Thursday, June 4, 2026

Doctrinas fundmentales 12

El juicio eterno
 En esta última lección, estudiamos:
  1. El juicio final para los ángeles caídos y los que no están en Cristo.
  2. El trono blanco de Jesucristo. Los que están escritos en el libro de la vida
      van a la vida eterna.
  3. El tribunal de Cristo que determina la recompensa de los siervos de Dios – 
      no la salvación.
  4. Que los juicios de Dios son justos.







 

Lección 12               Doctrinas fundamentales

 

 Repaso
 1. Como hay 2 resurrecciones, hay 2 juicios finales – uno para los justificados y
     otro para los condenados.
 2. El cristiano será juzgado, pero no condenado.
 3. Hay juicios, no eternos, YA.
 4. El cristiano y la iglesia se deben juzgar para poder cumplir sus propósitos.
 5. No todo juicio es eterno – mucho es para disciplinarnos.
 6. Dios hasta juzga a naciones.
 
  El Juicio Final                
    1. Judas 6 - Para los ángeles caídos
      a) La Biblia NO enseña salvación para los ángeles, NI la última
           reconciliación de TODOS.
      b) Esta enseñanza es la fabricación de gente que no quiere ser responsable
           por su propio pecado.
    2. Para los que no están en Cristo
      a) Judas 10-13            d) Apocalipsis 20:14-15
      b) Mateo 13:41-43     e) Isaías 66:24
      c) Marcos 9:43-48
  El Trono Blanco de Cristo (Apocalipsis 20:11-15)
    1. El libro de la vida se leerá
      a) Citas que hablan del libro de vida
         Filipenses 4:3; Apocalipsis 3:5; 13:8; 17:8; 20:12; 21:27; 22:19
      b) ¿Qué sabemos del libro de Vida?
  El Tribunal de Cristo                
   Parece ser un juicio para determinar recompensa, no salvación
    1. 2 Corintios 5:10 - Para que cada uno reciba según sus obras.
    2. Romanos 14:10-12 - Vamos a rendirle cuentas a Dios de todo hecho en
         esta vida.
    3. 1 Corintios 3:15 - Uno puede salir sin recompensa, pero con su salvación
      a) ¿Cuáles obras sobrevivirán este juicio de fuego?
        1) Juan 8:28 - Motivadas por Dios y no por la carne.
        2) Obras hechas en obediencia al Señor.
        3) Obras hechas por el poder de Dios y no el poder humano.
        4) Hebreos 11:6 - Obras hechas por medio de la fe en Dios.
      b) Juan 8:28-29 - Para tener obras que no se quemarán.
        1) Siempre levanta al Hijo de Dios.
        2) No trabajes por tu propia iniciativa.
        3) Habla lo que El Señor habla.
        4) Siempre haz sólo lo que agrada al Señor.
    4. El creyente rendirá cuentas a Dios  ¡ LO QUE VALE ES LA FIDELIDAD !
    5. ¿Qué es la Diferencia entre los 2 siguientes casos?
      a) 1 Corintios 3:11-15 - Construyeron sobre el fundamento correcto
      b) Mateo 25:14-30  - No quisieron entrar en el servicio verdadero; o sea,
          eran hipócritas.
  Principios del Juicio de Dios:
    1. Romanos 2:2 - Dios juzga en verdad.
    2. Romanos 2:6 - Dios juzga según las obras de uno.
    3. Romanos 2:11 - Dios juzga sin hacer acepción de personas.
    4. Romanos 2:16 - Dios juzga los secretos del corazón del hombre
    5. Romanos 2:12; Mateo 11:20-24 -Todos serán juzgados según la luz que
        tenían.

Wednesday, June 3, 2026

DAB Español, Jueves 04 de Junio

Día 155, DAB Español, Jueves 04 de Junio


2 Samuel 22:21-23:23; Hechos 2:1-47; Salmos 122; Proverbios 16:19-20 (Nueva Versión Internacional (NVI))









2 Samuel 22:21-23:23

Nueva Versión Internacional

21 »El Señor me ha pagado conforme a mi justicia;

    me ha premiado conforme a la limpieza de mis manos.

