Saturday, May 30, 2026

DAB Español, Domingo 31 de Mayo

Día 151, DAB Español, Domingo 31 de Mayo


2 Samuel 17:1-29; Juan 19:23-42; Salmos 119:129-152; Proverbios 16:12-13 (Nueva Versión Internacional (NVI))










2 Samuel 17

Nueva Versión Internacional

17 Además, Ajitofel propuso a Absalón lo siguiente:


—Yo escogería doce mil soldados y esta misma noche saldría en busca de David. 2 Como él debe estar cansado y débil, lo atacaría, le haría sentir mucho miedo y pondría en fuga al resto de la gente que está con él. Pero mataría solamente al rey 3 y los demás se los traería a usted. La muerte del hombre que usted busca dará por resultado el regreso de los otros,[a] y todo el pueblo quedará en paz.


4 La propuesta le pareció acertada a Absalón, lo mismo que a todos los jefes de Israel, 5 pero Absalón dijo:


—Llamemos también a Husay, el arquita, para ver cuál es su opinión.


6 Cuando Husay llegó, Absalón preguntó:


—¿Debemos adoptar el plan que Ajitofel nos ha propuesto? Si no, ¿qué propones tú?


7 —Esta vez el plan de Ajitofel no es bueno —respondió Husay—. 8 Usted conoce bien a su padre David y a sus soldados: son valientes y deben estar furiosos como una osa salvaje a la que le han robado su cría. Además, su padre tiene mucha experiencia como hombre de guerra y no ha de pasar la noche con las tropas. 9 Ya debe de estar escondido en alguna cueva o en otro lugar. Si él ataca primero,[b] cualquiera que se entere dirá: “Ha habido una matanza entre las tropas de Absalón”. 10 Entonces aun los soldados más valientes, que son tan bravos como un león, se van a acobardar, pues todos los israelitas saben que David, su padre, es un gran soldado y cuenta con hombres muy valientes.


11 »El plan que yo propongo es el siguiente: Convoque usted a todos los israelitas que hay, desde Dan hasta Berseba. Son tan numerosos como la arena a la orilla del mar, y usted mismo debe dirigirlos en la batalla. 12 Atacaremos a David, no importa dónde se encuentre; caeremos sobre él como el rocío que cae sobre la tierra. No quedarán vivos ni él ni ninguno de sus soldados. 13 Y si llega a refugiarse en algún pueblo, todos los israelitas llevaremos sogas a ese lugar y juntos arrastraremos a ese pueblo hasta el arroyo, de modo que no quede allí ni una piedra».


14 Absalón y todos los israelitas dijeron:


—El plan de Husay, el arquita, es mejor que el de Ajitofel.


Esto sucedió porque el Señor había determinado hacer fracasar el consejo de Ajitofel, aunque era el más acertado, y de ese modo llevar a Absalón a la ruina.


15 Entonces Husay dijo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar:


—Ajitofel propuso tal y tal plan a Absalón y a los jefes de Israel, pero yo propuse este otro. 16 Dense prisa y mándenle este mensaje a David: “No pase usted la noche en las llanuras del desierto; más bien, cruce de inmediato al otro lado, no vaya a ser que Su Majestad y quienes lo acompañan sean aniquilados”.


17 Jonatán y Ajimaz se habían quedado en Enroguel. Como no se podían arriesgar a que los vieran entrar en la ciudad, una criada estaba encargada de darles la información para que ellos se la pasaran al rey David. 18 Sin embargo, un joven los vio y se lo hizo saber a Absalón, así que ellos se fueron de allí enseguida. Cuando llegaron a la casa de cierto hombre en Bajurín, se metieron en un pozo que él tenía en el patio. 19 La esposa de aquel hombre cubrió el pozo y esparció trigo sobre la tapa. De esto nadie se enteró.


20 Al pasar los soldados de Absalón por la casa, preguntaron a la mujer:


—¿Dónde están Jonatán y Ajimaz?


—Cruzaron el arroyo[c] —respondió ella.


Los soldados salieron en busca de ellos, pero como no pudieron encontrarlos, regresaron a Jerusalén. 21 Después de que los soldados se fueron, Jonatán y Ajimaz salieron del pozo y se dirigieron adonde estaba David para ponerlo sobre aviso. Le dijeron:


—Crucen el río a toda prisa, pues Ajitofel ha aconsejado que los ataquen.


22 Por tanto, David y quienes lo acompañaban se fueron y cruzaron el Jordán antes de que amaneciera. Todos sin excepción lo cruzaron.


23 Ajitofel, por su parte, al ver que Absalón no había seguido su consejo, aparejó el asno y se fue a su pueblo. Cuando llegó a su casa, luego de arreglar sus asuntos, fue y se ahorcó. Así murió, y fue enterrado en la tumba de su padre.


24 David se dirigió a Majanayin y Absalón lo siguió, cruzando el Jordán con todos los israelitas. 25 Ahora bien, en lugar de Joab, Absalón había nombrado general de su ejército a Amasá, que era hijo de un hombre llamado Itrá,[d] el cual era israelita[e] y se había casado con Abigaíl, hija de Najás y hermana de Sarvia, la madre de Joab. 26 Los israelitas que estaban con Absalón acamparon en el territorio de Galaad.


