte sur del templo y la nube de gloria llenaba el atrio interior. 4 Entonces la gloria del Señor se elevó por encima de los querubines y se dirigió hacia la entrada del templo. El templo se llenó con esa nube de gloria y el atrio resplandeció con la gloria del Señor. 5 El sonido de las alas de los querubines sonaban como la voz del Dios Todopoderoso[a] y podía oírse hasta en el atrio exterior.


6 El Señor le dijo al hombre vestido de lino: «Métete entre los querubines y toma algunos carbones encendidos de entre las ruedas». Entonces el hombre entró y se paró junto a una de las ruedas. 7 Luego uno de los querubines extendió la mano y tomó algunas brasas de en medio del fuego que ardía entre ellos. Puso las brasas en las manos del hombre vestido de lino y el hombre las tomó y salió de allí. 8 (Todos los querubines tenían debajo de sus alas lo que parecían ser manos humanas).


9 Me fijé y cada uno de los cuatro querubines tenía una rueda a su lado y las ruedas brillaban como el berilo. 10 Las cuatro ruedas eran semejantes entre sí y estaban hechas de la misma manera; dentro de cada rueda había otra rueda que giraba en forma transversal. 11 Los querubines podían avanzar de frente en las cuatro direcciones, sin girar mientras se movían. Iban derecho en la dirección que tuvieran frente a ellos y nunca se desviaban. 12 Tanto los querubines como las ruedas estaban cubiertos de ojos. Los querubines tenían ojos por todo el cuerpo, incluso las manos, la espalda y las alas. 13 Oí que alguien hablaba de las ruedas como «las ruedas que giran». 14 Cada uno de los cuatro querubines tenía cuatro caras: la primera era la cara de un buey,[b] la segunda era una cara humana, la tercera era la cara de un león y la cuarta era la cara de un águila.


15 Luego los querubines se elevaron. Eran los mismos seres vivientes que yo había visto junto al río Quebar. 16 Cuando los querubines se movían, las ruedas se movían con ellos. Cuando elevaban las alas para volar, las ruedas permanecían con ellos. 17 Cuando los querubines se detenían, las ruedas también se detenían. Cuando volaban hacia arriba, las ruedas subían, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.


18 Luego la gloria del Señor salió de la entrada del templo y se sostenía en el aire por encima de los querubines. 19 Entonces, mientras yo observaba, los querubines volaron con sus ruedas a la puerta oriental del templo del Señor y la gloria del Dios de Israel se sostenía en el aire por encima de ellos.


20 Eran los mismos seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel cuando me encontraba junto al río Quebar. Sabía que eran querubines, 21 porque cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas y lo que parecían ser manos humanas debajo de las alas. 22 Además, sus caras eran como las caras de los seres que yo había visto junto al Quebar y se movían de frente y hacia adelante, tal como los otros.


Juicio a los líderes de Israel

11 Luego el Espíritu me levantó y me llevó a la entrada oriental del templo del Señor, donde vi a veinticinco hombres prominentes de la ciudad. Entre ellos estaban Jaazanías, hijo de Azur, y Pelatías, hijo de Benaía, quienes eran líderes del pueblo.


2 El Espíritu me dijo: «Hijo de hombre, estos son los hombres que piensan hacer maldades y dan consejos perversos en esta ciudad. 3 Le dicen al pueblo: “¿Acaso no es un buen momento para construir casas? Esta ciudad es como una olla de hierro. Aquí adentro estamos a salvo, como la carne en la olla[c]”. 4 Por lo tanto, hijo de hombre, profetiza contra ellos en forma clara y a viva voz».


5 Entonces vino sobre mí el Espíritu del Señor, y me ordenó que dijera: «Esto dice el Señor a los habitantes de Israel: “Yo sé lo que ustedes hablan, porque conozco cada pensamiento que les viene a la mente. 6 Ustedes asesinaron a muchos en esta ciudad y llenaron las calles con cadáveres.


7 »”Por lo tanto, esto dice el Señor Soberano: es cierto que esta ciudad es una olla de hierro, pero los trozos de carne son las víctimas de la injusticia de ustedes. En cuanto a ustedes, pronto los sacaré a rastras de esta olla. 8 Les haré caer la espada de la guerra que tanto temen, dice el Señor Soberano. 9 Los expulsaré de Jerusalén y los entregaré a extranjeros que ejecutarán mis castigos contra ustedes. 10 Serán masacrados hasta las fronteras de Israel. Ejecutaré juicio contra ustedes y sabrán que yo soy el Señor. 11 No, esta ciudad no será una olla de hierro para ustedes ni estarán a salvo como la carne dentro de ella. Los juzgaré, incluso hasta las fronteras de Israel, 12 y sabrán que yo soy el Señor. Pues se negaron a obedecer mis decretos y ordenanzas; en cambio, han imitado las costumbres de las naciones que los rodean”».


13 Mientras yo aún profetizaba, murió de repente Pelatías, hijo de Benaía. Entonces caí rostro en tierra y clamé: «Oh Señor Soberano, ¿vas a matar a todos en Israel?».


Esperanza para Israel en el destierro

14 Luego recibí este mensaje del Señor: 15 «Hijo de hombre, el pueblo que aún queda en Jerusalén habla de ti, de tus parientes y de todos los israelitas desterrados. Dicen: “¡Ellos están lejos del Señor, así que ahora él nos ha dado a nosotros la tierra que les pertenecía!”.


16 »Por lo tanto, diles a los desterrados: “Esto dice el Señor Soberano: ‘A pesar de que los esparcí por los países del mundo, yo seré un santuario para ustedes durante su tiempo en el destierro. 17 Yo, el Señor Soberano, los reuniré de entre las naciones adonde fueron esparcidos y les daré una vez más el territorio de Israel’”.