22 He guardado los caminos del Señor

    y no he cometido el error de alejarme de mi Dios.

23 Presentes tengo todas sus leyes;

    no me he alejado de sus estatutos.

24 He sido íntegro ante él

    y me he abstenido de pecar.

25 El Señor me ha recompensado conforme a mi justicia,

    conforme a mi limpieza ante sus ojos.


26 »Tú eres fiel con quien es fiel

    e íntegro con quien es íntegro;

27 sincero eres con quien es sincero,

    pero sagaz con el que es tramposo.

28 Das la victoria a los humildes,

    pero tu mirada humilla a los altaneros.

29 Tú, Señor, eres mi lámpara;

    tú, Señor, iluminas mis tinieblas.

30 Con tu apoyo me lanzaré contra un ejército;

    contigo, Dios mío, podré asaltar murallas.


31 »El camino de Dios es perfecto;

    la palabra del Señor es intachable.

    Escudo es Dios a los que se refugian en él.

32 Pues ¿quién es Dios sino el Señor?

    ¿Quién es la Roca sino nuestro Dios?

33 Es él quien me arma de valor

    y hace perfecto mi camino;

34 da a mis pies la ligereza del venado

    y me mantiene firme en las alturas;

35 adiestra mis manos para la batalla

    y mis brazos para tensar un arco de bronce.

36 Tú me cubres con el escudo de tu salvación;

    tu ayuda me ha hecho prosperar.

37 Has despejado el paso de mi camino,

    para que mis tobillos no se tuerzan.


38 »Perseguí a mis enemigos y los destruí;

    no retrocedí hasta verlos aniquilados.

39 Los aplasté por completo. Ya no se levantan.

    ¡Cayeron debajo de mis pies!

40 Tú me armaste de valor para el combate;

    doblegaste ante mí a los rebeldes.

41 Hiciste retroceder a mis enemigos,

    y así exterminé a los que me odiaban.

42 Pedían ayuda y no hubo quien los salvara.

    Al Señor clamaron, pero no respondió.

43 Los desmenucé. Parecían el polvo de la tierra.

    Los pisoteé como al lodo de las calles.


44 »Me has librado de los conflictos con mi pueblo;

    me has puesto por líder de las naciones;

    me sirve gente que yo no conocía.

45 Son extranjeros, y me rinden homenaje;

    apenas me oyen, me obedecen.

46 Esos extraños se descorazonan

    y temblando salen de sus refugios.


47 »¡El Señor vive! ¡Alabada sea mi Roca!

    ¡Exaltado sea Dios, la Roca de mi salvación!

48 Él es el Dios que me vindica,

    el que pone los pueblos a mis pies.

49 Tú me libras de mis enemigos,

    me exaltas por encima de mis adversarios,

    me salvas de los hombres violentos.

50 Por eso, Señor, te alabo entre las naciones

    y canto salmos a tu nombre.


51 »“Él da grandes victorias a su rey;

    a su ungido David y a sus descendientes

    les muestra por siempre su gran amor”».


Últimas palabras de David

23 Estas son las últimas palabras de David:


«Mensaje de David, hijo de Isaí,

    dulce cantor de Israel;

hombre exaltado por el Altísimo

    y ungido por el Dios de Jacob.


2 »El Espíritu del Señor habló por medio de mí;

    puso sus palabras en mi lengua.

3 El Dios de Israel habló,

    la Roca de Israel me dijo:

“El que gobierne a la gente con justicia,

    el que gobierne en el temor de Dios,

4 será como la luz de la aurora

    en un amanecer sin nubes,

que tras la lluvia resplandece

    para que brote la hierba en la tierra”.