27 Cuando David llegó a Majanayin, allí estaban Sobí, hijo de Najás, oriundo de Rabá, ciudad amonita; Maquir, hijo de Amiel, que era de Lo Debar; y Barzilay, el galaadita, habitante de Roguelín. 28 Estos habían llevado camas, vasijas y ollas de barro, y también trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas,[f] 29 miel, cuajada, queso de vaca y ovejas. Ofrecieron esos alimentos a David y a su comitiva para que se los comieran, pues pensaban que en el desierto esta gente habría pasado hambre y sed, y estaría muy cansada.


Footnotes

17:3 La muerte … los otros. Texto de difícil traducción.

17:9 Si él ataca primero. Alt. Cuando algunos de los hombres caigan en el primer ataque.

17:20 Cruzaron el arroyo. Alt. Pasaron por el redil hacia el agua.

17:25 Itrá. También llamado Jeter (véase 1Cr 2:17).

17:25 israelita (TM); ismaelita (mss. de LXX; véase 1Cr 2:17).

17:28 lentejas (LXX y Siríaca); lentejas y grano tostado (TM).

Juan 19:23-42

Nueva Versión Internacional

23 Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su manto y lo partieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. Tomaron también la túnica, la cual no tenía costura, sino que era de una sola pieza, tejida de arriba abajo.


24 —No la dividamos —se dijeron unos a otros—. Echemos suertes para ver a quién le toca.


Y así lo hicieron los soldados. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice:


«Se repartieron entre ellos mi manto

    y sobre mi ropa echaron suertes».[a]


25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la esposa de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien él amaba a su lado, dijo a su madre:


—Mujer, ahí tienes a tu hijo.


27 Luego dijo al discípulo:


—Ahí tienes a tu madre.


Y desde aquel momento ese discípulo la recibió en su casa.


Muerte de Jesús

28 Después de esto, como Jesús sabía que ya todo había terminado y para que se cumpliera la Escritura, dijo:


—Tengo sed.


29 Había allí una vasija llena de vinagre; así que empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. 30 Al probar Jesús el vinagre, dijo:


—Todo se ha cumplido.


Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.


31 Era el día de la preparación para la Pascua. Los judíos no querían que los cuerpos permanecieran en la cruz en sábado, por ser este un sábado muy solemne. Así que pidieron a Pilato ordenar que quebraran las piernas a los crucificados y bajaran sus cuerpos. 32 Fueron entonces los soldados y quebraron las piernas al primer hombre que había sido crucificado con Jesús y luego al otro. 33 Pero cuando se acercaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto, no quebraron sus piernas, 34 sino que uno de los soldados le abrió el costado con una lanza y al instante brotó sangre y agua. 35 El que lo vio ha dado testimonio de ello y su testimonio es verídico. Él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. 36 Estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán ningún hueso»[b] 37 y como dice otra Escritura: «Mirarán al que han traspasado».[c]


Sepultura de Jesús

38 Después de esto, José de Arimatea pidió a Pilato el cuerpo de Jesús. José era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos. Él fue y retiró el cuerpo con el permiso de Pilato. 39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, llegó con unos treinta y tres kilogramos[d] de una mezcla de mirra y áloe. 40 Ambos tomaron el cuerpo de Jesús y, conforme a la costumbre judía de dar sepultura, lo envolvieron en vendas con las especias aromáticas. 41 En el lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto y en el huerto, un sepulcro nuevo en el que todavía no se había sepultado a nadie. 42 Como era el día judío de la preparación para el sábado y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.


Footnotes

19:24 Sal 22:18.

19:36 Éx 12:46; Nm 9:12; Sal 34:20.

19:37 Zac 12:10.

19:39 unos … kilogramos. Lit. como cien litras. La litra era una medida del imperio romano equivalente aprox. a 327 g.

Salmos 119:129-152

Nueva Versión Internacional

Pe

129 Tus mandatos son maravillosos;

    por eso los obedezco.

130 La exposición de tus palabras nos da luz

    y da entendimiento al sencillo.

131 Jadeante abro la boca

    porque ansío tus mandamientos.

132 Vuélvete a mí y ten piedad de mí,

    como haces siempre con los que aman tu nombre.

133 Guía mis pasos conforme a tu promesa;

    no permitas que ninguna iniquidad me domine.

134 Líbrame de la opresión humana,

    y obedeceré tus preceptos.

135 Haz brillar tu rostro sobre tu siervo;

    enséñame tus estatutos.

136 Ríos de lágrimas brotan de mis ojos,

    porque tu Ley no se obedece.


Tsade

137 Señor, tú eres justo

    y tus leyes son justas.

138 Justos son los mandatos que has ordenado

    y muy dignos de confianza.

139 Mi celo me consume,

    porque mis adversarios pasan por alto tus palabras.

140 Tus promesas han superado muchas pruebas,

    por eso tu siervo las ama.

141 Soy insignificante y despreciado,

    pero no me olvido de tus preceptos.

142 Tu justicia es justicia eterna

    y tu Ley es la verdad.

