Sunday, November 1, 2026

DAB Español, Domingo 01 de Noviembre

Día 305, DAB Español, Domingo 01 de Noviembre


Ezequiel 1:1-3:15; Hebreos 3:1-19; Salmos 104:1-23; Proverbios 26:24-26 (Nueva Traducción Viviente (NTV))










Ezequiel 1:1-3:15 

Nueva Traducción Viviente

Visión de los seres vivientes

1 El 31 de julio[a] de mis treinta años de vida,[b] me encontraba con los judíos en el destierro, junto al río Quebar, en Babilonia, cuando se abrieron los cielos y tuve visiones de Dios. 2 Eso ocurrió durante el quinto año de cautividad del rey Joaquín. 3 (El Señor le dio este mensaje al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzi, junto al río Quebar, en la tierra de los babilonios;[c] y él sintió que la mano del Señor se apoderó de él).


4 Mientras miraba, vi una gran tormenta que venía del norte empujando una nube enorme que resplandecía con relámpagos y brillaba con una luz radiante. Dentro de la nube había fuego, y en medio del fuego resplandecía algo que parecía como de ámbar reluciente.[d] 5 Del centro de la nube salieron cuatro seres vivientes que parecían humanos, 6 solo que cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. 7 Las piernas eran rectas, y los pies tenían pezuñas como las de un becerro y brillaban como bronce bruñido. 8 Pude ver que, debajo de cada una de las cuatro alas, tenían manos humanas. Así que cada uno de los cuatro seres tenía cuatro caras y cuatro alas. 9 Las alas de cada ser viviente se tocaban con las de los seres que estaban al lado. Cada uno se movía de frente hacia adelante, en la dirección que fuera, sin darse vuelta.


10 Cada uno tenía cara humana por delante, cara de león a la derecha, cara de buey a la izquierda, y cara de águila por detrás. 11 Cada uno tenía dos pares de alas extendidas: un par se tocaba con las alas de los seres vivientes a cada lado, y el otro par le cubría el cuerpo. 12 Los seres iban en la dirección que indicara el espíritu y se movían de frente hacia delante, en la dirección que fuera, sin darse vuelta.


13 Los seres vivientes parecían carbones encendidos o antorchas brillantes, y daba la impresión de que entre ellos destellaban relámpagos. 14 Y los seres vivientes se desplazaban velozmente de un lado a otro como centellas.


15 Mientras miraba a esos seres vivientes, vi junto a ellos cuatro ruedas que tocaban el suelo; a cada uno le correspondía una rueda. 16 Las ruedas brillaban como si fueran de berilo. Las cuatro ruedas se parecían y estaban hechas de la misma manera; dentro de cada rueda había otra rueda, que giraba en forma transversal. 17 Los seres podían avanzar de frente en cualquiera de las cuatro direcciones, sin girar mientras se movían. 18 Los aros de las cuatro ruedas eran altos y aterradores, y estaban cubiertos de ojos alrededor.


19 Cuando los seres vivientes se movían, las ruedas se movían con ellos. Cuando volaban hacia arriba, las ruedas también subían. 20 El espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas. Así que a donde fuera el espíritu, iban también las ruedas y los seres vivientes. 21 Cuando los seres se movían, las ruedas se movían. Cuando los seres se detenían, las ruedas se detenían. Cuando los seres volaban hacia arriba, las ruedas se elevaban, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.


22 Por encima de ellos se extendía una superficie semejante al cielo, reluciente como el cristal. 23 Por debajo de esa superficie, dos alas de cada ser viviente se extendían para tocar las alas de los otros, y cada uno tenía otras dos alas que le cubrían el cuerpo. 24 Cuando volaban, el ruido de las alas me sonaba como olas que rompen contra la costa o la voz del Todopoderoso[e] o los gritos de un potente ejército. Cuando se detuvieron, bajaron las alas. 25 Mientras permanecían de pie con las alas bajas, se oyó una voz más allá de la superficie de cristal que estaba encima de ellos.


26 Sobre esta superficie había algo semejante a un trono hecho de lapislázuli. En ese trono, en lo más alto, había una figura con apariencia de hombre. 27 De lo que parecía ser su cintura para arriba, tenía aspecto de ámbar reluciente, titilante como el fuego; y de la cintura para abajo, parecía una llama encendida resplandeciente. 28 Lo rodeaba un halo luminoso, como el arco iris que brilla entre las nubes en un día de lluvia. Así se me presentó la gloria del Señor. Cuando la vi, caí con rostro en tierra, y oí la voz de alguien que me hablaba.