18 »Cuando los israelitas regresen a su patria, quitarán todo rastro de sus imágenes repugnantes y sus ídolos detestables. 19 Les daré integridad de corazón y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos. Les quitaré su terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo,[d] 20 para que obedezcan mis decretos y ordenanzas. Entonces, verdaderamente serán mi pueblo y yo seré su Dios. 21 Sin embargo, a todos los que añoren las imágenes repugnantes y los ídolos detestables, les daré su merecido por sus pecados. ¡Yo, el Señor Soberano, he hablado!».


La gloria del Señor abandona a Jerusalén

22 Luego los querubines desplegaron las alas y se elevaron por el aire con las ruedas junto a ellos y la gloria del Dios de Israel se sostenía en el aire por encima de ellos. 23 Entonces la gloria del Señor se levantó de la ciudad y se detuvo sobre la montaña que está al oriente.


24 Después el Espíritu de Dios me llevó de regreso a Babilonia,[e] al pueblo desterrado. Así terminó la visión de mi visita a Jerusalén. 25 Entonces les relaté a los desterrados todo lo que el Señor me había mostrado.


10:5 En hebreo El-Shaddai.

10:14 En hebreo la cara de un querubín; comparar con 1:10.

11:3 En hebreo Esta ciudad es la olla y nosotros somos la carne.

11:19 En hebreo un corazón de carne.

11:24 O Caldea.

Hebreos 6 

Nueva Traducción Viviente

6 Así que dejemos de repasar una y otra vez las enseñanzas elementales acerca de Cristo. Por el contrario, sigamos adelante hasta llegar a ser maduros en nuestro entendimiento. No puede ser que tengamos que comenzar de nuevo con los importantes cimientos acerca del arrepentimiento de las malas acciones[a] y de tener fe en Dios. 2 Ustedes tampoco necesitan más enseñanza acerca de los bautismos, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. 3 Así que, si Dios quiere, avanzaremos hacia un mayor entendimiento.


4 Pues es imposible lograr que vuelvan a arrepentirse los que una vez fueron iluminados—aquellos que experimentaron las cosas buenas del cielo y fueron partícipes del Espíritu Santo, 5 que saborearon la bondad de la palabra de Dios y el poder del mundo venidero— 6 y que luego se alejan de Dios. Es imposible lograr que esas personas vuelvan a arrepentirse; al rechazar al Hijo de Dios, ellos mismos lo clavan otra vez en la cruz y lo exponen a la vergüenza pública.


7 Cuando la tierra se empapa de la lluvia que cae y produce una buena cosecha para el agricultor, recibe la bendición de Dios. 8 En cambio, el campo que produce espinos y cardos no sirve para nada. El agricultor no tardará en maldecirlo y quemarlo.


9 Queridos amigos, aunque hablamos de este modo, no creemos que esto se aplica a ustedes. Estamos convencidos de que ustedes están destinados para cosas mejores, las cuales vienen con la salvación. 10 Pues Dios no es injusto. No olvidará con cuánto esfuerzo han trabajado para él y cómo han demostrado su amor por él sirviendo a otros creyentes[b] como todavía lo hacen. 11 Nuestro gran deseo es que sigan amando a los demás mientras tengan vida, para asegurarse de que lo que esperan se hará realidad. 12 Entonces, no se volverán torpes ni indiferentes espiritualmente. En cambio, seguirán el ejemplo de quienes, gracias a su fe y perseverancia, heredarán las promesas de Dios.


Las promesas de Dios traen esperanza

13 Por ejemplo, estaba la promesa que Dios le hizo a Abraham. Como no existía nadie superior a Dios por quién jurar, Dios juró por su propio nombre, diciendo:


14 «Ciertamente te bendeciré

    y multiplicaré tu descendencia hasta que sea incontable»[c].


15 Entonces Abraham esperó con paciencia y recibió lo que Dios le había prometido.


16 Ahora bien, cuando las personas hacen un juramento, invocan a alguien superior a ellas para obligarse a cumplirlo; y no cabe ninguna duda de que ese juramento conlleva una obligación. 17 Dios también se comprometió mediante un juramento, para que los que recibieran la promesa pudieran estar totalmente seguros de que él jamás cambiaría de parecer. 18 Así que Dios ha hecho ambas cosas: la promesa y el juramento. Estas dos cosas no pueden cambiar, porque es imposible que Dios mienta. Por lo tanto, los que hemos acudido a él en busca de refugio podemos estar bien confiados aferrándonos a la esperanza que está delante de nosotros. 19 Esta esperanza es un ancla firme y confiable para el alma; nos conduce a través de la cortina al santuario interior de Dios. 20 Jesús ya entró allí por nosotros. Él ha llegado a ser nuestro eterno Sumo Sacerdote, según el orden de Melquisedec.


6:1 En griego las obras muertas.

6:10 En griego al pueblo santo de Dios.

6:14 Gn 22:17.

Salmos 105:16-36 

Nueva Traducción Viviente

16 Mandó hambre a la tierra de Canaán,

    y cortó la provisión de alimentos.

17 Luego envió a un hombre a Egipto delante de ellos:

    a José, quien fue vendido como esclavo.

18 Le lastimaron los pies con grilletes

    y en el cuello le pusieron un collar de hierro.

19 Hasta que llegó el momento de cumplir sus sueños,[a]

    el Señor puso a prueba el carácter de José.

20 Entonces el faraón mandó a buscarlo y lo puso en libertad;

    el gobernante de la nación le abrió la puerta de la cárcel.