143 Angustia y aflicción han caído sobre mí,

    pero tus mandamientos son mi regocijo.

144 Tus mandatos son siempre justos;

    dame entendimiento para poder vivir.


Qof

145 Con todo el corazón clamo a ti, Señor;

    respóndeme, y obedeceré tus estatutos.

146 A ti clamo: «¡Sálvame!»,

    y guardaré tus mandatos.

147 Muy de mañana me levanto a pedir ayuda;

    en tus palabras he puesto mi esperanza.

148 Mis ojos están abiertos en las vigilias de la noche,

    para meditar en tus promesas.

149 Conforme a tu gran amor, escucha mi voz;

    conforme a tus leyes, Señor, dame vida.

150 Ya se acercan mis crueles perseguidores,

    pero andan muy lejos de tu Ley.

151 Tú, Señor, también estás cerca,

    y todos tus mandamientos son verdad.

152 Desde hace mucho conozco tus mandatos,

    los cuales estableciste para siempre.


Proverbios 16:12-13

Nueva Versión Internacional

12 El rey detesta las malas acciones,

    porque el trono se afirma en la justicia.


13 El rey se complace en los labios honestos;

    aprecia a quien habla con la verdad.


Nueva Versión Internacional (NVI)

Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015, 2022 por Biblica, Inc.®, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo. Used by permission. All rights reserved worldwide.


DAB Español, Sábado 30 de Mayo

Día 150, DAB Español, Sábado 30 de Mayo


2 Samuel 15:22-16:23; Juan 18:25-19:22; Salmos 119:113-128; Proverbios 16:10-11 (La Palabra (Hispanoamérica) (BLPH))










2 Samuel 15:22-16:23

La Palabra (Hispanoamérica)

22 Entonces David le dijo:


— Está bien, pasa.


Y pasó Itay, el de Gat, con todos los hombres y los niños que lo acompañaban. 23 Toda la gente lloraba a gritos mientras iba desfilando. Luego David cruzó el torrente Cedrón por el camino que lleva al desierto, y con él cruzó toda la gente. 24 También estaba Sadoc con todos los levitas que llevaban el Arca de la alianza de Dios. Colocaron el Arca junto a Abiatar, hasta que toda la gente terminó de salir de la ciudad. 25 El rey dijo a Sadoc:


— Devuelve el Arca de Dios a la ciudad, que si alcanzo el favor del Señor, él me permitirá volver a ver el Arca y su morada. 26 Pero si manifiesta que no le agrado, estaré dispuesto a que haga conmigo lo que quiera.


27 Y el rey insistió al sacerdote Sadoc:


— Mira, regresen en paz a la ciudad junto con sus dos hijos, con tu hijo Ajimás y con Jonatán, el hijo de Abiatar. 28 Y estén atentos, pues yo estaré esperando en los pasos del desierto hasta que me llegue alguna información de ustedes.


29 Sadoc y Abiatar regresaron a Jerusalén con el Arca de Dios y se quedaron allí.


30 Cuando David subía la cuesta de los olivos, iba llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. La gente que lo acompañaba llevaba también la cabeza cubierta y subía llorando. 31 Entonces informaron a David que Ajitófel formaba parte de la conspiración de Absalón, y David suplicó:


— Confunde, Señor, los consejos de Ajitófel.


32 Cuando David llegó a la cumbre, lugar donde se daba culto a Dios, le salió al encuentro Jusay, el arquita, con la túnica rasgada y la cabeza llena de tierra. 33 David le dijo:


— Si te vienes conmigo, sólo serás una carga para mí. 34 Pero si le dices a Absalón: “Majestad, soy tu servidor. He sido servidor de tu padre y a partir de ahora, seré tu servidor”, me ayudarás a hacer fracasar los consejos de Ajitófel. 35 Allí estarán contigo los sacerdotes Sadoc y Abiatar, a los que podrás informar de todo lo que escuches en palacio. 36 También estarán con ellos sus dos hijos, Ajimás, el de Sadoc, y Jonatán, el de Abiatar, a través de los cuales ustedes me harán llegar todo lo que escuchen.


37 Jusay, el amigo de David, llegó a la ciudad cuando Absalón entraba en Jerusalén.


16 Apenas David había cruzado la cima, cuando le salió al encuentro Sibá, el criado de Mefibóset, con un par de burros aparejados y cargados con doscientos panes, cien racimos de pasas, cien higos y un pellejo de vino. 2 El rey le preguntó:


— ¿Qué pretendes con eso?


Y Sibá respondió:


— Los burros son para que suba la familia del rey; los panes y los frutos, para que coman los muchachos; y el vino, para que beban los que desfallezcan en el desierto.


3 El rey le preguntó:


— ¿Y dónde está el hijo de tu amo?


Sibá le respondió:


— Se ha quedado en Jerusalén, pensando que la casa de Israel le devolverá ahora el reino de su padre.


4 El rey dijo a Sibá:


— Todo lo de Mefibóset ahora es tuyo.


Y Sibá le dijo:


— ¡Me postro a tus pies! ¡Que pueda seguir contando con el favor de mi señor el rey!


