Saturday, October 31, 2026

DAB Español, Sábado 31 de Octubre

Día 304, DAB Español, Sábado 31 de Octubre


Lamentaciones 4:1-5:22; Hebreos 2:1-18; Salmos 103; Proverbios 26:23 (Reina Valera Contemporánea (RVC))










Lamentaciones 4-5 

Reina Valera Contemporánea

La caída de Jerusalén

4 ¡Cómo se ha empañado el oro!

¡El oro fino ha perdido su brillo!

¡Las piedras del santuario se hallan esparcidas

por todas las calles y encrucijadas!


2 Los hijos de Sión,

más preciados y estimados que el oro puro,

¡ahora son vistos como vasijas de barro,

como hechura de un alfarero!


3 Aun los chacales cuidan de sus cachorros,

pero mi amada ciudad es cruel como avestruz del desierto.


4 Tanta sed tienen los niños de pecho

que la lengua se les pega al paladar;

los pequeñitos piden de comer,

¡y no hay quien los alimente!


5 Tendidos por las calles yacen

los que comían delicados platillos;

los que antes se vestían de púrpura,

hoy se aferran a los basureros.


6 La maldad de Jerusalén fue mayor

que el pecado de Sodoma;

¡en un instante quedó en ruinas,

sin la intervención humana!


7 Sus nobles eran más claros que la nieve

y más blancos que la leche;

de piel más rosada que el coral,

de talle más delicado que el zafiro.


8 ¡Pero han quedado irreconocibles!

¡Se ven más oscuros que las sombras!

¡Tienen la piel pegada a los huesos!

¡Están secos como un leño!


9 Más dichosos fueron los que cayeron en batalla

que los que fueron muriendo de hambre,

porque éstos fueron muriendo lentamente

por no tener para comer los frutos de la tierra.


10 Con sus propias manos,

mujeres piadosas cocinaron a sus hijos.

El día que mi ciudad amada fue destruida,

sus propios hijos les sirvieron de alimento.


11 El Señor derramó el ardor de su ira

y satisfizo su enojo;

¡encendió en Sión un fuego

que redujo a cenizas sus cimientos!


12 Jamás creyeron los reyes de la tierra,

ni los habitantes del mundo,

que nuestros enemigos lograrían

pasar por las puertas de Jerusalén.


13 ¡Pero fue por los pecados de sus profetas!

¡Fue por las maldades de sus sacerdotes,

que en sus calles derramaron sangre inocente!


14 Tropezaban por las calles, como ciegos.

¡Tan manchadas de sangre tenían las manos

que no se atrevían a tocar sus vestiduras!


15 «¡Apártense, gente impura!», les gritaban;

«¡Apártense, no toquen nada!»

Y se apartaron y huyeron.

Y entre las naciones se dijo:

«Éstos jamás volverán a vivir aquí.»


16 El Señor, en su enojo, los dispersó

y no volvió a tomarlos en cuenta,

pues no respetaron a los sacerdotes

ni se compadecieron de los ancianos.


17 Nuestros ojos desfallecen,

pues en vano esperamos ayuda;

en vano esperamos el apoyo

de una nación incapaz de salvarnos.


18 Vigilan todos nuestros pasos;

no podemos salir a la calle;

el fin de nuestros días se acerca;

¡nuestra vida ha llegado a su fin!


19 Los que nos persiguen son más ligeros

que las águilas del cielo.

Nos persiguen por los montes,

y en el desierto nos han tendido trampas.


20 Atrapado entre sus redes

quedó el ungido del Señor,

el que daba aliento a nuestra vida;

aquél del cual decíamos:

«Bajo su sombra protectora

viviremos entre las naciones.»


21 ¡Alégrate ahora, Edom,

tú que habitas en la región de Uz!

¡Ya te llegará la hora de beber la copa de la ira,

hasta que la vomites!


22 Tu castigo, Sión, ya se ha cumplido,

y nunca más volverán a llevarte cautiva.

Pero a ti, Edom, el Señor castigará tu iniquidad

y pondrá al descubierto tus pecados.


Oración del pueblo afligido

5 Señor, recuerda lo que nos ha sucedido;

¡míranos, y toma en cuenta nuestro oprobio!

2 Nuestra heredad ha pasado a manos ajenas;

nuestras casas son ahora de gente extraña.

3 Nos hemos quedado huérfanos, sin padre;

nuestras madres se han quedado como viudas.

4 Pagamos por el agua que bebemos,

y hasta la leña tenemos que comprarla.

5 Estamos sujetos a la persecución;

nos fatigamos, no tenemos reposo.

6 Suplicantes extendimos la mano a los egipcios,

y a los asirios les rogamos saciarnos de pan.

7 Nuestros padres pecaron, y murieron,

¡pero a nosotros nos tocó llevar el castigo!

8 Ahora los esclavos son nuestros señores,

y no hay quien nos libre de sus manos.

9 Desafiando a los guerreros del desierto,

arriesgamos la vida para obtener nuestro pan.

10 El hambre nos hace arder en fiebre;

¡tenemos la piel requemada como un horno!

11 En Sión violaron a nuestras mujeres;

¡en las ciudades de Judá violaron a nuestras doncellas!

12 A los príncipes los colgaron de las manos;

¡no mostraron ningún respeto por los viejos!

13 A nuestros mejores hombres los obligaron a moler;

¡a nuestros niños los agobiaron bajo el peso de la leña!

14 Ya no se ven ancianos sentados a la puerta;

los jóvenes dejaron de cantar.