Llamado y encargo de Ezequiel

2 «Levántate, hijo de hombre—dijo la voz—, quiero hablarte». 2 El Espíritu entró en mí mientras me hablaba y me puso de pie. Entonces escuché atentamente sus palabras. 3 «Hijo de hombre—me dijo—, te envío a la nación de Israel, un pueblo desobediente que se ha rebelado contra mí. Ellos y sus antepasados se han puesto en mi contra hasta el día de hoy. 4 Son un pueblo terco y duro de corazón. Ahora te envío a decirles: “¡Esto dice el Señor Soberano!”. 5 Ya sea que te escuchen o se nieguen a escuchar—pues recuerda que son rebeldes—, al menos sabrán que han tenido un profeta entre ellos.


6 »Hijo de hombre, no tengas miedo ni de ellos ni de sus palabras. No temas, aunque sus amenazas te rodeen como ortigas, zarzas y escorpiones venenosos. No te desanimes por sus ceños fruncidos, por muy rebeldes que ellos sean. 7 Debes darles mis mensajes, te escuchen o no. Sin embargo, no te escucharán, ¡porque son totalmente rebeldes! 8 Hijo de hombre, presta atención a lo que te digo. No seas rebelde como ellos. Abre la boca y come lo que te doy».


9 Luego miré y vi que se me acercaba una mano que sostenía un rollo, 10 el cual él abrió. Entonces vi que estaba escrito en ambos lados con cantos fúnebres, lamentos y declaraciones de condena.


3 La voz me dijo: «Hijo de hombre, come lo que te doy, ¡cómete este rollo! Luego ve y transmite el mensaje a los israelitas». 2 Así que abrí la boca y él me dio a comer el rollo. 3 «Llénate el estómago con esto», me dijo. Al comerlo, sentí un sabor tan dulce como la miel.


4 Luego me dijo: «Hijo de hombre, ve a los israelitas y dales mis mensajes. 5 No te envío a un pueblo de extranjeros que habla un idioma que no comprendes. 6 No, no te envío a gente que habla un idioma extraño y difícil de entender. Si te enviara a esas personas, ¡ellas te escucharían! 7 ¡Pero los israelitas no te escucharán a ti como tampoco me escuchan a mí! Pues todos y cada uno de ellos son tercos y duros de corazón. 8 Sin embargo, mira, te he hecho tan obstinado y duro de corazón como ellos. 9 ¡Endurecí tu frente tanto como la roca más dura! Por lo tanto, no les tengas miedo ni te asustes con sus miradas furiosas, por muy rebeldes que sean».


10 Luego agregó: «Hijo de hombre, que todas mis palabras penetren primero en lo profundo de tu corazón. Escúchalas atentamente para tu propio bien. 11 Después ve a tus compatriotas desterrados y diles: “¡Esto dice el Señor Soberano!”. Hazlo, te escuchen o no».


12 Luego el Espíritu me levantó y oí detrás de mí un fuerte ruido que retumbaba. (¡Alabada sea la gloria del Señor en su lugar!)[f]. 13 Era el sonido de las alas de los seres vivientes al rozarse unas con otras y el retumbar de las ruedas debajo de ellos.


14 El Espíritu me levantó y me sacó de allí. Salí amargado y confundido, pero era fuerte el poder del Señor sobre mí. 15 Luego llegué a la colonia de judíos desterrados en Tel-abib, junto al río Quebar. Estaba atónito y me quedé sentado entre ellos durante siete días.


1:1a En hebreo El quinto día del cuarto mes, del antiguo calendario lunar hebreo. Varias fechas que aparecen en Ezequiel pueden corroborarse con las fechas que aparecen en los registros babilónicos que se han conservado y pueden relacionarse de manera precisa con nuestro calendario moderno. Ese suceso ocurrió el 31 de julio del 593 a. C.

1:1b O en el año treinta.

1:3 O caldeos.

1:4 O como metal bruñido; similar en 1:27.

1:24 En hebreo Shaddai.

3:12 Otra lectura posible de este versículo sería: Luego el Espíritu me levantó, y mientras la gloria del Señor se elevaba de su lugar, oí detrás de mí un fuerte ruido que retumbaba.