5 Cuando el rey David llegó a Bajurín, salió de allí un pariente de Saúl, llamado Simeí, hijo de Guerá. Salía insultando 6 y tirando piedras a David y a todos los servidores del rey, a pesar de que la gente y los guerreros iban a su lado. 7 Simeí lo maldecía diciendo:


— ¡Vete, vete, asesino despiadado! 8 El Señor te ha castigado por todos los crímenes contra la familia de Saúl, cuyo trono has usurpado, y ha entregado el reino en poder de tu hijo Absalón. ¡Ahora te sobreviene la desgracia por ser un asesino!


9 Abisay, el hijo de Seruyá, dijo al rey:


— ¿Por qué ese perro muerto ha de insultar a mi señor el rey? Déjame que vaya y le corte la cabeza.


10 Pero el rey le contestó:


— ¡Esto no es asunto de ustedes, hijos de Seruyá! Si me maldice porque Dios le ha ordenado que maldiga a David, ¿quién va a pedirle cuentas?


11 Luego David siguió diciendo a Abisay y a todos sus servidores:


— Si mi propio hijo, salido de mis entrañas, atenta contra mi vida, ¿qué no podrá hacer un benjaminita? ¡Déjenlo que maldiga, pues el Señor se lo ha mandado! 12 Tal vez el Señor tenga en cuenta mi aflicción y recompense con bendiciones estas maldiciones de hoy.


13 David y sus hombres siguieron su camino, mientras que Simeí los seguía por la ladera del monte, maldiciendo, tirando piedras y levantando polvo. 14 David y toda la gente que lo acompañaba llegaron agotados al Jordán y descansaron allí.


Absalón en Jerusalén

15 Absalón entró en Jerusalén con todo el grupo de israelitas. También lo acompañaba Ajitófel. 16 Cuando Jusay, el arquita amigo de David, llegó ante Absalón, le dijo:


— ¡Viva el rey, viva el rey!


17 Absalón le replicó:


— ¿Esta es la lealtad que profesas a tu amigo? ¿Por qué no te has ido con tu amigo?


18 Jusay respondió a Absalón:


— No. Yo sólo estaré y viviré con aquel al que han elegido tanto el Señor como este pueblo y todos los israelitas. 19 Además, ¿a quién voy a servir yo, sino a su hijo? De la misma manera que serví a tu padre, te serviré a ti.


20 Entonces Absalón dijo a Ajitófel:


— Aconséjenme qué debemos hacer.


21 Ajitófel dijo a Absalón:


— Acuéstate con las concubinas que tu padre dejó al cuidado del palacio. Así se enterará todo Israel de que te has enfrentado a tu padre y reforzarás los ánimos de todos tus partidarios.


22 Inmediatamente le pusieron a Absalón una tienda en la terraza y él se acostó con las concubinas de su padre a la vista de todo Israel.


23 Los consejos que daba Ajitófel en aquella época se valoraban como oráculos divinos. Y eso valía para todos los consejos que dio, tanto a David como a Absalón.


Juan 18:25-19:22

La Palabra (Hispanoamérica)

25 mientras Simón Pedro seguía allí de pie, calentándose. Alguien le preguntó:


— ¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?


Pedro lo negó diciendo:


— No, no lo soy.


26 Pero uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro cortó la oreja, le replicó:


— ¿Cómo que no? ¡Yo mismo te vi en el huerto con él!


27 Pedro volvió a negarlo. Y en aquel momento cantó un gallo.


Jesús ante Pilato (Mt 27,1-2.11-14; Mc 15,1-5; Lc 23,1-5)

28 Condujeron a Jesús de casa de Caifás al palacio del gobernador. Era muy de mañana. Los judíos no entraron en el palacio para no contraer una impureza legal que les habría impedido participar en la cena de Pascua. 29 Por eso tuvo que salir Pilato para preguntarles:


— ¿De qué acusan a este hombre?


30 Ellos le contestaron:


— Si no fuese un criminal, no te lo habríamos entregado.


31 Pilato les dijo:


— Muy bien, llévenselo y júzguenlo según la ley de ustedes.


Los judíos replicaron:


— Nosotros no tenemos autoridad para dar muerte a nadie.


32 Y es que tenía que cumplirse lo que Jesús había anunciado sobre la clase de muerte que iba a sufrir. 33 Entonces Pilato volvió a entrar en su palacio, mandó traer a Jesús y le preguntó:


— ¿Eres tú el rey de los judíos?


34 Contestó Jesús:


— ¿Me haces esa pregunta por tu cuenta o te la han sugerido otros?


35 Pilato replicó:


— ¿Acaso soy yo judío? Son los de tu propia nación y los jefes de los sacerdotes los que te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?


36 Jesús respondió:


— Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis servidores habrían luchado para librarme de los judíos. Pero no, mi reino no es de este mundo.


37 Pilato insistió:


— Entonces, ¿eres rey?


Jesús le respondió:


— Soy rey, como tú dices. Y mi misión consiste en dar testimonio de la verdad. Precisamente para eso nací y para eso vine al mundo. Todo el que ama la verdad escucha mi voz.


38 Pilato repuso:


— ¿Y qué es la verdad?