5 »Dios ha establecido mi casa;

    ha hecho conmigo un pacto eterno,

    bien reglamentado y seguro.

Dios hará que brote mi salvación

    y que se cumpla todo mi deseo.

6 Pero los malvados son como espinos que se desechan;

    nadie los toca con la mano.

7 Se recogen con un hierro o con el asta de una lanza

    y ahí el fuego los consume».


Héroes en el ejército de David

8 Estos son los nombres de los soldados más valientes de David:


Joseb Basébet el tacmonita, que era el principal de los tres más famosos, en una batalla mató con su lanza[a] a ochocientos hombres.


9 En segundo lugar estaba Eleazar, hijo de Dodó, el ajojita, que también era uno de los tres más famosos. Estuvo con David cuando desafiaron a los filisteos que se habían concentrado en Pasdamín[b] para la batalla. Los israelitas se retiraron, 10 pero Eleazar se mantuvo firme y derrotó a tantos filisteos que, por la fatiga, la mano se le quedó pegada a la espada. Aquel día el Señor dio una gran victoria. Las tropas regresaron adonde estaba Eleazar, pero solo para tomar los despojos.


11 El tercer valiente era Sama, hijo de Agué, el ararita. En cierta ocasión, los filisteos formaron sus tropas[c] en un campo sembrado de lentejas. El ejército de Israel huyó ante ellos, 12 pero Sama se plantó en medio del campo y lo defendió, derrotando a los filisteos. El Señor les dio una gran victoria.


13 En otra ocasión, tres de los treinta más valientes fueron a la cueva de Adulán, donde estaba David. Era el comienzo de la siega y una tropa filistea acampaba en el valle de Refayin. 14 David se encontraba en su fortaleza. En ese tiempo había una guarnición filistea en Belén. 15 Como David tenía mucha sed, exclamó: «¡Ojalá pudiera yo beber agua del pozo que está a la entrada de Belén!». 16 Entonces los tres valientes se metieron en el campamento filisteo, sacaron agua del pozo de Belén y se la llevaron a David. Pero él no quiso beberla, sino que derramó el agua en honor al Señor 17 y declaró solemnemente: «¡Que el Señor me libre de beberla! ¡Eso sería como beber la sangre de hombres que han puesto su vida en peligro!». Y no quiso beberla.


Tales hazañas hicieron estos tres héroes.


18 Abisay, el hermano de Joab, hijo de Sarvia, estaba al mando de los tres y ganó fama entre ellos. En cierta ocasión, lanza en mano atacó y mató a trescientos hombres. 19 Se destacó más que los tres valientes y llegó a ser su comandante, pero no fue contado entre ellos.


20 Benaías, hijo de Joyadá, era un guerrero de Cabsel que realizó muchas hazañas. Derrotó a dos de los mejores hombres[d] de Moab y, en otra ocasión, cuando estaba nevando, se metió en una cisterna y mató un león. 21 También derrotó a un egipcio de gran estatura. El egipcio empuñaba una lanza, pero Benaías, que no llevaba más que un palo, le arrebató la lanza y lo mató con ella. 22 Tales hazañas hizo Benaías, hijo de Joyadá. También él ganó fama como los tres valientes, 23 pero no fue contado entre ellos, aunque se destacó más que los treinta valientes. Además, David lo puso al mando de su guardia real.


Footnotes

23:8 mató con su lanza (mss. de LXX; véase 1Cr 11:11); Adino el eznita mató (TM).

23:9 en Pasdamín (texto probable; véase 1Cr 11:13); allí (TM).

23:11 formaron sus tropas. Alt. se concentraron en Lejí.

23:20 dos de los mejores hombres. Alt. los dos [hijos] de Ariel.

Hechos 2

Nueva Versión Internacional

El Espíritu Santo desciende en Pentecostés

2 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2 De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. 3 Aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. 4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.