21 José quedó a cargo de toda la casa del rey;

    llegó a ser el administrador de todas sus posesiones.

22 Con total libertad instruía[b] a los asistentes del rey

    y enseñaba a los consejeros del rey.


23 Luego Israel llegó a Egipto;

    Jacob vivió como extranjero en la tierra de Cam.

24 Y el Señor multiplicó a los israelitas

    hasta que llegaron a ser más poderosos que sus enemigos.

25 Después puso a los egipcios en contra del pueblo de Israel,

    y ellos conspiraron contra los siervos del Señor.


26 Pero el Señor envió a su siervo Moisés,

    junto con Aarón, a quien había escogido.

27 Ellos realizaron señales asombrosas entre los egipcios,

    y maravillas en la tierra de Cam.

28 El Señor cubrió a Egipto con oscuridad,

    porque los egipcios desobedecieron[c] las órdenes de dejar ir a su pueblo.

29 Convirtió sus aguas en sangre

    y envenenó a todos los peces.

30 Luego las ranas infestaron la tierra

    y hasta invadieron las habitaciones del rey.

31 Cuando el Señor habló, enjambres de moscas descendieron sobre los egipcios,

    y hubo una nube de mosquitos por todo Egipto.

32 Les envió granizo en lugar de lluvia,

    y destellaron relámpagos sobre la tierra.

33 Arruinó sus vides y sus higueras

    y destrozó todos los árboles.

34 Habló, y vinieron oleadas de langostas,

    langostas jóvenes en cantidades innumerables.

35 Se comieron todo lo verde que había en la tierra

    y destruyeron todos los cultivos de los campos.

36 Después mató al hijo mayor de cada hogar egipcio,

    el orgullo y la alegría de cada familia.


105:19 En hebreo su palabra.

105:22 Así aparece en la versión griega y en la siríaca; en hebreo dice ataba o encarcelaba.

105:28 Así aparece en la versión griega y en la siríaca; en hebreo dice no desobedecieron.

Proverbios 27:1-2 

Nueva Traducción Viviente

27 No te jactes del mañana,

    ya que no sabes lo que el día traerá.


2 Que te alabe otro y no tu propia boca;

    que lo haga un desconocido, no tus propios labios.


Nueva Traducción Viviente (NTV)

La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados.


DAB Español, Martes 03 de Noviembre

Día 307, DAB Español, Martes 03 de Noviembre


Ezequiel 7:1-9:11; Hebreos 5:1-14; Salmos 105:1-15; Proverbios 26:28 (Nueva Traducción Viviente (NTV))










Ezequiel 7-9 

Nueva Traducción Viviente

Ya viene el fin

7 Después recibí este mensaje del Señor: 2 «Hijo de hombre, esto dice el Señor Soberano a Israel:


»¡Ya llegó el fin!

    Dondequiera que mires

—al oriente, al occidente, al norte o al sur—

    tu tierra está acabada.

3 No queda esperanza,

    porque desataré mi enojo contra ti.

Te llamaré a rendir cuentas

    de todos tus pecados detestables.

4 Miraré para otro lado y no te tendré compasión.

    Te daré tu merecido por todos tus pecados detestables.

Entonces sabrás que yo soy el Señor.


5 »Esto dice el Señor Soberano:

¡Desastre tras desastre

    se te acerca!

6 El fin ha llegado.

    Finalmente llegó.

    ¡Te espera la condenación final!

7 Oh pueblo de Israel, ya amanece el día de tu destrucción.

    Ha llegado la hora; está cerca el día de dificultad.

En las montañas se oirán gritos de angustia;

    no serán gritos de alegría.

8 Pronto derramaré mi furia sobre ti,

    y contra ti desataré mi enojo.

Te llamaré a rendir cuentas

    de todos tus pecados detestables.

9 Miraré para otro lado y no te tendré compasión.

    Te daré tu merecido por todos tus pecados detestables.

Entonces sabrás que soy yo, el Señor,

    quien da el golpe.


10 »¡El día del juicio ha llegado;

    tu destrucción está a la puerta!

La perversidad y la soberbia de la gente

    han florecido en pleno.

11 La violencia de ellos se ha transformado en una vara

    que los azotará por su perversidad.

Ninguno de esos orgullosos y perversos sobrevivirá.

    Toda su riqueza y prestigio se esfumará.

12 Sí, ha llegado la hora;

    ¡este es el día!

Que los comerciantes no se alegren por las ofertas,

    ni los vendedores lamenten sus pérdidas,

porque todos ellos caerán

    bajo mi enojo terrible.

13 Aunque los mercaderes sobrevivan,

    jamás regresarán a sus negocios.

Pues lo que Dios ha dicho se aplica a todos sin excepción;

    ¡no se cambiará!

Ninguna persona que viva descarriada por el pecado

    se recuperará jamás.


Desolación de Israel

14 »Suena la trompeta para movilizar al ejército de Israel,

    pero nadie presta atención,

    porque me he enfurecido contra todos ellos.

15 Fuera de la ciudad hay guerra,

    y dentro de la ciudad, enfermedades y hambre.

Los que estén fuera de las murallas de la ciudad

    morirán al filo de las espadas enemigas.

Los que estén dentro de la ciudad

    morirán de hambre y enfermedades.

16 Los sobrevivientes que escapen hacia las montañas

    gemirán como palomas, sollozando por sus pecados.

17 Sus manos colgarán sin fuerza;

    las rodillas les quedarán débiles como el agua.

18 Se vestirán de tela áspera;

    el horror y la vergüenza los cubrirán.