Jesús y Barrabás (Mt 27,15-17.20-21; Mc 15,6-11; Lc 23,17-19)

Dicho esto, Pilato salió de nuevo y dijo a los judíos:


— Yo no encuentro delito alguno en este hombre. 39 Pero como ustedes tienen la costumbre de que durante la fiesta de la Pascua les ponga en libertad a un preso, ¿quieren que deje en libertad al rey de los judíos?


40 Ellos, entonces, se pusieron de nuevo a gritar:


— ¡No, a ese no! ¡Deja en libertad a Barrabás!


(El tal Barrabás era un bandido).


Jesús condenado a muerte (Mt 27,30-31; Mc 15,12-20; Lc 23,20-25)

19 Así pues, Pilato se hizo cargo del asunto y mandó que azotaran a Jesús. 2 Los soldados trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza. Le echaron también sobre los hombros un manto de púrpura 3 y, acercándose a él, decían:


— ¡Viva el rey de los judíos!


Y le daban bofetadas. 4 Salió de nuevo Pilato y les dijo:


— Miren, se lo voy a presentar a ustedes para dejar claro que no encuentro delito alguno en él.


5 Salió, pues, Jesús llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Pilato les dijo:


— ¡Este es el hombre!


6 Al ver a Jesús, los jefes de los sacerdotes y sus esbirros comenzaron a gritar:


— ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!


Pilato insistió:


— Tómenlo ustedes y crucifíquenlo; yo no encuentro delito alguno en él.


7 Los judíos replicaron:


— Nosotros tenemos una ley, y según ella debe morir, porque ha querido hacerse pasar por Hijo de Dios.


8 Al oír esto, Pilato sintió aún más temor. 9 Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús:


— ¿De dónde eres tú?


Jesús ni siquiera le contestó. 10 Pilato le dijo:


— ¿Cómo? ¿Te niegas a contestarme? ¿Es que no sabes que tengo autoridad tanto para dejarte en libertad como para hacerte crucificar?


11 Jesús le respondió:


— No tendrías autoridad alguna sobre mí si Dios no te la hubiera concedido; por eso, el que me ha entregado a ti es mucho más culpable que tú.


12 Desde ese momento, Pilato intentaba por todos los medios poner a Jesús en libertad. Pero los judíos le gritaban:


— Si lo pones en libertad, no eres amigo del emperador. El que pretende ser rey se enfrenta al emperador.


13 Al oír esto, Pilato mandó sacar fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar conocido con el nombre de “Enlosado”, que en la lengua de los judíos se llama “Gábata”. 14 Era el día de preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos:


— ¡Aquí tienen a su rey!


15 Pero ellos comenzaron a gritar:


— ¡Quítalo de en medio! ¡Crucifícalo!


Pilato insistió:


— ¿Cómo voy a crucificar a su rey?


Pero los jefes de los sacerdotes replicaron:


— Nuestro único rey es el emperador romano.


16 Así que, al fin, Pilato se lo entregó para que lo crucificaran.


Crucifixión de Jesús (Mt 27,32-44; Mc 15,21-32; Lc 23,26-43)

Tomaron, pues, a Jesús 17 que, cargando con su propia cruz, se encaminó hacia el llamado “lugar de la Calavera” (que en la lengua de los judíos se conoce como “Gólgota”). 18 Allí lo crucificaron, y con él crucificaron también a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio.


19 Pilato mandó poner sobre la cruz un letrero con esta inscripción: “Jesús de Nazaret, el rey de los judíos.” 20 La inscripción fue leída por muchos judíos, porque el lugar donde Jesús había sido crucificado estaba cerca de la ciudad. Además, el texto estaba escrito en hebreo, latín y griego. 21 Así que los jefes de los sacerdotes se presentaron a Pilato y le dijeron:


— No pongas: “El rey de los judíos” sino: “Este hombre dijo: Yo soy el rey de los judíos”.


22 Pero Pilato les contestó:


— Que quede escrito lo que yo mandé escribir.


Salmos 119:113-128

La Palabra (Hispanoamérica)

113 Odio a los hipócritas

y amo, en cambio, tu ley.

114 Tú eres mi refugio y mi escudo,

en tu palabra pongo mi esperanza.

115 ¡Aléjense de mí, malvados,

que yo guardaré los mandatos de mi Dios!

116 Protégeme según tu promesa y viviré,

no defraudes mi esperanza.

117 Socórreme y estaré a salvo,

me entregaré siempre a tus normas.

118 Desprecias a quien se aparta de tus normas,

porque es mentira su astucia.

119 Rechazas como escoria a los malvados del país

y por eso yo amo tus mandatos.

120 Mi ser se estremece ante ti,

por tus decretos te venero.


121 He seguido la justicia y el derecho,

no me entregues a mis opresores.

122 Favorece a tu siervo,

que los soberbios no me humillen.

123 Se nublan mis ojos esperando tu auxilio,

tu promesa de justicia.

124 Trata a tu siervo de acuerdo con tu amor

y enséñame tus normas.

125 Yo soy tu siervo, instrúyeme

para que pueda conocer tus mandatos.

126 Señor, ya es tiempo de actuar:

tu ley ha sido violada.