5 Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. 6 Al oír aquel bullicio, muchos corrieron al lugar y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. 7 Desconcertados y maravillados, decían: «¿No son galileos todos estos que están hablando? 8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? 9 Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de la provincia de Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; 11 judíos y convertidos al judaísmo; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!».


12 Desconcertados y perplejos, se preguntaban: «¿Qué quiere decir esto?». 13 Otros se burlaban y decían: «Lo que pasa es que están borrachos».


Pedro se dirige a la multitud

14 Entonces Pedro, con los once, se puso de pie y dijo a voz en cuello: «Compatriotas judíos y todos ustedes que están en Jerusalén, déjenme explicarles lo que sucede; presten atención a lo que voy a decir. 15 Estos no están borrachos, como suponen ustedes. ¡Apenas son las nueve de la mañana![a] 16 En realidad lo que pasa es lo que anunció el profeta Joel:


17 »“Sucederá que en los últimos días —dice Dios—,

    derramaré mi Espíritu sobre todo ser humano.

Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán,

    tendrán visiones los jóvenes

    y sueños los ancianos.

18 En esos días derramaré mi Espíritu

    aun sobre mis siervos y mis siervas,

    y profetizarán.

19 Arriba en el cielo y abajo en la tierra mostraré prodigios:

    sangre, fuego y nubes de humo.

20 El sol se convertirá en tinieblas

    y la luna en sangre

antes que llegue el día del Señor,

    día grande y esplendoroso.

21 Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo”.[b]


22 »Pueblo de Israel, escuchen esto: Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes con milagros, señales y prodigios, los cuales realizó Dios entre ustedes por medio de él, como bien lo saben. 23 Este fue entregado según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios; y por medio de gente malvada, ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz. 24 Sin embargo, Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio. 25 En efecto, David dijo de él:


»“Veía yo al Señor siempre delante de mí;

    porque él está a mi derecha,

    nada me hará caer.

26 Por eso mi corazón se alegra y canta con gozo mi lengua;

    mi cuerpo también vivirá en esperanza.

27 No dejarás que mi vida termine en los dominios de la muerte;[c]

    no permitirás que tu santo sufra corrupción.

28 Me has dado a conocer los caminos de la vida;

    me llenarás de alegría en tu presencia”.[d]


29 »Hermanos, permítanme hablarles con franqueza acerca del patriarca David, quien murió y fue sepultado, y cuyo sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. 30 Era profeta y sabía que Dios le había prometido bajo juramento poner en el trono a uno de sus descendientes.[e] 31 Fue así como previó lo que iba a suceder. Refiriéndose a la resurrección del Cristo, afirmó que Dios no dejaría que su vida terminara en los dominios de la muerte ni que su fin fuera la corrupción. 32 A este Jesús, Dios lo resucitó y de ello todos nosotros somos testigos. 33 Exaltado a la derecha de Dios y, habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, ha derramado esto que ustedes ahora ven y oyen. 34 David no subió al cielo, y sin embargo declaró:


»“Dijo el Señor a mi Señor:

    ‘Siéntate a mi derecha,

35 hasta que ponga a tus enemigos

    por debajo de tus pies’ ”.[f]


36 »Por tanto, que todo Israel esté bien seguro de que este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo».


37 Cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:


—Hermanos, ¿qué debemos hacer?


38 —Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo. 39 En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los que están lejos; es decir, para todos aquellos a quienes el Señor, nuestro Dios, llame.


40 Y con muchas otras palabras les exhortaba insistentemente:


—¡Sálvense de esta generación perversa!


La comunidad de los creyentes

41 Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas. 42 Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. 43 Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. 44 Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: 45 vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. 46 No dejaban de reunirse unánimes en el Templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, 47 alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.


Footnotes

2:15 son las nueve de la mañana. Lit. es la hora tercera del día.

2:21 Jl 2:28-32.

2:27 los dominios de la muerte. Lit. Hades; también en v. 31.

2:28 Sal 16:8-11.

2:30 Sal 132:11.

2:35 Sal 110:1.