Se afeitarán la cabeza

    en señal de dolor y remordimiento.


19 »Arrojarán su dinero a la calle;

    lo tirarán como si fuera basura.

Ni su plata ni su oro los salvará

    cuando llegue ese día del enojo del Señor.

No los saciarán ni los alimentarán,

    porque su avaricia solo los hace tropezar.

20 Estaban orgullosos de sus hermosas joyas

    y con ellas hicieron ídolos detestables e imágenes repugnantes.

Por lo tanto, haré que todas sus riquezas

    les resulten asquerosas.

21 Se las daré a los extranjeros como botín,

    a las naciones más perversas,

    y ellas las profanarán.

22 Apartaré mis ojos de ellos

    cuando esos ladrones invadan y profanen mi preciosa tierra.


23 »Prepara cadenas para mi pueblo,

    porque la tierra está ensangrentada por crímenes terribles.

    Jerusalén está llena de violencia.

24 Traeré a las naciones más despiadadas

    para que se apoderen de sus casas.

Derrumbaré sus orgullosas fortalezas

    y haré que se profanen sus santuarios.

25 El terror y el temblor se apoderarán de mi pueblo.

    Buscarán paz, pero no la encontrarán.

26 Habrá calamidad tras calamidad;

    un rumor seguirá a otro rumor.

En vano buscarán

    una visión de los profetas.

No recibirán enseñanza de los sacerdotes

    ni consejo de los líderes.

27 El rey y el príncipe quedarán indefensos,

    sollozando de desesperación,

y las manos de la gente

    temblarán de miedo.

Los haré pasar por la misma maldad

    que ellos causaron a otros,

y recibirán el castigo

    que tanto merecen.

¡Entonces sabrán que yo soy el Señor!».


Idolatría en el templo

8 Después, el 17 de septiembre,[a] durante el sexto año de cautividad del rey Joaquín, mientras los líderes de Judá estaban en mi casa, el Señor Soberano puso su mano sobre mí. 2 Vi una figura con apariencia de hombre.[b] De lo que parecía ser su cintura para abajo, parecía una llama encendida. De la cintura para arriba, tenía aspecto de ámbar reluciente.[c] 3 Extendió algo que parecía ser una mano y me tomó del cabello. Luego el Espíritu me elevó al cielo y me transportó a Jerusalén en una visión que procedía de Dios. Me llevó a la puerta norte del atrio interior del templo, donde hay un ídolo grande que ha provocado los celos del Señor. 4 De pronto, estaba allí la gloria del Dios de Israel, tal como yo la había visto antes en el valle.


5 Entonces el Señor me dijo: «Hijo de hombre, mira hacia el norte». Así que miré hacia el norte y, junto a la entrada de la puerta que está cerca del altar, estaba el ídolo que tanto había provocado los celos del Señor.


6 «Hijo de hombre—me dijo—, ¿ves lo que hacen? ¿Ves los pecados detestables que cometen los israelitas para sacarme de mi templo? ¡Pero ven y verás pecados aún más detestables que estos!». 7 Luego me llevó a la puerta del atrio del templo, donde pude ver un hueco en el muro. 8 Me dijo: «Ahora, hijo de hombre, cava en el muro». Entonces cavé en el muro y hallé una entrada escondida.


9 «¡Entra—me dijo—, y mira los pecados perversos y detestables que cometen ahí!». 10 Entonces entré y vi las paredes cubiertas con grabados de toda clase de reptiles y criaturas detestables. También vi los diversos ídolos[d] a los que rendía culto el pueblo de Israel. 11 Allí había de pie setenta líderes de Israel y en el centro estaba Jaazanías, hijo de Safán. Todos tenían en la mano un recipiente para quemar incienso y de cada recipiente se elevaba una nube de incienso por encima de sus cabezas.


12 Entonces el Señor me dijo: «Hijo de hombre, ¿has visto lo que los líderes de Israel hacen con sus ídolos en los rincones oscuros? Dicen: “¡El Señor no nos ve; él ha abandonado nuestra tierra!”». 13 Entonces el Señor agregó: «¡Ven y te mostraré pecados aún más detestables que estos!».


14 Así que me llevó a la puerta norte del templo del Señor; allí estaban sentadas algunas mujeres, sollozando por el dios Tamuz. 15 «¿Has visto esto?—me preguntó—. ¡Pero te mostraré pecados aún más detestables!».


16 Entonces me llevó al atrio interior del templo del Señor. En la entrada del santuario, entre la antesala y el altar de bronce, había unos veinticinco hombres de espaldas al santuario del Señor. ¡Estaban inclinados hacia el oriente, rindiendo culto al sol!


17 «¿Ves esto, hijo de hombre?—me preguntó—. ¿No le importa nada al pueblo de Judá cometer estos pecados detestables con los cuales llevan a la nación a la violencia y se burlan de mí y provocan mi enojo? 18 Por lo tanto, responderé con furia. No les tendré compasión ni les perdonaré la vida y por más que clamen por misericordia, no los escucharé».


Masacre de los idólatras

9 Entonces el Señor dijo con voz de trueno: «¡Traigan a los hombres designados para castigar la ciudad! ¡Díganles que vengan con sus armas!». 2 Pronto entraron seis hombres por la puerta superior que da al norte y cada uno llevaba un arma mortal en la mano. Con ellos había un hombre vestido de lino, que llevaba un estuche de escriba en la cintura. Todos se dirigieron al atrio del templo y se pusieron de pie junto al altar de bronce.