127 Por eso amo tus mandamientos

y al oro más puro los prefiero;

128 por eso encuentro justos

todos tus preceptos

y aborrezco los senderos falsos.


Proverbios 16:10-11

La Palabra (Hispanoamérica)

10 El rey habla de parte de Dios,

su boca no yerra en el juicio.

11 Balanza y platillos exactos son del Señor,

todas las pesas son obra suya.


La Palabra (Hispanoamérica) (BLPH)

La Palabra, (versión hispanoamericana) © 2010 Texto y Edición, Sociedad Bíblica de España


DAB Español, Viernes 29 de Mayo

Día 149, DAB Español, Viernes 29 de Mayo


2 Samuel 14:1-15:21; Juan 18:1-24; Salmos 119:97-112; Proverbios 16:8-9 (La Palabra (Hispanoamérica) (BLPH))










2 Samuel 14:1-15:21

La Palabra (Hispanoamérica)

14 Joab, hijo de Seruyá, se dio cuenta de que el rey echaba de menos a Absalón. 2 Entonces mandó que le trajeran de Tecoa una mujer astuta que vivía allí. Joab le dijo:


— Finge que estás de luto, ponte ropa de luto y no te eches perfume, para que parezcas una mujer que desde hace tiempo guarda luto por un difunto. 3 Preséntate al rey y dile lo que te voy a decir.


Y Joab sugirió a la mujer lo que tenía que decir.


4 La mujer de Tecoa se presentó ante el rey, inclinó su rostro e hizo una reverencia. Luego le dijo:


— Socórreme, majestad.


5 El rey le preguntó:


— ¿Qué te pasa?


Ella respondió:


— Que soy una mujer viuda, pues mi marido murió. 6 Tu servidora tenía dos hijos: tuvieron una pelea en el campo y, sin nadie que los separara, uno golpeó al otro y lo mató. 7 Y ahora toda la familia se me ha enfrentado, exigiendo que les entregue al fratricida, para darle muerte, vengar a su hermano asesinado y acabar también con el único heredero. Así apagarán el rescoldo que me queda y dejarán a mi marido sin apellido ni descendencia sobre la tierra.


8 El rey le dijo a la mujer:


— Vete a casa, que yo solucionaré tu problema.


9 La mujer de Tecoa insistió:


— Majestad, yo y mi familia somos los responsables; el rey y su trono no tienen culpa.


10 El rey le dijo:


— Si alguien te dice algo, me lo traes, que no te volverá a molestar.


11 Ella le dijo:


— Su majestad pida a Dios que el defensor de la sangre no aumente las desgracias, acabando con mi hijo.


Él afirmó:


— ¡Vive Dios, que nadie tocará ni un pelo de tu hijo!


12 La mujer insistió:


— Permita su majestad que su servidora añada algo más.


El rey le dijo:


— Habla.


13 La mujer dijo:


— ¿Por qué, entonces, proyectas hacer lo mismo contra el pueblo de Dios? Tus mismas palabras te acusan, majestad, por no dejar volver a tu desterrado. 14 Todos hemos de morir, pues somos como agua derramada en tierra que no puede recogerse. Dios no quiere quitar la vida. Al contrario, desea que el desterrado no siga alejado de él. 15 Si yo he venido a hablar a su majestad de este asunto, ha sido porque la gente me ha asustado y me he dicho: “Voy a hablar con el rey, a ver si quiere hacer lo que su sierva le pide, 16 escuchándola y librándola del hombre que quiere arrancarnos a mí y a mi hijo juntos de la heredad de Dios”. 17 Esta sierva tuya pensó: “Que la palabra del rey, mi señor, nos devuelva la paz, pues el rey, mi señor, es como un enviado de Dios que sabe discernir entre el bien y el mal”. Que el Señor, tu Dios, esté contigo.


18 El rey contestó a la mujer:


— Por favor, responde sinceramente a mi pregunta.


La mujer dijo:


— Habla, majestad.


19 El rey le preguntó:


— ¿No te ha metido Joab en todo este asunto?


La mujer respondió:


— ¡Por tu vida! Su majestad ha acertado plenamente en lo que acaba de decir. Efectivamente ha sido tu siervo Joab quien me ha mandado y el que me ha sugerido todas mis intervenciones. 20 Tu siervo Joab ha actuado así para cambiar la actual situación, pero mi señor tiene la sabiduría de un enviado de Dios y conoce todo lo que sucede en el país.


21 Luego el rey dijo a Joab:


— Bien, he decidido que vayas y traigas al joven Absalón.


22 Joab se inclinó en tierra, hizo una reverencia, bendijo al rey y dijo:


— Ahora sé que cuento con tu favor, majestad, pues me has concedido este deseo.


23 Joab se incorporó, partió hacia Guesur y trajo a Absalón a Jerusalén. 24 Pero el rey dijo:


— Que se retire a su casa y que no se presente ante mí.


Entonces Absalón se fue a su casa, sin presentarse ante el rey.


Absalón reconciliado con David

25 No había en todo Israel hombre tan alabado por su belleza como Absalón: de pies a cabeza no tenía un solo defecto. 26 Cuando se cortaba el pelo, cosa que hacía de año en año porque le pesaba mucho, el cabello de su cabeza pesaba más de dos kilos en la balanza real. 27 Absalón tuvo tres hijos y una hija, llamada Tamar, que era muy hermosa.