Salmos 122

Nueva Versión Internacional

Cántico de los peregrinos. De David.

122 Yo me alegré con los que me dijeron:

    «Vamos a la casa del Señor».

2 ¡Jerusalén, ya nuestros pies

    se han plantado ante tus portones!


3 ¡Jerusalén, ciudad edificada

    para que en ella todos se congreguen![a]

4 A ella suben las tribus,

    las tribus del Señor,

para alabar su nombre

    conforme al mandato que recibió Israel.

5 Allí están los tribunales de justicia,

    los tribunales de la casa de David.


6 Pidan por la paz de Jerusalén:

    «Que vivan en paz los que te aman.

7 Que haya paz dentro de tus murallas,

    seguridad en tus fortalezas».

8 En favor de mis hermanos y amigos, diré:

    «¡Que la paz sea contigo!».

9 Por la casa del Señor nuestro Dios

    procuraré tu bienestar.


Footnotes

122:3 ¡Jerusalén, … se congreguen! Alt. Jerusalén, edificada como ciudad, en la que todo se mantiene bien unido.

Proverbios 16:19-20

Nueva Versión Internacional

19 Vale más tener un espíritu humilde con los oprimidos

    que compartir el botín con los orgullosos.


20 El que atiende a la palabra prospera.

    ¡Dichoso el que confía en el Señor!


Nueva Versión Internacional (NVI)

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Tuesday, June 2, 2026

DAB Español, Miércoles 03 de Junio

Día 154, DAB Español, Miércoles 03 de Junio


2 Samuel 20:14-22:20; Hechos 1:1-26; Salmos 121; Proverbios 16:18 (Nueva Versión Internacional (NVI))










2 Samuel 20:14-22:20

Nueva Versión Internacional

14 Sabá recorrió todas las tribus de Israel hasta llegar a Abel Betmacá, y allí todos los del clan de Bicrí[a] se le unieron. 15 Las tropas de Joab llegaron a la ciudad de Abel Betmacá y la sitiaron. Construyeron una rampa contra la fortificación para atacar la ciudad y, cuando los soldados comenzaban a derribar la muralla, 16 una astuta mujer de la ciudad gritó:


—¡Escúchenme! ¡Escúchenme! Díganle a Joab que venga acá para que yo pueda hablar con él.


17 Joab se le acercó.


—¿Es usted Joab? —preguntó la mujer.


—Así es.


Entonces la mujer dijo:


—Ponga atención a las palabras de su sierva.


—Te escucho —respondió Joab.


18 Ella continuó:


—Antiguamente, cuando había alguna discusión, la gente resolvía el asunto con este dicho: “Vayan y pregunten en Abel”. 19 Nuestra ciudad es la más pacífica y fiel del país, y muy importante en Israel; usted, sin embargo, intenta arrasarla. ¿Por qué quiere destruir la heredad del Señor?


20 —¡Que Dios me libre! —respondió Joab—. ¡Que Dios me libre de arrasarla y destruirla! 21 Yo no he venido a eso, sino a capturar a un hombre llamado Sabá, hijo de Bicrí. Es de la región montañosa de Efraín y se ha sublevado contra el rey David. Si me entregan a ese hombre, me retiro de la ciudad.


—Muy bien —respondió la mujer—. Desde la muralla arrojaremos su cabeza.


22 Y fue tal la sabiduría con que la mujer habló con todo el pueblo, que le cortaron la cabeza a Sabá, hijo de Bicrí, y se la arrojaron a Joab. Entonces Joab hizo tocar la trompeta y todos los soldados se retiraron de la ciudad y regresaron a sus casas. Joab, por su parte, volvió a Jerusalén para ver al rey.