3 Entonces la gloria del Dios de Israel se elevó de entre los querubines, donde había reposado, y se movió hacia la entrada del templo. Luego el Señor llamó al hombre vestido de lino, que llevaba el estuche de escriba. 4 Le dijo: «Recorre las calles de Jerusalén y pon una marca en la frente de todos los que lloren y suspiren por los pecados detestables que se cometen en la ciudad».


5 Luego oí al Señor decir a los demás hombres: «Síganlo por toda la ciudad y maten a todos los que no tengan la marca en la frente. ¡No tengan compasión! ¡No tengan lástima de nadie! 6 Mátenlos a todos: ancianos, jóvenes, muchachas, mujeres y niños. Sin embargo, no toquen a ninguno que tenga la marca. Comiencen aquí mismo, en el templo». Entonces ellos comenzaron matando a los setenta líderes.


7 «¡Contaminen el templo!—mandó el Señor—. Llenen los atrios con cadáveres. ¡Vayan!». Entonces ellos salieron y comenzaron la masacre por toda la ciudad.


8 Mientras mataban a la gente, yo me quedé solo. Caí con el rostro en tierra y clamé:


—¡Oh Señor Soberano! ¿Acaso tu furia contra Jerusalén destruirá a todos los que queden en Israel?


9 Me contestó:


—Los pecados del pueblo de Israel y Judá son muy, pero muy grandes. La tierra está llena de homicidios; la ciudad está colmada de injusticia. Ellos dicen: “¡El Señor no lo ve! ¡El Señor ha abandonado esta tierra!”. 10 Por eso no les perdonaré la vida ni les tendré compasión. Les daré todo su merecido por lo que han hecho.


11 Luego regresó el hombre vestido de lino, que llevaba el estuche de escriba, e informó: «Ya hice lo que me ordenaste».


8:1 En hebreo el quinto [día] del sexto mes, del antiguo calendario lunar hebreo. Ese suceso ocurrió el 17 de septiembre del 592 a. C.; ver también la nota en 1:1.

8:2a Así aparece en la versión griega; en hebreo dice apariencia de fuego.

8:2b O de metal bruñido.

8:10 El término hebreo (literalmente cosas redondas) probablemente se refiere al estiércol.

Hebreos 5 

Nueva Traducción Viviente

5 Todo sumo sacerdote es un hombre escogido para representar a otras personas en su trato con Dios. Él presenta a Dios las ofrendas de esas personas y ofrece sacrificios por los pecados. 2 Y puede tratar con paciencia a los ignorantes y descarriados, porque él también está sujeto a las mismas debilidades. 3 Por esa razón, debe ofrecer sacrificios tanto por sus propios pecados como por los del pueblo.


4 Y nadie puede llegar a ser sumo sacerdote solo porque desee tener ese honor. Tiene que ser llamado por Dios para ese trabajo, como sucedió con Aarón. 5 Por eso, Cristo no se honró a sí mismo haciéndose Sumo Sacerdote, sino que fue elegido por Dios, quien le dijo:


«Tú eres mi Hijo.

    Hoy he llegado a ser tu Padre[a]».


6 Y en otro pasaje Dios le dijo:


«Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec»[b].


7 Mientras estuvo aquí en la tierra, Jesús ofreció oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía rescatarlo de la muerte. Y Dios oyó sus oraciones por la gran reverencia que Jesús le tenía. 8 Aunque era Hijo de Dios, Jesús aprendió obediencia por las cosas que sufrió. 9 De ese modo, Dios lo hizo apto para ser el Sumo Sacerdote perfecto, y Jesús llegó a ser la fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen. 10 Y Dios lo designó Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.


Un llamado al crecimiento espiritual

11 Nos gustaría decir mucho más sobre este tema, pero es difícil de explicar, sobre todo porque ustedes son torpes espiritualmente y tal parece que no escuchan. 12 Hace tanto que son creyentes que ya deberían estar enseñando a otros. En cambio, necesitan que alguien vuelva a enseñarles las cosas básicas de la palabra de Dios.[c] Son como niños pequeños que necesitan leche y no pueden comer alimento sólido. 13 Pues el que se alimenta de leche sigue siendo bebé y no sabe cómo hacer lo correcto. 14 El alimento sólido es para los que son maduros, los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo.


5:5 U Hoy te doy a conocer como mi Hijo. Sal 2:7.

5:6 Sal 110:4.

5:12 O de los oráculos de Dios.

Salmos 105:1-15 

Nueva Traducción Viviente

105 Den gracias al Señor y proclamen su grandeza;

    que todo el mundo sepa lo que él ha hecho.

2 Canten a él; sí, cántenle alabanzas.

    Cuéntenle a todo el mundo acerca de sus obras maravillosas.

3 Regocíjense por su santo nombre;

    alégrense ustedes, los que adoran al Señor.

4 Busquen al Señor y a su fuerza;

    búsquenlo continuamente.

5 Recuerden las maravillas y los milagros que ha realizado,

    y los decretos que ha dictado,

6 ustedes, hijos de su siervo Abraham,

    descendientes de Jacob, los elegidos de Dios.


7 Él es el Señor nuestro Dios;

    su justicia se ve por toda la tierra.

8 Siempre se atiene a su pacto,

    al compromiso que adquirió con mil generaciones.

9 Es el pacto que hizo con Abraham

    y el juramento que le hizo a Isaac.

10 Se lo confirmó a Jacob como un decreto

    y al pueblo de Israel como un pacto eterno:

11 «Te daré la tierra de Canaán

    como tu preciada posesión».


12 Eso lo dijo cuando eran unos pocos,

    un pequeño grupo de extranjeros en Canaán.

13 Anduvieron de nación en nación,

    de un reino a otro.