Hebreos 3 

Nueva Traducción Viviente

Jesús es superior a Moisés

3 Así que, amados hermanos, ustedes que pertenecen a Dios y[a] tienen parte con los que han sido llamados al cielo, consideren detenidamente a este Jesús a quien declaramos mensajero[b] de Dios y Sumo Sacerdote. 2 Pues él fue fiel a Dios, quien lo nombró, así como Moisés fue fiel cuando se le encomendó toda[c] la casa de Dios.


3 Pero Jesús merece mucha más gloria que Moisés, así como el que construye una casa merece más elogio que la casa misma. 4 Pues cada casa tiene un constructor, pero el que construyó todo es Dios.


5 En verdad Moisés fue fiel como siervo en la casa de Dios. Su trabajo fue una ilustración de las verdades que Dios daría a conocer tiempo después; 6 pero Cristo, como Hijo, está a cargo de toda la casa de Dios; y nosotros somos la casa de Dios si nos armamos de valor y permanecemos confiados en nuestra esperanza en Cristo.[d]


7 Por eso el Espíritu Santo dice:


«Cuando oigan hoy su voz,

8     no endurezcan el corazón

como lo hicieron los israelitas cuando se rebelaron,

    aquel día que me pusieron a prueba en el desierto.

9 Allí sus antepasados me tentaron y pusieron a prueba mi paciencia

    a pesar de haber visto mis milagros durante cuarenta años.

10 Por eso, estuve enojado con ellos y dije:

“Su corazón siempre se aleja de mí.

    Rehúsan hacer lo que les digo”.

11 Así que en mi enojo juré:

    “Ellos nunca entrarán en mi lugar de descanso”»[e].


12 Por lo tanto, amados hermanos, ¡cuidado! Asegúrense de que ninguno de ustedes tenga un corazón maligno e incrédulo que los aleje del Dios vivo. 13 Adviértanse unos a otros todos los días mientras dure ese «hoy», para que ninguno sea engañado por el pecado y se endurezca contra Dios. 14 Pues, si somos fieles hasta el fin, confiando en Dios con la misma firmeza que teníamos al principio, cuando creímos en él, entonces tendremos parte en todo lo que le pertenece a Cristo. 15 Recuerden lo que dice:


«Cuando oigan hoy su voz,

    no endurezcan el corazón

    como lo hicieron los israelitas cuando se rebelaron»[f].


16 ¿Y quiénes fueron los que se rebelaron contra Dios a pesar de haber oído su voz? ¿No fue acaso el pueblo que salió de Egipto guiado por Moisés? 17 ¿Y quiénes hicieron enojar a Dios durante cuarenta años? ¿Acaso no fueron los que pecaron, cuyos cadáveres quedaron tirados en el desierto? 18 ¿Y a quiénes hablaba Dios cuando juró que jamás entrarían en su descanso? ¿Acaso no fue a los que lo desobedecieron? 19 Como vemos, ellos no pudieron entrar en el descanso de Dios a causa de su incredulidad.


3:1a En griego Así que, hermanos santos quienes.

3:1b En griego apóstol.

3:2 Algunos manuscritos no incluyen toda.

3:6 Algunos manuscritos agregan fieles hasta el fin.

3:7-11 Sal 95:7-11.

3:15 Sal 95:7-8.

Salmos 104:1-23 

Nueva Traducción Viviente

104 Que todo lo que soy alabe al Señor.


¡Oh Señor mi Dios, eres grandioso!

    Te has vestido de honor y majestad.

2     Te has envuelto en un manto de luz.

Despliegas la cortina de estrellas de los cielos;

3     colocas las vigas de tu hogar en las nubes de lluvia.

Haces de las nubes tu carro de guerra;

    cabalgas sobre las alas del viento.

4 Los vientos son tus mensajeros;

    las llamas de fuego, tus sirvientes.[a]


5 Colocaste el mundo sobre sus cimientos,

    así jamás se removerá.

6 Vestiste a la tierra con torrentes de agua,

    agua que cubrió aun a las montañas.

7 A tu orden, el agua huyó;

    al sonido de tu trueno, salió corriendo.

8 Las montañas se elevaron y los valles se hundieron

    hasta el nivel que tú decretaste.

9 Después, fijaste un límite para los mares,

    para que nunca más cubrieran la tierra.


10 Tú haces que los manantiales viertan agua en los barrancos,

    para que los arroyos broten con fuerza y desciendan desde las montañas.

11 Proveen agua a todos los animales,

    y los burros salvajes sacian su sed.