Oficiales de David

23 Joab era general de todo el ejército de Israel;


Benaías, hijo de Joyadá, estaba al mando de los quereteos y los peleteos;


24 Adonirán supervisaba el trabajo forzado;


Josafat, hijo de Ajilud, era el secretario;


25 Seva era el cronista;


Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes;


26 Ira el yairita era sacerdote personal de David.


Los gabaonitas se vengan

21 Durante el reinado de David hubo tres años consecutivos de hambre. David pidió ayuda al Señor, y él le contestó: «Esto sucede porque Saúl y su sanguinaria familia asesinaron a los gabaonitas».


2 Los gabaonitas no pertenecían a la nación de Israel, sino que eran un remanente de los amorreos. Los israelitas habían hecho un pacto con ellos, pero tanto era el celo de Saúl por Israel y Judá que trató de exterminarlos. Entonces David convocó a los gabaonitas 3 y preguntó:


—¿Qué quieren que haga por ustedes? ¿Cómo puedo reparar el mal que se les ha hecho, de modo que bendigan al pueblo que es herencia del Señor?


4 Los gabaonitas respondieron:


—No nos interesan la plata y el oro de Saúl y su familia, tampoco queremos que muera alguien en Israel.


—Entonces, ¿qué desean que haga por ustedes? —volvió a preguntar el rey.


5 —Saúl quiso destruirnos —contestaron ellos—; se propuso exterminarnos y nos expulsó de todo el territorio israelita. 6 Por eso pedimos que se nos entreguen siete hombres de los descendientes de Saúl, a quien el Señor escogió, para colgarlos en presencia del Señor en Guibeá de Saúl.


—Se los entregaré —prometió el rey.


7 Sin embargo, por el juramento que David y Jonatán se habían hecho en presencia del Señor, el rey tuvo compasión de Mefiboset, que era hijo de Jonatán y nieto de Saúl. 8 Pero mandó apresar a Armoní y a Mefiboset, los dos hijos que Rizpa, hija de Ayá, había tenido con Saúl, y a los cinco hijos que Merab,[b] hija de Saúl, había tenido con Adriel, hijo de Barzilay, el mejolatita. 9 David se los entregó a los gabaonitas y ellos los colgaron en un monte, en presencia del Señor. Los siete murieron juntos, ajusticiados en los primeros días de la siega, cuando se comenzaba a recoger la cebada.


10 Rizpa, hija de Ayá, tomó un saco y lo tendió para acostarse sobre la peña, y allí se quedó desde el comienzo de la siega hasta que llegaron las lluvias. No permitía que las aves en el día ni las fieras en la noche tocaran los cadáveres. 11 Cuando contaron a David lo que había hecho Rizpa hija de Ayá y concubina de Saúl, 12 fue a recoger los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán, que estaban en Jabés de Galaad. Los filisteos los habían colgado en la plaza de Betseán el día en que derrotaron a Saúl en Guilboa, pero los habitantes de la ciudad los habían tomado secretamente de allí. 13 Así que David hizo que los trasladaran y que recogieran también los huesos de los siete hombres que habían sido colgados.


14 Así fue como los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán fueron enterrados en la tumba de Quis, el padre de Saúl, que está en Zela de Benjamín. Todo se hizo en cumplimiento de las órdenes del rey, y después de eso Dios tuvo piedad del país.


Hazañas de los oficiales de David

15 Los filisteos reanudaron la guerra contra Israel y David salió con sus oficiales para hacerles frente. Pero David se quedó agotado, 16 así que intentó matar un refaíta llamado Isbibenob, que iba armado con una espada nueva y una lanza de bronce que pesaba más de trescientos siclos.[c] 17 Sin embargo, Abisay, hijo de Sarvia, fue en su ayuda e hirió al filisteo y lo mató. Allí los soldados de David hicieron este juramento: «Nunca más saldrá usted con nosotros a la batalla, no sea que alguien lo mate y se apague la lámpara de Israel».


18 Algún tiempo después hubo en Gob otra batalla con los filisteos. En esa ocasión Sibecay, el jusatita, mató a Saf, uno de los descendientes de Rafa.