14 Sin embargo, él no permitió que nadie los oprimiera.

    A favor de ellos, les advirtió a los reyes:

15 «No toquen a mi pueblo elegido

    ni hagan daño a mis profetas».


Proverbios 26:28 

Nueva Traducción Viviente

28 La lengua mentirosa odia a sus víctimas,

    y las palabras aduladoras llevan a la ruina.


Nueva Traducción Viviente (NTV)

La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados.


Monday, November 2, 2026

DAB Español, Lunes 02 de Noviembre

Día 306, DAB Español, Lunes 02 de Noviembre


Ezequiel 3:16-6:14; Hebreos 4:1-16; Salmos 104:24-35; Proverbios 26:27 (Nueva Traducción Viviente (NTV))










Ezequiel 3:16-6:14 

Nueva Traducción Viviente

Centinela para Israel

16 Después de siete días, el Señor me dio el siguiente mensaje: 17 «Hijo de hombre, te he puesto como centinela para Israel. Cada vez que recibas un mensaje mío, adviértele a la gente de inmediato. 18 Si les aviso a los perversos: “Ustedes están bajo pena de muerte”, pero tú no les das la advertencia, ellos morirán en sus pecados; y yo te haré responsable de su muerte. 19 Si tú les adviertes, pero ellos se niegan a arrepentirse y siguen pecando, morirán en sus pecados; pero tú te habrás salvado porque me obedeciste.


20 »Si los justos se desvían de su conducta recta y no hacen caso a los obstáculos que pongo en su camino, morirán; y si tú no les adviertes, ellos morirán en sus pecados. No se recordará ninguno de sus actos de justicia y te haré responsable de la muerte de esas personas; 21 pero si les adviertes a los justos que no pequen y te hacen caso y no pecan, entonces vivirán, y tú también te habrás salvado».


22 Luego el Señor puso su mano sobre mí y me dijo: «Levántate y sal al valle, y allí te hablaré». 23 Entonces me levanté y fui. Allí vi la gloria del Señor, tal como la había visto en mi primera visión junto al río Quebar, y caí con el rostro en tierra.


24 Después el Espíritu entró en mí y me puso de pie. Me habló y me dijo: «Vete a tu casa y enciérrate. 25 Allí, hijo de hombre, te atarán con cuerdas, para que no puedas salir a estar con el pueblo. 26 Haré que la lengua se te pegue al paladar para que quedes mudo y no puedas reprenderlos, porque son rebeldes. 27 Sin embargo, cuando te dé un mensaje, te soltaré la lengua y te dejaré hablar. Entonces les dirás: “¡Esto dice el Señor Soberano!”. Los que quieran escuchar, escucharán, pero los que se nieguen, se negarán, porque son rebeldes.


Señal del inminente sitio

4 »Ahora, hijo de hombre, toma un ladrillo grande de barro y ponlo en el suelo, delante de ti. Luego dibuja en él un mapa de la ciudad de Jerusalén y 2 representa la ciudad bajo ataque. Construye un muro a su alrededor para que nadie pueda escapar. Establece el campamento enemigo y rodea la ciudad con rampas de asalto y arietes. 3 Luego toma una plancha de hierro y colócala entre tú y la ciudad. Dirígete a la ciudad y demuestra lo terrible que será el ataque contra Jerusalén. Esto será una advertencia al pueblo de Israel.


4 »Ahora acuéstate sobre tu lado izquierdo y pon sobre ti los pecados de Israel. Cargarás con sus pecados todos los días que permanezcas acostado sobre ese lado. 5 Te exijo que cargues con los pecados de Israel durante trescientos noventa días, un día por cada año de su pecado. 6 Cumplido ese tiempo, date vuelta y acuéstate sobre el lado derecho cuarenta días, un día por cada año del pecado de Judá.


7 »Mientras tanto, mira fijamente el sitio contra Jerusalén. Quédate acostado con el brazo descubierto y profetiza la destrucción de la ciudad. 8 Te ataré con cuerdas para que no puedas moverte de un lado al otro hasta que se hayan cumplido los días del ataque.


9 »Ahora ve a conseguir algo de trigo, cebada, frijoles, lentejas, mijo y trigo espelta, y mézclalos en un recipiente grande. Con esta mezcla, harás pan para ti durante los trescientos noventa días que estarás acostado sobre tu lado izquierdo. 10 Prepárate raciones de alimento de doscientos veintiocho gramos[a] para cada día y cómelas a determinadas horas. 11 Luego mide una jarra[b] de agua para cada día y bébela a determinadas horas. 12 Prepara este alimento y cómelo como si fuera un pan de cebada. Cocínalo a la vista de todo el pueblo, sobre un fuego encendido con excremento humano seco, y luego cómete el pan». 13 Después el Señor dijo: «¡Así comerán los israelitas pan contaminado en las naciones gentiles[c] adonde los expulsaré!».


14 Entonces dije: «Oh Señor Soberano, ¿es necesario que me contamine con excremento humano? Pues nunca me he contaminado. Desde que era niño hasta ahora, jamás comí ningún animal que muriera por enfermedad o que fuera muerto por otros animales. Jamás probé ninguna carne prohibida por la ley».


15 «Está bien—dijo el Señor—. Puedes cocinar tu pan con estiércol de vaca en vez de excremento humano». 16 Luego me dijo: «Hijo de hombre, haré que escasee el alimento en Jerusalén. Tendrán que racionarlo con mucho cuidado y lo comerán con temor. El agua se racionará, gota a gota, y el pueblo la beberá afligido. 17 Por la falta de alimento y de agua, ellos se mirarán unos a otros llenos de terror, y en su castigo se irán consumiendo.