12 Las aves hacen sus nidos junto a los arroyos

    y cantan entre las ramas de los árboles.

13 Desde tu hogar celestial, envías lluvia sobre las montañas

    y colmas la tierra con el fruto de tus obras.

14 Haces crecer el pasto para los animales

    y las plantas para el uso de la gente.

Les permites producir alimento con el fruto de la tierra:

15     vino para que se alegren,

aceite de oliva para aliviarles la piel,

    y pan para que se fortalezcan.

16 Los árboles del Señor están bien cuidados,

    los cedros del Líbano que plantó.

17 Allí hacen sus nidos las aves,

    y en los cipreses las cigüeñas hacen su hogar.

18 En lo alto de las montañas viven las cabras salvajes,

    y las rocas forman un refugio para los damanes.[b]


19 Creaste la luna para que marcara las estaciones,

    y el sol sabe cuándo ponerse.

20 Envías la oscuridad, y se hace de noche,

    la hora en que merodean los animales del bosque.

21 Los leones jóvenes rugen por su presa;

    acechan en busca del alimento que Dios les provee.

22 Al amanecer, se escabullen

    y se meten en sus guaridas para descansar.

23 Entonces la gente sale a trabajar

    y realiza sus labores hasta el anochecer.


104:4 La versión griega dice Él envía a sus ángeles como los vientos / y a sus sirvientes como llamas de fuego. Comparar Hb 1:7.

104:18 O conejos salvajes, o tejones de las rocas.

Proverbios 26:24-26 

Nueva Traducción Viviente

24 La gente podrá encubrir su odio con palabras agradables,

    pero te están engañando.

25 Fingen ser amables, pero no les creas;

    tienen el corazón lleno de muchas maldades.[a]

26 Aunque su odio esté encubierto por engaños,

    sus fechorías serán expuestas en público.


26:25 En hebreo de siete maldades.

Nueva Traducción Viviente (NTV)

La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados.


Saturday, October 31, 2026

DAB Español, Sábado 31 de Octubre

Día 304, DAB Español, Sábado 31 de Octubre


Lamentaciones 4:1-5:22; Hebreos 2:1-18; Salmos 103; Proverbios 26:23 (Reina Valera Contemporánea (RVC))










Lamentaciones 4-5 

Reina Valera Contemporánea

La caída de Jerusalén

4 ¡Cómo se ha empañado el oro!

¡El oro fino ha perdido su brillo!

¡Las piedras del santuario se hallan esparcidas

por todas las calles y encrucijadas!


2 Los hijos de Sión,

más preciados y estimados que el oro puro,

¡ahora son vistos como vasijas de barro,

como hechura de un alfarero!


3 Aun los chacales cuidan de sus cachorros,

pero mi amada ciudad es cruel como avestruz del desierto.


4 Tanta sed tienen los niños de pecho

que la lengua se les pega al paladar;

los pequeñitos piden de comer,

¡y no hay quien los alimente!


5 Tendidos por las calles yacen

los que comían delicados platillos;

los que antes se vestían de púrpura,

hoy se aferran a los basureros.


6 La maldad de Jerusalén fue mayor

que el pecado de Sodoma;

¡en un instante quedó en ruinas,

sin la intervención humana!


7 Sus nobles eran más claros que la nieve

y más blancos que la leche;

de piel más rosada que el coral,

de talle más delicado que el zafiro.


8 ¡Pero han quedado irreconocibles!

¡Se ven más oscuros que las sombras!

¡Tienen la piel pegada a los huesos!

¡Están secos como un leño!


9 Más dichosos fueron los que cayeron en batalla

que los que fueron muriendo de hambre,

porque éstos fueron muriendo lentamente

por no tener para comer los frutos de la tierra.


10 Con sus propias manos,

mujeres piadosas cocinaron a sus hijos.

El día que mi ciudad amada fue destruida,

sus propios hijos les sirvieron de alimento.


11 El Señor derramó el ardor de su ira

y satisfizo su enojo;

¡encendió en Sión un fuego

que redujo a cenizas sus cimientos!


12 Jamás creyeron los reyes de la tierra,

ni los habitantes del mundo,

que nuestros enemigos lograrían

pasar por las puertas de Jerusalén.


13 ¡Pero fue por los pecados de sus profetas!

¡Fue por las maldades de sus sacerdotes,

que en sus calles derramaron sangre inocente!