19 En una tercera batalla, que también se libró en Gob, Eljanán, hijo de Jair,[d] oriundo de Belén, mató al hermano de Goliat,[e] el guitita, cuya lanza tenía un asta tan grande como el rodillo de un telar.


20 Hubo una batalla más en Gat. Allí había otro gigante, un hombre altísimo que tenía veinticuatro dedos, seis en cada mano y seis en cada pie. Él también era descendiente de Rafa. 21 Este se puso a desafiar a los israelitas, pero Jonatán, hijo de Simá, hermano de David, lo mató.


22 Esos cuatro gigantes, descendientes de Rafa, el guitita, cayeron a manos de David y de sus oficiales.


Salmo de David

22 David dedicó al Señor la letra de esta canción cuando el Señor lo libró de las manos de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. 2 Dijo así:


«El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador;

3     es mi Dios, la roca en que me refugio.

Es mi escudo, el poder que me salva,[f]

    ¡mi más alto escondite!

Él es mi protector y mi salvación.

    ¡Tú me salvaste de la violencia!


4 »Invoco al Señor, que es digno de alabanza,

    y quedo a salvo de mis enemigos.

5 Las olas de la muerte me envolvieron;

    los torrentes destructores me abrumaron.

6 Los lazos del sepulcro[g] me enredaron;

    las redes de la muerte me atraparon.


7 »En mi angustia invoqué al Señor;

    llamé a mi Dios

y él me escuchó desde su Templo;

    ¡mi clamor llegó a sus oídos!

8 La tierra tembló, se estremeció;

    se sacudieron los cimientos de los cielos;

    temblaron a causa de su enojo.

9 Por la nariz echaba humo,

    por la boca, fuego consumidor;

    ¡lanzaba carbones encendidos!

10 Rasgando el cielo, descendió,

    pisando sobre oscuros nubarrones.

11 Montando sobre un querubín, surcó los cielos

    y se remontó[h] sobre las alas del viento.

12 De las tinieblas y los oscuros nubarrones

    hizo tiendas que lo rodeaban.

13 De su radiante presencia

    brotaron carbones encendidos.

14 Desde el cielo se oyó el trueno del Señor;

    resonó la voz del Altísimo.

15 Lanzó flechas y dispersó a los enemigos;

    con relámpagos los desconcertó.

16 A causa de la reprensión del Señor

    y por el resoplido de su enojo,[i]

las cuencas del mar quedaron a la vista;

    al descubierto quedaron los cimientos de la tierra.


17 »Extendiendo su mano desde lo alto,

    tomó la mía y me sacó del mar profundo.

18 Me libró de mi enemigo poderoso,

    de aquellos que me odiaban y eran más fuertes que yo.

19 En el día de mi desgracia me salieron al encuentro,

    pero mi apoyo fue el Señor.

20 Me sacó a un amplio espacio;

    me libró porque se agradó de mí.


Footnotes

20:14 todos los del clan de Bicrí (véase LXX); todos los beritas (TM).

21:8 Merab (Targum, Siríaca y algunos mss. hebreos y griegos; véase 1S 18:19); Mical (TM).

21:16 Es decir, aprox. 3.5 kg.

21:19 Véase 1Cr 20:5; el texto hebreo dice Yaré Oreguín.

21:19 hermano de Goliat. Véase 1Cr 20:5; el texto hebreo no tiene la frase al hermano de.

22:3 el poder que me salva. Lit. el cuerno de mi salvación.

22:6 sepulcro. Lit. Seol.

22:11 se remontó (mss. hebreos; véanse Siríaca, Targum, Vulgata, Sal 18:10); apareció (TM).

22:16 por … su enojo. Lit. por el soplo del aliento de su nariz.

Hechos 1

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Jesús llevado al cielo

1 Estimado Teófilo, en mi primer libro me referí a todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar 2 hasta el día en que fue llevado al cielo, luego de darles instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. 3 Después de padecer la muerte, se presentó dándoles muchas pruebas convincentes de que estaba vivo. Durante cuarenta días se les apareció y les habló acerca del reino de Dios. 4 Una vez, mientras comía con ellos, ordenó:


—No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado: 5 Juan bautizó con[a] agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.