28 Absalón vivió en Jerusalén durante dos años sin ver al rey. 29 Absalón mandó a llamar a Joab para enviarlo al rey, pero Joab no quiso acudir. Lo volvió a llamar por segunda vez y tampoco quiso. 30 Entonces ordenó a sus criados:


— Miren, Joab tiene una parcela de tierra junto a la mía que está sembrada de cebada. Vayan a prenderla fuego.


Los criados de Absalón prendieron fuego a la parcela. 31 Joab fue inmediatamente a casa de Absalón y le preguntó:


— ¿Por qué tus criados han prendido fuego a mi parcela?


32 Y Absalón le respondió:


— Mira, te he mandado llamar para que vinieras y fueras a decirle al rey: “¿Para qué he vuelto de Guesur? ¡Era preferible seguir allí!”. Ahora, quiero ver al rey y, si soy culpable, que me mate.


33 Joab fue a informar al rey. Luego el rey llamó a Absalón y, cuando este llegó ante el rey, le hizo una reverencia postrado en tierra. Entonces el rey abrazó a Absalón.


Rebelión de Absalón (15—20)

La conspiración

15 Después de esto, Absalón se procuró un carro, caballos y una escolta de cincuenta hombres. 2 Se ponía temprano junto al camino de la entrada de la ciudad y a todo el que llegaba con algún pleito a pedir justicia al rey, Absalón lo llamaba y le preguntaba: “¿De qué ciudad eres?”. Cuando el interpelado le respondía: “este siervo tuyo es de tal tribu de Israel”, 3 entonces Absalón le decía:


— Mira, tu demanda es buena y justa, pero no hay quien te atienda en el tribunal del rey.


4 Y añadía:


— Si me nombraran juez de este país, todo el que tuviese algún pleito podría llegar hasta mí y yo le haría justicia.


5 Y cuando alguien se le acercaba para arrodillarse ante él, Absalón le tendía la mano, lo levantaba y lo abrazaba. 6 Absalón actuaba de igual manera con todos los que iban a pedir justicia al rey, ganándose así el afecto de los israelitas.


7 Al cabo de cuatro años, Absalón dijo al rey:


— Permíteme ir a Hebrón a cumplir la promesa que hice al Señor, 8 pues cuando tu servidor estaba en Guesur de Aram, hizo esta promesa: “Si el Señor me permite volver a Jerusalén, le ofreceré un sacrificio”.


9 David le respondió:


— Vete en paz.


Entonces Absalón marchó hacia Hebrón 10 y envió espías por todas las tribus de Israel con esta consigna:


— Cuando oigan el toque de la trompeta, griten: ¡Absalón reina en Hebrón!


11 Absalón partió de Jerusalén con doscientos invitados que lo acompañaron con total ingenuidad y sin sospechar nada del asunto. 12 Durante los sacrificios, Absalón mandó a buscar a su ciudad a Ajitófel, el de Guiló, consejero de David. La conspiración tomaba cuerpo, mientras iban aumentado los partidarios de Absalón.


Huida de David

13 Alguien llevó a David esta información:


— Los israelitas se han puesto de parte de Absalón.


14 Entonces David dijo a todos los servidores que lo acompañaban en Jerusalén:


— Prepárense para la huida, pues no tendremos escapatoria ante Absalón. Dense prisa en marchar, antes de que él llegue a alcanzarnos, precipite la desgracia sobre nosotros y pase a cuchillo la ciudad.


15 Sus servidores le respondieron:


— Majestad, tus siervos harán lo que tú decidas.


16 El rey salió acompañado de toda su corte y dejó diez concubinas para guardar el palacio. 17 El rey y toda la gente que lo acompañaba se detuvieron junto a la última casa de la ciudad. 18 Todos sus servidores marchaban a su lado, mientras que los quereteos, los peleteos y los guititas, en total unos seiscientos hombres que lo siguieron desde Gat, marchaban delante de él. 19 El rey dijo a Itay, el de Gat:


— ¿Cómo vienes tú también con nosotros? Vuelve y quédate con el rey, pues eres un extranjero, desterrado de tu país. 20 Acabas de llegar ayer mismo y no voy a permitir que andes errante con nosotros, cuando ni yo mismo sé adónde voy. Vuélvete, pues, y llévate contigo a tus paisanos. Y que el Señor sea misericordioso y fiel contigo.


21 Pero Itay le respondió:


— ¡Por el Señor y por el rey, mi señor! Allí donde esté mi señor, el rey, en vida o muerte, allí estará tu servidor.


Juan 18:1-24

La Palabra (Hispanoamérica)

Arresto de Jesús (Mt 26,47-56; Mc 14,43-50; Lc 22,47-53)

18 Dicho esto, salió Jesús acompañado de sus discípulos, pasaron al otro lado del torrente Cedrón y entraron en un huerto. 2 Este lugar era bien conocido de Judas, el traidor, ya que Jesús acudía frecuentemente a él con sus discípulos.