14 Tropezaban por las calles, como ciegos.

¡Tan manchadas de sangre tenían las manos

que no se atrevían a tocar sus vestiduras!


15 «¡Apártense, gente impura!», les gritaban;

«¡Apártense, no toquen nada!»

Y se apartaron y huyeron.

Y entre las naciones se dijo:

«Éstos jamás volverán a vivir aquí.»


16 El Señor, en su enojo, los dispersó

y no volvió a tomarlos en cuenta,

pues no respetaron a los sacerdotes

ni se compadecieron de los ancianos.


17 Nuestros ojos desfallecen,

pues en vano esperamos ayuda;

en vano esperamos el apoyo

de una nación incapaz de salvarnos.


18 Vigilan todos nuestros pasos;

no podemos salir a la calle;

el fin de nuestros días se acerca;

¡nuestra vida ha llegado a su fin!


19 Los que nos persiguen son más ligeros

que las águilas del cielo.

Nos persiguen por los montes,

y en el desierto nos han tendido trampas.


20 Atrapado entre sus redes

quedó el ungido del Señor,

el que daba aliento a nuestra vida;

aquél del cual decíamos:

«Bajo su sombra protectora

viviremos entre las naciones.»


21 ¡Alégrate ahora, Edom,

tú que habitas en la región de Uz!

¡Ya te llegará la hora de beber la copa de la ira,

hasta que la vomites!


22 Tu castigo, Sión, ya se ha cumplido,

y nunca más volverán a llevarte cautiva.

Pero a ti, Edom, el Señor castigará tu iniquidad

y pondrá al descubierto tus pecados.


Oración del pueblo afligido

5 Señor, recuerda lo que nos ha sucedido;

¡míranos, y toma en cuenta nuestro oprobio!

2 Nuestra heredad ha pasado a manos ajenas;

nuestras casas son ahora de gente extraña.

3 Nos hemos quedado huérfanos, sin padre;

nuestras madres se han quedado como viudas.

4 Pagamos por el agua que bebemos,

y hasta la leña tenemos que comprarla.

5 Estamos sujetos a la persecución;

nos fatigamos, no tenemos reposo.

6 Suplicantes extendimos la mano a los egipcios,

y a los asirios les rogamos saciarnos de pan.

7 Nuestros padres pecaron, y murieron,

¡pero a nosotros nos tocó llevar el castigo!

8 Ahora los esclavos son nuestros señores,

y no hay quien nos libre de sus manos.

9 Desafiando a los guerreros del desierto,

arriesgamos la vida para obtener nuestro pan.

10 El hambre nos hace arder en fiebre;

¡tenemos la piel requemada como un horno!

11 En Sión violaron a nuestras mujeres;

¡en las ciudades de Judá violaron a nuestras doncellas!

12 A los príncipes los colgaron de las manos;

¡no mostraron ningún respeto por los viejos!

13 A nuestros mejores hombres los obligaron a moler;

¡a nuestros niños los agobiaron bajo el peso de la leña!

14 Ya no se ven ancianos sentados a la puerta;

los jóvenes dejaron de cantar.

15 Para nuestro corazón terminó la alegría;

nuestras danzas se volvieron cantos de dolor.

16 Se nos cayó de la cabeza la corona;

¡Pobres de nosotros! ¡Somos pecadores!

17 Por eso tenemos triste el corazón;

por eso los ojos se nos han nublado.

18 Tan asolado está el monte de Sión

que por él merodean las zorras.

19 Pero tú, Señor, eres el rey eterno;

¡tu trono permanecerá por toda la eternidad!

20 ¿Por qué te has olvidado de nosotros?

¿Por qué nos has abandonado tanto tiempo?

21 ¡Restáuranos, Señor, y nos volveremos a ti!

¡Haz de nuestra vida un nuevo comienzo!

22 Lo cierto es que nos has desechado;

¡muy grande ha sido tu enojo contra nosotros!


Hebreos 2 

Reina Valera Contemporánea

Una salvación tan grande

2 Por tanto, es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que nos extraviemos. 2 Porque si el mensaje anunciado por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió su justo castigo, 3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? Esta salvación fue anunciada primeramente por el Señor, y los que la oyeron nos la confirmaron. 4 Además, Dios la ha confirmado con señales y prodigios, y con diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo, según su voluntad.


El autor de la salvación

5 Dios no puso el mundo venidero, del cual estamos hablando, bajo la autoridad de los ángeles. 6 Como alguien testificó en cierto lugar:


«¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,

o el hijo del hombre, para que lo tengas en cuenta?