6 Entonces los que estaban reunidos con él preguntaron:


—Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino a Israel?


7 —No les toca a ustedes conocer la hora ni el momento determinados por la autoridad misma del Padre —contestó Jesús—. 8 Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, hasta en los confines de la tierra.


9 Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista. 10 Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se alejaba. De repente, se les acercaron dos hombres vestidos de blanco 11 que les dijeron:


—Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse.


Elección de Matías para reemplazar a Judas

12 Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, situado aproximadamente a un kilómetro de la ciudad.[b] 13 Cuando llegaron, subieron al lugar donde se alojaban. Estaban allí:


Pedro, Juan, Santiago, Andrés,


Felipe, Tomás,


Bartolomé, Mateo,


Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago.


14 Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres, y con los hermanos de Jesús y su madre María.


15 Por aquellos días Pedro se puso de pie en medio de los creyentes,[c] que eran un grupo como de ciento veinte personas, y dijo: 16 «Hermanos, tenía que cumplirse la Escritura que, por boca de David, había predicho el Espíritu Santo en cuanto a Judas, el que sirvió de guía a los que arrestaron a Jesús. 17 Judas se contaba entre los nuestros y participaba en este ministerio.


18 (Con el dinero que obtuvo por su crimen, Judas compró un terreno; allí cayó de cabeza, se reventó y se derramaron sus intestinos. 19 Todos en Jerusalén se enteraron de ello, así que aquel terreno fue llamado Acéldama, que en su propio idioma quiere decir “Campo de Sangre”.)


20 »Porque en el libro de los Salmos —continuó Pedro—, está escrito:


»“Que su campamento quede desierto

    y que nadie habite en él”.[d]


También está escrito:


»“Que otro se haga cargo de su oficio”.[e]


21 Por tanto, es preciso que se una a nosotros uno de los que nos acompañaban todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, 22 desde que Juan bautizaba hasta el día en que Jesús fue tomado de entre nosotros y recibido en las alturas. Es necesario que uno de ellos sea junto a nosotros testigo de la resurrección».


23 Así que propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, apodado el Justo, y a Matías. 24 Y oraron así: «Señor, tú que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido 25 para que se haga cargo del servicio apostólico que Judas dejó para irse al lugar que le correspondía». 26 Luego echaron suertes y la elección recayó en Matías; así que él fue reconocido junto con los once apóstoles.


Footnotes

1:5 con. Alt. en.

1:12 situado … ciudad. Lit. que está cerca de Jerusalén, camino de un sábado (es decir, lo que las leyes y tradiciones orales permitían caminar en el día de reposo).

1:15 creyentes. Lit. hermanos.

1:20 Sal 69:25.

1:20 Sal 109:8.

Salmos 121

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Cántico de los peregrinos.

121 A las montañas levanto mis ojos;

    ¿de dónde ha de venir mi ayuda?

2 Mi ayuda proviene del Señor,

    que hizo el cielo y la tierra.


3 No permitirá que tu pie resbale;

    jamás duerme el que te cuida.

4 Jamás duerme ni se adormece

    el que cuida de Israel.


5 El Señor es quien te cuida;

    el Señor es tu sombra a tu mano derecha.

6 De día el sol no te hará daño

    ni la luna de noche.


7 El Señor te cuidará;

    de todo mal guardará tu vida.

8 El Señor cuidará tu salida y tu entrada,

    desde ahora y para siempre.


Proverbios 16:18

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18 Tras el orgullo viene la destrucción;

    tras la altanería, el fracaso.


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Doctrinas fundmentales 12

El juicio eterno  En esta última lección, estudiamos:   1. El juicio final para los ángeles caídos y los que no están en Cristo.   2. El tro...