Señal del juicio que viene

5 »Hijo de hombre, toma una espada afilada y úsala como navaja para afeitarte la cabeza y la barba. Toma una balanza y pesa el cabello en tres partes iguales. 2 Coloca una tercera parte del cabello en el centro del mapa que hiciste de Jerusalén. Después de representar el ataque a la ciudad, quémalo allí. Esparce otra tercera parte del cabello por todo el mapa y córtalo con una espada. Arroja la otra tercera parte al viento, porque yo esparciré a mi pueblo con la espada. 3 Conserva apenas un poquito del cabello y átalo en tu túnica. 4 Luego toma algunos de esos cabellos y arrójalos al fuego para que se consuman. De ese remanente se esparcirá un fuego que destruirá a todo Israel.


5 »El Señor Soberano dice: esto es una ilustración de lo que le ocurrirá a Jerusalén. Yo la puse en el centro de las naciones, 6 pero ella se rebeló contra mis ordenanzas y decretos, y resultó ser aún más perversa que las naciones vecinas. Se ha negado a obedecer las ordenanzas y los decretos que le di para que siguiera.


7 »Por lo tanto, esto dice el Señor Soberano al pueblo: te has comportado peor que tus vecinos y te has negado a obedecer mis decretos y ordenanzas. Ni siquiera has vivido a la altura de las naciones que te rodean. 8 Por lo tanto, ahora, yo mismo, el Señor Soberano, soy tu enemigo. Te castigaré en público, a la vista de todas las naciones. 9 A causa de tus ídolos detestables, te castigaré como nunca he castigado a nadie ni volveré a hacerlo jamás. 10 Los padres se comerán a sus propios hijos y los hijos se comerán a sus padres. Te castigaré, y esparciré a los pocos que sobrevivan a los cuatro vientos.


11 »Tan cierto como que yo vivo, dice el Señor Soberano, te eliminaré por completo. No te tendré ninguna lástima porque has contaminado mi templo con tus imágenes repugnantes y tus pecados detestables. 12 Una tercera parte del pueblo morirá de hambre y de enfermedades en la ciudad. Otra tercera parte será masacrada por el enemigo fuera de las murallas de la ciudad. A la otra tercera parte la dispersaré a los cuatro vientos y la perseguiré con mi espada. 13 Entonces por fin mi enojo se habrá desahogado y quedaré satisfecho. Cuando se haya calmado mi furia contra ellos, todo Israel sabrá que yo, el Señor, les hablé enojado de celos.


14 »Así que te convertiré en ruinas, en una burla ante los ojos de las naciones vecinas y de todos los que pasen por allí. 15 Te volverás objeto de burla, de mofas y de horror. Servirás de advertencia a las naciones que te rodean. Ellas verán lo que sucede cuando el Señor castiga con enojo a una nación y la reprende, dice el Señor.


16 »Haré que te lluevan las flechas mortales del hambre para destruirte. El hambre se volverá cada vez más terrible hasta que haya desaparecido la última migaja de alimento. 17 Junto con el hambre, te atacarán animales salvajes y te arrebatarán a tus hijos. La enfermedad y la guerra acecharán tu tierra, y mandaré la espada del enemigo contra ti. ¡Yo, el Señor, he hablado!».


Juicio contra los montes de Israel

6 Nuevamente recibí un mensaje del Señor: 2 «Hijo de hombre, ponte de cara a los montes de Israel y profetiza contra ellos. 3 Proclama este mensaje de parte del Señor Soberano contra los montes de Israel. Esto dice el Señor Soberano a los montes y a las colinas, a los barrancos y a los valles: “Estoy por provocar guerra contra ustedes y aplastaré sus santuarios paganos. 4 Todos sus altares serán demolidos y sus lugares de culto quedarán destruidos. Mataré a la gente delante de sus ídolos.[d] 5 Arrojaré los cadáveres delante de sus ídolos y desparramaré sus huesos alrededor de sus altares. 6 Dondequiera que vivan, habrá desolación y destruiré sus santuarios paganos. Sus altares serán demolidos; sus ídolos, aplastados; sus lugares de culto, derribados y todos los objetos religiosos que hayan hecho, destruidos. 7 El lugar quedará sembrado de cadáveres y sabrán que solo yo soy el Señor.


8 »”Sin embargo, permitiré que algunos de mi pueblo escapen de la destrucción y esos pocos serán esparcidos entre las naciones del mundo. 9 Luego, cuando estén desterrados entre las naciones, se acordarán de mí. Reconocerán cuánto me duele la infidelidad de su corazón y la lujuria de sus ojos que anhelan a sus ídolos. Entonces, al fin, se odiarán a sí mismos por todos sus pecados detestables. 10 Sabrán que solo yo soy el Señor y que hablaba en serio cuando dije que traería esta calamidad sobre ellos”.


11 »Esto dice el Señor Soberano: “Den palmadas y pataleen en señal de horror. Griten por todos los pecados detestables que ha cometido el pueblo de Israel. Ahora morirán por la guerra, el hambre y la enfermedad: 12 la enfermedad herirá de muerte a los que estén desterrados en lugares lejanos; la guerra destruirá a quienes estén cerca, y cualquiera que sobreviva morirá a causa del hambre. Entonces, por fin desahogaré mi furia en ellos. 13 Sabrán que yo soy el Señor cuando sus muertos queden esparcidos en medio de sus ídolos y en torno a sus altares, sobre cada colina y montaña y debajo de todo árbol frondoso y cada árbol grande que da sombra, es decir, en los lugares donde ofrecían sacrificios a sus ídolos. 14 Los aplastaré y dejaré desoladas sus ciudades, desde el desierto del sur hasta Ribla,[e] en el norte. Entonces sabrán que yo soy el Señor”».