7 Lo hiciste un poco menor que los ángeles;

lo coronaste de gloria y de honra,

y lo pusiste sobre las obras de tus manos;

8 todo lo sujetaste debajo de sus pies.»


Así que, si Dios puso todas las cosas debajo de sus pies, entonces no dejó nada que no esté sujeto a él. Sin embargo, todavía no vemos que todas las cosas le estén sujetas. 9 Lo que sí vemos es que Jesús, que fue hecho un poco menor que los ángeles, está coronado de gloria y de honra, a causa de la muerte que sufrió. Dios, en su bondad, quiso que Jesús experimentara la muerte para el bien de todos.


10 Porque convenía que Dios, por quien todas las cosas existen y subsisten, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos, a fin de llevar muchos hijos a la gloria. 11 Porque el mismo origen tienen el que santifica y los que son santificados. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos 12 cuando dice:


«Anunciaré tu nombre a mis hermanos,

Y en medio de la congregación te alabaré.»


13 Y en otra parte:


«Yo confiaré en él.»


Y una vez más:


«Aquí estoy, con los hijos que Dios me dio.»


14 Así como los hijos eran de carne y hueso, también él era de carne y hueso, para que por medio de la muerte destruyera al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al diablo, 15 y de esa manera librara a todos los que, por temor a la muerte, toda su vida habían estado sometidos a esclavitud. 16 Ciertamente él no vino para ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abrahán. 17 Por eso le era necesario ser semejante a sus hermanos en todo: para que llegara a ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiara los pecados del pueblo. 18 Puesto que él mismo sufrió la tentación, es poderoso para ayudar a los que son tentados.


Salmos 103 

Reina Valera Contemporánea

Alabanza por las bendiciones de Dios

Salmo de David.

103 ¡Bendice, alma mía, al Señor!

¡Bendiga todo mi ser su santo nombre!

2 ¡Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides ninguna de sus bendiciones!

3 El Señor perdona todas tus maldades,

y sana todas tus dolencias.

4 El Señor te rescata de la muerte,

y te colma de favores y de su misericordia.

5 El Señor te sacia con los mejores alimentos

para que renueves tus fuerzas, como el águila.


6 El Señor imparte justicia y defiende

a todos los que sufren por la violencia.

7 Dio a conocer sus caminos a Moisés;

los hijos de Israel vieron sus obras.

8 El Señor es misericordioso y clemente;

es lento para la ira, y grande en misericordia.

9 No nos reprende todo el tiempo,

ni tampoco para siempre nos guarda rencor.

10 No nos ha tratado como merece nuestra maldad,

Ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados.

11 Tan alta como los cielos sobre la tierra,

es su misericordia con los que le honran.

12 Tan lejos como está el oriente del occidente,

alejó de nosotros nuestras rebeliones.

13 El Señor se compadece de los que le honran

con la misma compasión del padre por sus hijos,

14 pues él sabe de qué estamos hechos;

¡él bien sabe que estamos hecho de polvo!


15 Nuestros días son como la hierba:

florecemos como las flores del campo,

16 pero pasa el viento sobre nosotros

y desaparecemos, sin dejar ninguna huella.

17 Pero el Señor es eternamente misericordioso;

él les hace justicia a quienes le honran,

y también a sus hijos y descendientes,

18 a quienes cumplen con su pacto

y no se olvidan de sus mandamientos,

sino que los ponen en práctica.

19 El Señor ha afirmado su trono en los cielos,

y su reino domina sobre todos los reinos.


20 ¡Bendigan al Señor, ustedes, ángeles poderosos

que cumplen sus órdenes y obedecen su voz!

21 ¡Bendigan al Señor todos sus ejércitos,

todos ustedes, sus siervos, que cumplen su voluntad!

22 ¡Bendigan al Señor ustedes, sus criaturas,

en todos los lugares de su dominio!

¡Bendice, alma mía, al Señor!


Proverbios 26:23 

Reina Valera Contemporánea

23 Los labios seductores y el corazón malvado

son una vasija de barro bañada en plata barata.


Reina Valera Contemporánea (RVC)

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DAB Español, Miércoles 04 de Noviembre

Día 308, DAB Español, Miércoles 04 de Noviembre Ezequiel 10:1-11:25; Hebreos 6:1-20; Salmos 105:16-36; Proverbios 27:1-2 (Nueva Traducción V...