15 Para nuestro corazón terminó la alegría;

nuestras danzas se volvieron cantos de dolor.

16 Se nos cayó de la cabeza la corona;

¡Pobres de nosotros! ¡Somos pecadores!

17 Por eso tenemos triste el corazón;

por eso los ojos se nos han nublado.

18 Tan asolado está el monte de Sión

que por él merodean las zorras.

19 Pero tú, Señor, eres el rey eterno;

¡tu trono permanecerá por toda la eternidad!

20 ¿Por qué te has olvidado de nosotros?

¿Por qué nos has abandonado tanto tiempo?

21 ¡Restáuranos, Señor, y nos volveremos a ti!

¡Haz de nuestra vida un nuevo comienzo!

22 Lo cierto es que nos has desechado;

¡muy grande ha sido tu enojo contra nosotros!


Hebreos 2 

Reina Valera Contemporánea

Una salvación tan grande

2 Por tanto, es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que nos extraviemos. 2 Porque si el mensaje anunciado por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió su justo castigo, 3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? Esta salvación fue anunciada primeramente por el Señor, y los que la oyeron nos la confirmaron. 4 Además, Dios la ha confirmado con señales y prodigios, y con diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo, según su voluntad.


El autor de la salvación

5 Dios no puso el mundo venidero, del cual estamos hablando, bajo la autoridad de los ángeles. 6 Como alguien testificó en cierto lugar:


«¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,

o el hijo del hombre, para que lo tengas en cuenta?

7 Lo hiciste un poco menor que los ángeles;

lo coronaste de gloria y de honra,

y lo pusiste sobre las obras de tus manos;

8 todo lo sujetaste debajo de sus pies.»


Así que, si Dios puso todas las cosas debajo de sus pies, entonces no dejó nada que no esté sujeto a él. Sin embargo, todavía no vemos que todas las cosas le estén sujetas. 9 Lo que sí vemos es que Jesús, que fue hecho un poco menor que los ángeles, está coronado de gloria y de honra, a causa de la muerte que sufrió. Dios, en su bondad, quiso que Jesús experimentara la muerte para el bien de todos.


10 Porque convenía que Dios, por quien todas las cosas existen y subsisten, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos, a fin de llevar muchos hijos a la gloria. 11 Porque el mismo origen tienen el que santifica y los que son santificados. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos 12 cuando dice:


«Anunciaré tu nombre a mis hermanos,

Y en medio de la congregación te alabaré.»


13 Y en otra parte:


«Yo confiaré en él.»


Y una vez más:


«Aquí estoy, con los hijos que Dios me dio.»


14 Así como los hijos eran de carne y hueso, también él era de carne y hueso, para que por medio de la muerte destruyera al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al diablo, 15 y de esa manera librara a todos los que, por temor a la muerte, toda su vida habían estado sometidos a esclavitud. 16 Ciertamente él no vino para ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abrahán. 17 Por eso le era necesario ser semejante a sus hermanos en todo: para que llegara a ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiara los pecados del pueblo. 18 Puesto que él mismo sufrió la tentación, es poderoso para ayudar a los que son tentados.


Salmos 103 

Reina Valera Contemporánea

Alabanza por las bendiciones de Dios

Salmo de David.

103 ¡Bendice, alma mía, al Señor!

¡Bendiga todo mi ser su santo nombre!

2 ¡Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides ninguna de sus bendiciones!

3 El Señor perdona todas tus maldades,

y sana todas tus dolencias.

4 El Señor te rescata de la muerte,

y te colma de favores y de su misericordia.

5 El Señor te sacia con los mejores alimentos

para que renueves tus fuerzas, como el águila.


6 El Señor imparte justicia y defiende

a todos los que sufren por la violencia.

7 Dio a conocer sus caminos a Moisés;

los hijos de Israel vieron sus obras.

8 El Señor es misericordioso y clemente;

es lento para la ira, y grande en misericordia.

9 No nos reprende todo el tiempo,

ni tampoco para siempre nos guarda rencor.

10 No nos ha tratado como merece nuestra maldad,

Ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados.

11 Tan alta como los cielos sobre la tierra,

es su misericordia con los que le honran.

12 Tan lejos como está el oriente del occidente,

alejó de nosotros nuestras rebeliones.

13 El Señor se compadece de los que le honran

con la misma compasión del padre por sus hijos,

14 pues él sabe de qué estamos hechos;

¡él bien sabe que estamos hecho de polvo!


15 Nuestros días son como la hierba:

florecemos como las flores del campo,

16 pero pasa el viento sobre nosotros

y desaparecemos, sin dejar ninguna huella.

17 Pero el Señor es eternamente misericordioso;

él les hace justicia a quienes le honran,

y también a sus hijos y descendientes,

18 a quienes cumplen con su pacto

y no se olvidan de sus mandamientos,

sino que los ponen en práctica.

19 El Señor ha afirmado su trono en los cielos,

y su reino domina sobre todos los reinos.


20 ¡Bendigan al Señor, ustedes, ángeles poderosos

que cumplen sus órdenes y obedecen su voz!

21 ¡Bendigan al Señor todos sus ejércitos,

todos ustedes, sus siervos, que cumplen su voluntad!

22 ¡Bendigan al Señor ustedes, sus criaturas,

en todos los lugares de su dominio!

¡Bendice, alma mía, al Señor!


Proverbios 26:23 

Reina Valera Contemporánea

23 Los labios seductores y el corazón malvado

son una vasija de barro bañada en plata barata.


Reina Valera Contemporánea (RVC)

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