4:10 En hebreo 20 siclos [8 onzas].

4:11 En hebreo 1/6 de un hin [aproximadamente 0,6 litros o 1 pinta].

4:13 Gentil[es], que no es judío.

6:4 El término hebreo (literalmente cosas redondas) probablemente se refiere al estiércol; también en 6:5, 6, 9, 13.

6:14 Así aparece en algunos manuscritos hebreos; la mayoría de los manuscritos hebreos dicen Diblat.

Hebreos 4 

Nueva Traducción Viviente

El descanso prometido para el pueblo de Dios

4 Todavía sigue vigente la promesa que hizo Dios de entrar en su descanso; por lo tanto, debemos temblar de miedo ante la idea de que alguno de ustedes no llegue a alcanzarlo. 2 Pues esta buena noticia—del descanso que Dios ha preparado—se nos ha anunciado tanto a ellos como a nosotros, pero a ellos no les sirvió de nada porque no tuvieron la fe de los que escucharon a Dios.[a] 3 Pues solo los que creemos podemos entrar en su descanso. En cuanto a los demás, Dios dijo:


«En mi enojo juré:

    “Ellos nunca entrarán en mi lugar de descanso”»[b],


si bien ese descanso está preparado desde que él hizo el mundo. 4 Sabemos que está preparado debido al pasaje en las Escrituras que menciona el séptimo día: «Cuando llegó el séptimo día, Dios descansó de toda su labor»[c]. 5 Pero en el otro pasaje Dios dijo: «Ellos nunca entrarán en mi lugar de descanso»[d].


6 Así que el descanso de Dios está disponible para que la gente entre, pero los primeros en oír esta buena noticia no entraron, porque desobedecieron a Dios. 7 Entonces Dios fijó otro tiempo para entrar en su descanso, y ese tiempo es hoy. Lo anunció mucho más tarde por medio de David en las palabras que ya se han citado:


«Cuando oigan hoy su voz

    no endurezcan el corazón»[e].


8 Ahora bien, si Josué hubiera logrado darles ese descanso, Dios no habría hablado de otro día de descanso aún por venir. 9 Así que todavía hay un descanso especial[f] en espera para el pueblo de Dios. 10 Pues todos los que han entrado en el descanso de Dios han descansado de su trabajo, tal como Dios descansó del suyo después de crear el mundo. 11 Entonces, hagamos todo lo posible por entrar en ese descanso, pero si desobedecemos a Dios, como lo hizo el pueblo de Israel, caeremos.


12 Pues la palabra de Dios es viva y poderosa. Es más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra entre el alma y el espíritu, entre la articulación y la médula del hueso. Deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos. 13 No hay nada en toda la creación que esté oculto a Dios. Todo está desnudo y expuesto ante sus ojos; y es a él a quien rendimos cuentas.


Cristo es nuestro Sumo Sacerdote

14 Por lo tanto, ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el cielo, Jesús el Hijo de Dios, aferrémonos a lo que creemos. 15 Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. 16 Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.


4:2 Algunos manuscritos dicen porque no combinaron fe con lo que oyeron.

4:3 Sal 95:11.

4:4 Gn 2:2.

4:5 Sal 95:11.

4:7 Sal 95:7-8.

4:9 O descanso sabático.

Salmos 104:24-35 

Nueva Traducción Viviente

24 Oh Señor, ¡cuánta variedad de cosas has creado!

    Las hiciste todas con tu sabiduría;

    la tierra está repleta de tus criaturas.

25 Allí está el océano, ancho e inmenso,

    rebosando de toda clase de vida,

    especies tanto grandes como pequeñas.

26 Miren los barcos que pasan navegando,

    y al Leviatán,[a] al cual hiciste para que juegue en el mar.


27 Todos dependen de ti

    para recibir el alimento según su necesidad.

28 Cuando tú lo provees, ellos lo recogen.

    Abres tu mano para alimentarlos,

    y quedan sumamente satisfechos.

29 Pero si te alejas de ellos, se llenan de pánico.

    Cuando les quitas el aliento,

    mueren y vuelven otra vez al polvo.

30 Cuando les das tu aliento,[b] se genera la vida

    y renuevas la faz de la tierra.


31 ¡Que la gloria del Señor continúe para siempre!

    ¡El Señor se deleita en todo lo que ha creado!

32 La tierra tiembla ante su mirada;

    las montañas humean cuando él las toca.


33 Cantaré al Señor mientras viva.

    ¡Alabaré a mi Dios hasta mi último suspiro!

34 Que todos mis pensamientos le agraden,

    porque me alegro en el Señor.

35 Que todos los pecadores desaparezcan de la faz de la tierra;

    que dejen de existir para siempre los perversos.


Que todo lo que soy alabe al Señor.


¡Alabado sea el Señor!


104:26 La identidad del Leviatán es discutida; las ideas van desde una criatura terrestre hasta un mítico monstruo marino de la literatura antigua.

104:30 O Cuando envías tu Espíritu.

Proverbios 26:27 

Nueva Traducción Viviente

27 Si tiendes una trampa para otros,

    tú mismo caerás en ella.

Si echas a rodar una roca sobre otros,

    no los aplastará a ellos sino a ti.


Nueva Traducción Viviente (NTV)

La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados.


DAB Español, Miércoles 04 de Noviembre

Día 308, DAB Español, Miércoles 04 de Noviembre Ezequiel 10:1-11:25; Hebreos 6:1-20; Salmos 105:16-36; Proverbios 27:1-2 (Nueva Traducción V...