3 Así pues, Judas tomó consigo un destacamento de soldados y guardias puestos a su disposición por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, y se dirigió a aquel lugar. Además de las armas, llevaban antorchas y faroles. 4 Jesús, que sabía perfectamente todo lo que iba a sucederle, salió a su encuentro y les preguntó:


— ¿A quién buscan?


5 Ellos le contestaron:


— A Jesús de Nazaret.


Jesús les dijo:


— Yo soy.


Judas, el traidor, estaba con ellos. 6 Al decirles Jesús: “Yo soy”, se echaron atrás y cayeron en tierra. 7 Jesús les preguntó otra vez:


— ¿A quién buscan?


Ellos repitieron:


— A Jesús de Nazaret.


8 Jesús les dijo:


— Ya les he dicho que soy yo. Por tanto, si me buscan a mí, dejen que estos se vayan.


9 (Así se cumplió lo que él mismo había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me confiaste”). 10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió con ella a un criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. (Este criado se llamaba Malco). 11 Pero Jesús dijo a Pedro:


— Envaina la espada. ¿Es que no he de beber esta copa de amargura que el Padre me ha destinado?


12 La tropa, con su comandante al frente, y los guardias judíos arrestaron a Jesús y lo maniataron.


Jesús llevado ante Anás

13 Llevaron primero a Jesús a casa de Anás, que era suegro de Caifás, el sumo sacerdote de aquel año. 14 (Este Caifás era el que había dado a los judíos aquel consejo: “Es conveniente que muera un solo hombre por el pueblo”).


Primera negación de Pedro (Mt 26,69-70; Mc 14,66-68; Lc 22,54b-57)

15 Simón Pedro y otro discípulo se fueron detrás de Jesús. Este discípulo, que era conocido del sumo sacerdote, entró al mismo tiempo que Jesús en la mansión del sumo sacerdote. 16 Pedro, en cambio, tuvo que quedarse afuera, a la puerta, hasta que salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera y consiguió que lo dejaran entrar. 17 Pero la criada que hacía de portera se fijó en Pedro y le preguntó:


— ¿No eres tú de los discípulos de ese hombre?


Pedro contestó:


— No, no lo soy.


18 Como hacía frío, los criados y los guardias habían encendido una hoguera y estaban allí de pie, calentándose. También Pedro se quedó de pie junto a ellos, calentándose.


Anás interroga a Jesús

19 El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su enseñanza. 20 Jesús le respondió:


— Yo he hablado siempre en público a todo el mundo. He enseñado en las sinagogas y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos. No he enseñado nada clandestinamente. 21 ¿A qué viene este interrogatorio? Pregunta a mis oyentes; ellos te informarán sobre lo que he dicho.


22 Al oír esta respuesta, uno de los guardias que estaban junto a Jesús le dio una bofetada, al tiempo que lo increpaba:


— ¿Cómo te atreves a contestar así al sumo sacerdote?


23 Jesús le replicó:


— Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?


Jesús llevado ante Caifás y nueva negación de Pedro (Mt 26,57.71-75; Mc 14,53.69-72; Lc 22,54a.58-62)

24 Entonces Anás envió a Jesús atado a Caifás, el sumo sacerdote,


Salmos 119:97-112

La Palabra (Hispanoamérica)

97 ¡Cuánto amo tu ley!

Sobre ella medito todo el día.

98 Más sabio que mis rivales me hace tu mandato,

porque él está siempre conmigo.

99 Soy más docto que todos mis maestros,

porque tus mandamientos medito.

100 Soy más sensato que los ancianos,

porque guardo tus preceptos.

101 Aparto mis pies del mal camino

para así respetar tu palabra.

102 No me desvío de tus decretos,

pues tú mismo me has instruido.

103 ¡Qué dulce a mi paladar es tu palabra,

en mi boca es más dulce que la miel!

104 Gracias a tus preceptos soy sensato,

por eso odio los senderos falsos.


105 Tu palabra es antorcha de mis pasos,

es la luz en mi sendero.

106 Hice un juramento y lo mantengo:

guardaré tus justos decretos.

107 Señor, es intenso mi dolor,

hazme vivir según tu promesa.

108 Acepta, Señor, las plegarias de mi boca

y enséñame tus decretos.

109 Siempre estoy en peligro,

pero no olvido tu ley.

110 Los malvados me tendieron una trampa,

pero yo no me aparté de tus preceptos.

111 Mi heredad perpetua

son tus mandamientos,

alegría de mi corazón.

112 He decidido cumplir tus normas,

mi recompensa será eterna.


Proverbios 16:8-9

La Palabra (Hispanoamérica)

8 Más vale poco con justicia

que muchas ganancias ilícitas.

9 El ser humano proyecta su camino,

pero es el Señor quien dirige sus pasos.


La Palabra (Hispanoamérica) (BLPH)

La Palabra, (versión hispanoamericana) © 2010 Texto y Edición, Sociedad Bíblica de España


DAB Español, Lunes 15 de Junio

Día 166, DAB Español, Lunes 15 de Junio 1 Reyes 14:1-15:24; Hechos 10:1-23; Salmos 133; Proverbios 17:7-8 (Reina Valera Actualizada (RVA-201...